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| 1/31/2015 12:00:00 AM

Paulina Vega, una barranquillera universal

Los colombianos esperaron casi 58 años para una nueva Miss Universo. Y Paulina Vega tiene cualidades que van mucho más allá de su belleza.

El país en general, y en particular Barranquilla, estalló en alegría el domingo pasado cuando el presentador Thomas Roberts anunció que la nueva Miss Universo era Paulina Vega Dieppa. Lo que muchos no sabían en ese momento de euforia, que esperaron por más de medio siglo, es que Paulina tiene tantas dimensiones que sería equivocado definirla solo por su notable belleza. Lo que sabían era que se trata de una niña de la alta sociedad barranquillera muy inteligente, pero hay mucho más.

En efecto, en su familia confluyen el arte, la ciencia y la belleza. Su abuelo, Gastón Vega, fue un renombrado tenor, su abuela, Elvira Castillo, fue reina de belleza en 1953 y su padre, Rodolfo Vega, es cardiólogo pero tuvo aspiraciones políticas y no ha perdido su vocación de sacrificio. Su madre, Laura Dieppa, afirmó a los medios que Paulina había querido seguir los pasos de una reina desde pequeña, y ella, hija de reina, la apoyó en cada momento.

La influencia de su ciudad natal tampoco es un detalle menor. Barranquilla, que ha producido a figuras como Sofía Vergara y Shakira, suma con ella un nuevo nombre a su panteón de reconocimiento mundial. Así, la Puerta de Oro se ratifica como la cuna moderna de las embajadoras de Colombia ante el mundo.

De 23 años, estudiante de Administración de Empresas, emprendedora, de alma caribe, bailarina y políglota, Paulina alternó el modelaje con sus estudios universitarios antes de ser elegida señorita Colombia (concurso en el que arrasó con puntajes casi perfectos). Se graduó de bachiller del Colegio Andino de Bogotá, una de las instituciones académicas más estrictas y exigentes del país, y ese aprendizaje no se borra.

La nueva soberana hizo gala de una fuerza de espíritu y una seguridad en sí misma que contribuyeron en gran parte a su favoritismo. No fue fácil, sin embargo, considerando el escaño de las preguntas. La candidata sumaba bien en su traje de baño, de gala, pero sus respuestas pusieron en vilo a los televidentes, quizás por la eterna paranoia colombiana. A la pregunta sobre qué podían aprender las mujeres de los hombres, contestó: “Es una pregunta muy difícil. Pienso que todavía hay hombres que creen en la igualdad, y eso es lo que creo que las mujeres deberían aprender de los hombres”. En principio asustó el fantasma de la señorita Huila cuando respondió apresuradamente que Nelson Mandela era el fundador del Concurso Nacional de la Belleza, pero esa sensación se esfumó al final. No hubo descalabro ni por un momento, y en ello tal vez algo tuvo que ver la preparación que le dieron Pilar Castaño y Paola Turbay.

En los días previos a la coronación le preguntaron a Paulina por qué quería ser Miss Universo, y en su respuesta dio muestra de su sensatez social, un rasgo heredado de su familia, dada a trabajar por la comunidad con tiempo, sacrificios y hechos: “Quiero ser una excelente líder y un excelente ejemplo a seguir de niñas y adolescentes, quiero que sepan que no solo importa la belleza física, sino lo que tenemos en nuestra mente, en nuestro corazón, la importancia de querernos a nosotros mismos y al prójimo. Quiero dejarle un granito a esta sociedad al convertirme en una gran vocera”.

Pero no solo su numerosa familia y el Concurso Nacional de la Belleza vieron potencial en la señorita Colombia. Osmel Sousa, el zar de las reinas en Venezuela, un país considerado fábrica de candidatas ganadoras, vaticinó el desenlace. El empresario Donald Trump, propietario y organizador del concurso, afirmó que Paulina era una estrella y que lo supo desde que la conoció. Por eso, explicó Trump, su victoria era consecuente. Sin embargo, a pesar del júbilo nacional y de los halagos de estos importantes personajes, el consenso no fue generalizado a nivel mundial.

El camino de Paulina hacia el triunfo no estuvo exento de controversia. La señorita Jamaica, Kaci Fennell, gozaba de las preferencias de buena parte del público, pero a la hora de la verdad el jurado la clasificó de quinta entre las cinco finalistas. El auditorio hizo sentir su descontento cuando se anunció que no seguía en carrera por la corona, y luego las redes sociales estallaron con el hashtag #MissJamaicaShouldHaveWon, que traduce ‘Miss Jamaica debió ganar’. Los cibernautas sostuvieron que el jurado le había cobrado a Fennell llevar el pelo corto, sus respuestas sobre cómo Usain Bolt y Bob Marley son los aportes de Jamaica al mundo, y afirmaron que el triunfo era conveniente para Colombia en medio de un proceso de paz.

Las largas esperas


Pero las controversias no trascendieron porque las cualidades de Paulina estaban por encima de todas las críticas. Y la verdad es que ese triunfo le dio tanta felicidad a Colombia sobre todo porque llegó después de muchos años de frustraciones. De hecho, ningún país esperó tanto como Colombia para volver a ganar Miss Universo, desde 1958 cuando la caldense Luz Marina Zuluaga se alzó con el triunfo en Long Beach, California.

En ese lapso de 57 años Colombia pareció acostumbrarse a que sus candidatas eran las favoritas ignoradas por el jurado. Cuatro de ellas -que perfectamente hubieran podido ganar- quedaron de virreinas. Para sumarle al dolor, tres fueron consecutivas en los años noventa, años en las que el narcotráfico monopolizaba la imagen del país en el extranjero. Paola Turbay (1992), Paula Andrea Betancourt (1993), Carolina Gómez (1994) y Taliana Vargas (2008) hicieron un papel espléndido, que quedó escrito en los anales del certamen mundial.

Pero esa no fue la única espera. Los organizadores tardaron en encontrar un escenario propicio –y rentable- para el evento y por un momento pareció que se cancelaría. Por esto, las ganadoras nacionales de los reinados de 2013 aguardaron casi cinco meses más que sus antecesoras para participar. Esta vez, lejos de parajes exóticos de otras versiones como Tailandia, Vietnam o las Bahamas, la edición 63 de Miss Universo se realizó en Doral, Estados Unidos. El lugar cuenta con fuerte presencia latina, especialmente de venezolanos (le apodan ‘Doralzuela’), lo que le garantizaba al concurso un alto grado de algarabía, considerando el peso del país vecino en la competencia universal de beldades y el entusiasmo desbordado de los latinos por sus reinas.

La espera valió la pena, pero no propiamente para los hermanos venezolanos. Sí para Colombia, su representante y su fanaticada en el país y en el auditorio. El público gritó y bailó el triunfo en el escenario y en las calles de Barranquilla. Los fanáticos en las calles de muchas otras ciudades salieron en sus carros a pitar, a la espera del regreso triunfal de Paulina.

El triunfo también dibujó una sonrisa enorme en la cara de Raimundo Angulo, alma y espíritu del Concurso Nacional de la Belleza, que justo cumplió 80 años en 2014 entre dudas sobre su relevancia. El trabajo de Angulo y el reinado de Cartagena quedaron validados con un triunfo para los anales de la historia
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