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| 11/16/2013 3:00:00 AM

El mayordomo de la Casa Blanca

Se estrena en Colombia ‘El mayordomo’, la aclamada película sobre el conserje que acompañó a ocho presidentes estadounidenses durante su paso por el despacho oval.

Cuando el afroamericano Eugene Allen llegó a la Casa Blanca para ayudar en la cocina, la discriminación y los conflictos raciales abundaban en Estados Unidos. Corría 1952 y en ese entonces los negros ni siquiera podían usar los baños públicos en la mayoría de los estados. 

El presidente era Harry S. Truman, quien simpatizó con él y le permitió convertirse en mayordomo personal y confidente de los presidentes que le sucedieron: Dwight D. Eisenhower, John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter y Ronald Reagan. Duró 34 años en el puesto hasta que se retiró en 1986 y se convirtió en un testigo excepcional de un periodo crucial de la historia norteamericana. 

Su vida, hasta hace poco desconocida, llegó a las salas de cine del país el 15 de noviembre tras recaudar más de 140 millones de dólares en taquilla en el resto del mundo. Con un reparto de lujo que incluye a Forest Whitaker, Oprah Winfrey y Robin Williams, El mayordomo (The Butler) ya se posiciona como una fuerte candidata a los premios Oscar. La cinta, muy al estilo de Forrest Gump, utiliza la vida de Allen (interpretado por Whitaker) y de su hijo para recrear los momentos cruciales que marcaron la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. 

Allen nació en una plantación de algodón en Virginia, donde trabajó durante su infancia como un criado en la casa principal. Luego, en busca de un futuro mejor, se mudó a Washington para ganarse la vida como mesero en un club campestre. Pero su suerte cambió drásticamente con una llamada. 

“En 1952 yo no estaba buscando trabajo. Estaba tranquilo, pero una día una señora me dijo que fuera a la Presidencia y preguntara por Alonzo Fields, el primer negro en ser ascendido a jefe de mayordomos”, le contó a The Washington Post en 2008 para un artículo que inspiró su película cinco años más tarde. En seguida Allen empezó a trabajar como ayudante en la Pennsylvania Avenue 1600, ocupada en ese momento por Truman: le tocaba lavar los platos, abastecer las dispensas y pulir los cubiertos. 

Durante el gobierno de Eisenhower (1953-1961), cuando empezó la integración de los colegios de blancos y negros, Allen desarrolló una profunda amistad con el presidente. Estuvo a su lado cuando este mandó soldados a Little Rock, Arkansas, para proteger a los estudiantes negros y al final de su administración recibió uno de los cuadros pintados por el mandatario.

Más adelante, en la presidencia de Kennedy (1961-1963), Allen presenció la reunión entre el presidente y los 800 afroamericanos que este invitó –entre los que se encontraba Martin Luther King– para celebrar los 100 años de la Proclama de Emancipación, que abolió la esclavitud. Precisamente de esa reunión germinó la Ley de los Derechos Civiles de 1964, que le garantizó igualdad en las urnas a la comunidad negra. 

“Kennedy fue muy gentil conmigo, al igual que su esposa”, decía. Cuando asesinaron al presidente, Allen recibió una invitación personal para asistir al funeral, pero prefirió quedarse en la Casa Blanca, pues “alguien tenía que estar ahí para servir la comida después del entierro”. Hasta el día de su muerte conservó enmarcada en su cuarto una corbata de Kennedy que Jackie le regaló. 

En El mayordomo, el director Lee Daniels recrea la intimidad del poder en la Casa Blanca y la cercana relación de Allen con los presidentes. Muestra, por ejemplo, el momento en el que Johnson (1963-1969) le obsequió un pisacorbatas de plata. También cuando la primera dama, Nancy Reagan, lo invitó a él y a su esposa a una gala presidencial, la primera vez que un empleado de la Casa Blanca tuvo ese honor. Ford (1974-1977) solía tener largas charlas con él sobre golf, mientras que Truman lo llamaba de cariño Gene. 

El conserje se retiró a los 67 años en medio de la administración de Reagan (1981-1989). Justo después, decenas de periodistas lo buscaron para que contara su historia, pero Allen, quien siempre fue muy reservado, se negó a ventilar los secretos de sus jefes. “Él siempre se vio a sí mismo como un humilde mayordomo”, afirmó su hijo al diario The Express.

Ya jubilado, Allen observó desde su pequeña casa en Washington cómo los afroamericanos empezaron a tener cada vez más posiciones de poder: en 1987 Reagan nombró a Colin Powell como consejero de Seguridad Nacional, un cargo que luego George W. Bush le ofreció a Condoleezza Rice.

Como era de esperarse, cuando Barack Obama se presentó a las elecciones, Allen apoyó su candidatura desde el principio y, el 20 de enero de 2009, asistió a la ceremonia de posesión. “Nunca lo hubiera creído –dijo durante la gala–. 

En los años cuarenta y cincuenta uno ni siquiera podía soñar con vivir algo como esto”. Murió un año después, a los noventa, con la emoción intacta de ver en el puesto de sus antiguos jefes a un miembro de esa raza que, cuando él llegó a la Casa Blanca, ni siquiera podía usar los baños públicos de los blancos. 
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