Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2015/09/18 16:44

La increíble historia de Patty Hearst, la rica heredera que se hizo guerrillera

La nieta del magnate de la prensa William Randolph Hearst fue víctima hace 40 años de un secuestro que terminó siendo uno de los primeros casos del Síndrome de Estocolmo.

La fotografía en la que Hearts aparecía con un uniforme de combate, sosteniendo un arma frente a una bandera con la insignia del SLA, dio la vuleta al mundo. Foto: AP.

A primera vista, Patricia Hearst es un miembro más de la alta sociedad de Nueva York, que gracias a la inmensa fortuna de su familia, puede dedicar su tiempo a realizar obras de caridad y a la crianza de perros de raza.

Su pedigrí le viene de ser la nieta del legendario magnate de la prensa amarilla William Randolph Hearst (1863-1951), quien construyó un imperio mediático que todavía perdura y fue fuente de inspiración del personaje central de la película Ciudadano Kane, de Orson Welles.

Pero Hearst, de 61 años, no pasará a la posteridad por sus tareas filantrópicas o su amor hacia los perros, sino por haber protagonizado uno de los secuestros más recordados de la historia.

Precisamente este viernes se cumple el 40° aniversario de su liberación, o para ser exactos, de su detención por parte de agentes del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés).

El 18 de septiembre de 1975 Patty Hearst fue arrestada por haber participado en las actividades criminales de la guerrilla de inspiración marxista que la había secuestrado un año y medio antes, en un caso que cautivó la atención del público y de los medios en todo el mundo.

Circo mediático

Poco después de las nueve de la noche del 4 de febrero de 1974, Hearst, entonces de 19 años y estudiante de la Universidad de Berkeley, en el norte de California, fue secuestrada a punta de pistola en el apartamento que compartía con su prometido.

Los secuestradores eran miembros del conocido como Ejército Simbiótico de Liberación (SLA, por sus siglas en inglés), una guerrilla urbana que en aquél entonces contaba con una docena de miembros y tenía como objetivo derrocar “la dictadura corporativa” del gobierno del entonces presidente Richard Nixon.

Inspirados por los movimientos guerrilleros de izquierda de América Latina, consideraban que los Hearst eran miembros de “una familia de la clase dirigente superfascista” que controlaba EE.UU.

A las pocas horas de hacerse público el secuestro de la joven, centenares de periodistas se agolpaban a las puertas de la residencia de los Hearst, desde donde informaban de todos los detalles del caso.

Según le explicó a la BBC Linda Deutsch, veterana periodista de la agencia de noticias Associated Press, algunos medios incluso instalaron teléfonos en los árboles frente a casa de la rica heredera.

Giro inesperado

Los miembros del SLA se comunicaban con la familia Hearst enviado grabaciones de audio a la prensa, que exigían fueran reproducidas por todos los medios.

En algunas de ellas se podía a escuchar a la propia Patty Hearst pidiendo a sus padres que cumplieran con las demandas de sus captores.

En un principio reclamaron la liberación de dos de sus miembros que habían sido arrestados por su supuesta implicación en un asesinato.

Las autoridades se negaron y entonces el SLA pidió a la familia Heast que invirtiera millones de dólares en un programa para alimentar a los pobres de California.

Los Hearst accedieron a gastar US$2 millones, aunque la operación de reparto de la comida fue caótica, produciéndose revueltas y saqueos.

El SLA exigió entonces que invirtieran otros US$4 millones, lo que hizo que las negociaciones entre los captores y la familia de la secuestrada se rompieran.

El caso dio un giro inesperado el 3 de abril de 1974, cuando Patty Hearst anunció en una grabación que se había unido al SLA, adoptando el nombre de Tania, en honor a la que había sido compañera del comandante Che Guevara.

“Patria o muerte. Venceremos”, se la oía decir en español en el audio.

Diez días más tarde, miembros del SLA llevaron a cabo un atraco en una oficina del banco Hibernia de la ciudad de San Francisco, en el que resultaron heridas dos personas.

Las cámaras de seguridad de la sucursal captaron la imagen de Patty Hearst portando un fusil y participando en el asalto.

Una criminal

A partir de ese momento las autoridades dejaron de considerarla una secuestrada, siendo calificada de “criminal común” por el entonces Fiscal General de EE.UU.

El 16 de mayo de 1974, Hearst se vio implicada en un tiroteo en una tienda de Los Ángeles, en la que miembros del SLA habían intentado robar.

La joven logró escapar junto a dos de sus compañeros, aunque dejaron atrás una multa de tráfico que condujo a las autoridades a la casa del barrio de Compton de Los Ángeles en la que se ocultaban varios miembros del SLA.

Al día siguiente, la policía rodeó la vivienda y, tras un intenso tiroteo, se produjo un incendio en la vivienda en el que murieron seis miembros de la guerrilla, incluido su líder, con el que se vinculó sentimentalmente a Hearst.

La joven siguió los eventos en directo por televisión desde el motel en el que se ocultaba junto a dos miembros de SLA, con los que se dió a la fuga, viajando a Nueva York y Pensilvania, para regresar al cabo de un tiempo a California.

La vida de guerrillera de Patricia Hearst terminó 18 meses después de su secuestro, cuando el 18 de septiembre de 1975 fue detenida por agentes del FBI en San Francisco.

Tras su arresto, apareció en televisión esposada y desafiante, con los brazos en alto y los puños cerrados.

“El juicio del siglo”


Hearst fue acusada de participar en el atraco a la sucursal del banco Hibernia, convirtiéndose en protagonista del que fue calificado por la prensa estadounidense como “el juicio del siglo”.

Sus abogados alegaron que la joven había sido obligada a unirse a la guerrilla y aseguraron que era víctima del llamado 'Síndrome de Estocolmo', acuñado amediados de los 70 para explicar los irracionales sentimientos de empatía y dependencia que desarrollan los secuestrados hacia sus captores.

En las memorias que publicó en 1981, Hearst explicaba que tras ser secuestrada, la mantuvieron encerrada en un armario durante 57 días, sometiéndola a todo tipo de abusos y a un intenso lavado de cerebro.

La estrategia de la defensa no funcionó y Hearst fue condenada a siete años de cárcel.

Acabó pasando algo menos de dos años en prisión, ya que en 1979 el presidente Jimmy Carter le conmutó la pena.

En 2001, el presidente Bill Clinton le otorgó el perdón completo. A los dos meses de recuperar la libertad, Hearst contrajo matrimonio con uno de sus guardaespaldas, con el que tuvo dos hijas y con el que estuvo casado hasta el fallecimiento de este en 2013.

En las cuatro décadas que han pasado desde su secuestro, Hearst ha ofrecido pocas entrevistas y ha mantenido una vida discreta, a excepción de los eventos sociales a los que asiste y de las aparciones que ha realizado en un puñado de películas y series de televisión.

Pese a ello, la nieta del padre de la prensa sensacionalista, siempre será recordada por ser la protagonista de una rocambolesca historia que 40 años después, todavía despierta fascinación.

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