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| 4/20/1998 12:00:00 AM

PEDIATRIA DE CABECERA

Murió Benjamín Spock, el hombre que revolucionó la educación infantil de la posguerra.

Hoy ya no son bichos raros los papás que cambian pañales, las madres que no pellizcan y dan coscorrones y los niños que no les temen a sus padres. Pero esto, que parece tan normal, no habría sido posible sin un pediatra, el doctor Benjamín Spock, quien dedicó 50 años de su vida y sus estudios a transformar la forma de educar a los hijos. Spock, toda una autoridad en la materia, murió la semana pasada a los 95 años de edad. Y se fue dejando un valioso legado.
The common sense of Baby and Child Care fue su biblia, el libro que cambió de nombre en varias oportunidades y que ha sido actualizado según las variaciones sociales. En 1946 apareció por primera vez y revolucionó a la sociedad de la posguerra. Entonces imperaba en la educación de los hijos la teoría del doctor Watson: para tener hijos disciplinados es indispensable no alzarlos, no sentarlos en las piernas ni mecerlos. El doctor Spock mandó al traste esos conceptos. Recomendaba la flexibilidad y la tolerancia. Alimentar a los bebés cuando lo pidieran, no dejarlos llorar y satisfacer todos sus deseos.
La idea era educar a los hijos para que crecieran sin complejos ni traumas. No aró en el desierto. Encontró a toda una generación de padres dispuestos a cambiar las reglas del juego en las que habían sido criados. "No tengan miedo de confiar en su propio sentido común. Lo que los buenos padres sienten por instinto que deben hacer por sus bebés es usualmente lo mejor", decía Spock. Su filosofía era como agua fresca para los padres de una sociedad que resurgía de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Pero fue una bomba para los más conservadores, formados de acuerdo con el viejo modelo educativo basado en una rígida disciplina.
No obstante las críticas el libro se convirtió en best seller. Sólo en el primer año se vendieron 750.000 copias y en los seis siguientes la cifra llegó a cuatro millones. Paradójicamente el éxito de la obra asustó a su autor. La responsabilidad era demasiado grande. Le atemorizaba pensar que lo podían malinterpretar: "Temía que alguien, pensando que seguía mi consejo, perjudicara a un niño". Sus temores no fueron infundados. Las más serias críticas le llovieron 15 años después de la primera edición. A mediados de los 60, cuando despuntaba el movimiento hippie, sus detractores lo acusaron de ser el culpable del comportamiento demasiado liberal y desprejuiciado de los jóvenes. Incluso algunos de sus seguidores se rebelaron contra él. En las calles las madres lo paraban para acusarlo por el pequeño 'monstruo' que tenían en casa. Estos baby boomers habían sido educados bajo los preceptos del doctor Spock. Su defensa siempre se basó en la forma como concebía el principio de autoridad. No era la defensa de la permisividad por la permisividad misma. Para él, la autoridad no se podía aplicar a un niño de la misma forma que a un adulto. Hacerlo era fuente de rechazo y de infelicidad en los pequeños: "Solo traté de relajar la rigidez de las normas. Mi libro ayudó a una generación a no sentirse intimidada por los adultos. Cuando era pequeño me hicieron creer que yo siempre estaba equivocado. Ahora los jóvenes creen que pueden estar en lo correcto y se enfrentan a la autoridad", dijo Spock entonces.Abierto a la polémica, esas críticas lo llevaron a revisar continuamente su obra para actualizarla y complementarla de acuerdo con los cambios que experimentaba la sociedad. Por eso las ediciones más actualizadas contemplan temas como los de padres solteros, madres trabajadoras y la nueva función de los hombres como cabezas de hogar. Las revisiones también sirvieron para aclarar muchos de sus planteamientos. Así fue como insistió en que los niños, si bien deben ser educados con flexibilidad, necesitan reconocer en sus padres a un guía que toma decisiones firmes, que pone límites y tiene derechos.

Pacifista
Tal vez como reacción a la estricta educación que recibió, el doctor Spock era un hombre muy liberal entre sus contemporáneos. Nació en 1903 en una familia conservadora de New Haven y desde muy joven enfrentó la autoridad de sus padres y la educación tradicional que, en muchos aspectos, atentaba contra el desarrollo de la personalidad. Recibió la mejor educación que un niño de su época podía tener. Hizo sus estudios secundarios en el Phillips Academy, uno de los internados más prestigiosos y tradicionales de Estados Unidos. Estudió medicina y pediatría en la Universidad de Yale y, no satisfecho con esto, amplió su campo de acción con otras disciplinas como siquiatría y sicoanálisis, inusual para un pediatra de la época.
Pero fue el entrenamiento multidisciplinario el que le dio éxito a sus teorías. No sólo atendía el aspecto físico de los pequeños sino que profundizó en su sicología. Por eso no podía descuidar la forma como se relacionaban padres e hijos y la manera de educarlos. Como innovador y revolucionario en su campo, no sólo cuestionó el estilo educativo de su época sino que atacó aspectos sociales que atentaban contra la libertad individual. En 1960 militó con los pacifistas que se oponían a la guerra de Vietnam y justificó sus protestas diciendo que "no tenía sentido educar niños si ellos iban a ser quemados vivos". Los tribunales no pasaron por alto sus ideas. En 1968 un juez de Boston lo condenó a dos años de cárcel por conspiración, pero un año después la corte de apelaciones revocó la sentencia por falta de pruebas.
Este episodio marcó su entrada de lleno a la política. En 1972 fue candidato presidencial por el Partido del Pueblo, un movimiento de izquierda que defendía, entre otras cosas, el servicio médico gratuito, el aborto y el consumo de marihuana. También pedía retirar las tropas norteamericanas de los conflictos externos.
La política, sin embargo, no impidió que continuara con sus investigaciones científicas. Antes de morir preparaba la séptima edición de su libro. Quería cautivar también a los padres de hoy. Cincuenta millones de copias vendidas en 42 idiomas son la prueba contundente de que este hombre, cariñoso y amable, fue el pediatra de cabecera de los padres de las últimas tres generaciones.
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