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| 12/4/2000 12:00:00 AM

Pensar positivo

Todos los colombianos a quienes les afectan el conflicto armado, la crisis económica y la violencia callejera sueñan con un país diferente.

La gran mayoría, sin embargo, piensa que estos conflictos no se relacionan directamente con ellos y por eso asumen que no pueden aportar mucho a la solución de estos problemas. Ante esta situación han optado por mirar los toros desde la barrera y, en una actitud de impotencia, se limitan a criticar o a asumir el rol de víctimas de la situación.

No obstante algunos especialistas que han estudiado este panorama desde un punto de vista sicológico afirman que los colombianos están equivocados pues sí son parte del problema y, por tanto, parte de la solución. El país, según ellos, es un reflejo de lo que piensan, dicen y hacen sus habitantes y, en ese orden de ideas, cada individuo es un microcosmos a escala de lo que sucede en la sociedad. “Lo que vivimos ahora, según el periodista y publicista Angel Becassino, es la multiplicación de los problemas individuales”.

Becassino, organizador de la I Bienal de amor y éxtasis, afirma que uno de los grandes vicios de las personas es buscar la responsabilidad en los demás y no en su interior. Esta actitud, que califica de infantil, se multiplica y crea esa sensación de que los demás son los culpables de los males y al mismo tiempo los únicos responsables de las soluciones al conflicto. El otro gran vicio, en su opinión, es el miedo. “El temor a no tener, a que le falte, a no alcanzar lo que desea, el miedo, el miedo, el miedo…”. Ese sentimiento, para Becassino, lleva a la violencia cotidiana que se refleja en la avaricia, el egoísmo y en el deseo de acabar con el otro, ya sea en forma simbólica o física.

En su libro Abriendo el corazón la sicóloga Chiquinquirá Blandón hace un paralelo de lo que sucede a nivel personal con lo que pasa en la sociedad. Para ella, en los dos ámbitos la gente vive desilusionada e impotente frente a los hechos. Esto se debe en parte a que los colombianos viven en la superficialidad, actitud que los lleva a poner sus esperanzas en otras personas y no en ellos mismos. “Por eso caen fácilmente en la ilusión del príncipe azul como redentor de sus problemas. Al cabo del tiempo, cuando ese amor idealizado se convierte en el ser humano normal que es, los enamorados quedan sumidos en el desengaño”. En el campo de la política, según Blandón, sucede algo parecido pues los colombianos siguen esperando a ese ‘mesías’ que va a sacar al país de sus problemas. “Ponen todas las ilusiones en un candidato, votan por él y cuando se dan cuenta que todo sigue igual viene la desilusión. Un día el gobernante es un héroe pero al otro es un villano”, dice.

De acuerdo con su planteamiento, los colombianos viven estancados en su yo ideal, es decir, en la imagen de lo que quieren ser. A nivel colectivo también creen que los problemas del país son de imagen y atacan a todo aquel que hable mal de Colombia. “Nos quedamos en la superficie, en el mundo de las ilusiones, en la seducción”, dice Blandón.

Los expertos consultados piensan que la solución está más dentro que fuera de las personas. Para Becassino la respuesta radica en conectarse más con el juego y con el erotismo. “Volver a ser gocetas, a ser divertidos e ‘irresponsablemente’ responsables. Es dejar a un lado esa actitud de seriedad con la cual estamos siendo trascendentales en la estupidez, en el regodeo de lo malo”.

La sicoterapeuta María Eugenia Ríos, directora de la Fundación Elige de Nuevo, donde se realizan talleres para quienes buscan la paz interior, piensa también que los cambios sociales sólo ocurrirán en forma natural cuando las personas realicen cambios en sí mismos. Para lograr lo anterior se requiere una modificación en el sistema de pensamiento que implica pasar de las evaluaciones y juzgamientos a la observación sin crítica. “Uno, dice, constantemente juzga y saca conclusiones de los demás, pero cuando deja de hacer esas suposiciones se comunica mejor con el otro”. Esta fundación está organizando en Bogotá un seminario para lograr una vida sin violencia, del 7 al 21 de noviembre, con el experto humanista indio Tara Singh.

En su libro Blandón propone que la gente deje de vivir en la idealización y el negativismo para llegar a un punto más profundo del alma que ella llama el yo superior. “En esa instancia la persona no sufre desilusión, no tiene que defenderse, no tiene que demostrar nada, no se siente atacada, comprende, es capaz de ponerse en el lugar del otro, sin juzgar, sin culpar, sin pretender cambiar, es capaz de perdonar y de perdonarse”. Este proceso no es fácil y requiere un cambio de actitud (ver recuadro).

Y aunque resulta doloroso mirar para adentro porque significa salir de un mundo de fantasía para vivir en uno más real, los expertos garantizan que a largo plazo el resultado de hacer esa mirada interior puede ser más beneficioso que muchos acuerdos de paz en el país.
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