Domingo, 19 de febrero de 2017

| 2007/05/26 00:00

Pequeña mosquetera

Mélanie Delloye, la hija de Íngrid Betancourt, se ha convertido en la protagonista en Francia de las campañas por la liberación de los secuestrados. SEMANA habló con ella.

Mélanie Delloye, la hija de Íngrid Betancourt.

La recientes críticas de Mélanie Delloye Betancourt, hija de Íngrid Betancourt, al gobierno del presidente Álvaro Uribe han hecho que más de una persona frunza el ceño y niegue con la cabeza en señal de desaprobación. Igual lo hacían muchos colombianos cuando su madre hace años tocaba fibras sensibles en el Senado de la Republica. La hija heredó su determinación y también su capacidad de hablar sin tapujos para expresar lo que piensa y lo que opina de corazón. "Algo que nos transmitió mi mamá a mi hermano y a mí es el sentido de la lucha, pero de la lucha cuando se cree realmente en algo", dijo Mélanie a SEMANA.

Hoy, a sus 21 años, le ha entregado todos sus esfuerzos y sus lágrimas a dar a conocer en el exterior el flagelo del secuestro en Colombia por medio de la historia y la imagen de su madre. "A mí siempre me duele mucho cuando veo algunos artículos que dicen que sólo estamos luchando por mi mamá y por Clara (Rojas). Y me duele, porque realmente desde el principio hemos hecho todo para hablar también de los demás y hacer entender que mi mamá es como un símbolo de los otros, pero que hay 58 secuestrados políticos y otros miles que lo están por razones económicas". Por eso no le ha temblado la voz a la hora de denunciar lo que ella considera una falta de voluntad del gobierno para negociar con las Farc un acuerdo de intercambio humanitario que permita liberar a los secuestrados políticos que la guerrilla tiene en su poder, algunos de los cuales llevan casi nueve años privados de su libertad.

Cuando Íngrid fue llevada a la fuerza a las profundidades de la selva colombiana, el 23 de febrero de 2002, Mélanie tenía 16 años, la edad en que una joven más necesita a su mamá. Hoy tiene 21 y ya se graduó en filosofía en la Universidad de la Sorbona en París. Ha tenido que crecer más rápido, como todos los hijos que se enfrentan a la dura realidad de tener un padre secuestrado. A su corta edad ya llena su agenda de citas con jefes de Estado, periodistas y políticos. Pero se ha crecido ante las circunstancias. Los micrófonos no la intimidan y es una líder natural que ha logrado movilizar a miles de personas en el país europeo, para generar conciencia sobre la tragedia que viven los más de 3.200 secuestrados en Colombia.

El 16 de mayo, la familia Delloye Betancourt tuvo un chispazo de felicidad cuando oyó las declaraciones del policía Jhon Frank Pinchao, recién fugado de las manos de las Farc, tras ocho años de cautiverio. El intendente dijo haber estado en el mismo campamento con Íngrid, y contó que se encuentra viva y en buen estado de salud. También que escribe mucho, hace ejercicio cuando puede, trató de enseñarle francés y ha intentado fugarse en cinco oportunidades. "Que nos trajera noticias de mi mamá fue muy fuerte porque no sabíamos de ella desde hacía cuatro años. Creo que estuvimos todos muy aliviados de saber que realmente está viva, aunque es algo que siempre tuve en mí como una certeza, a pesar de los rumores", aseguró Mélanie.

El caso de Pinchao inspiró al nuevo presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, a reiterar al presidente Uribe que su gobierno apoyaría una negociación con la guerrilla, tal y como había dicho durante su discurso de posesión. Además recibió a Mélanie, a su hermano Lorenzo (de 18 años) y a su padre, Fabrice Delloye, para una reunión privada en el Palacio del Eliseo. Pero unas horas más tarde, Uribe ordenó, durante la posesión del general Óscar Naranjo: "¡Señores generales, vamos a rescatar a Íngrid Betancourt, se los ruego!". No es un secreto, y lo reiteró Pinchao, que una incursión a sangre y fuego pondría en grave riesgo la vida de los secuestrados.

"Esas declaraciones a mí honestamente me parecieron completamente irresponsables, explico Mélanie a SEMANA mientras atravesaba la Ciudad Luz para llegar a otra de sus citas. Porque si realmente lo que estaba buscando Uribe era conseguir la liberación de mi mamá o de los demás secuestrados políticos por vía militar, lo mínimo que debió hacer es tratar el tema con discreción y no anunciarlo al mundo entero. Me pareció que sus palabras eran un golpe mediático".

Francia ha sido su segundo hogar, pero Colombia sigue siendo su patria, en donde ha pasado la mayor parte de su vida. Sus padres se separaron cuando tenía 4 años, pero ella asegura que supieron manejar de manera inteligente el divorcio y que hasta el día de hoy, a pesar de la terrible distancia, son grandes amigos. Con el esposo de Íngrid, Juan Carlos Lecompte, también mantiene una relación cercana y le agradece el profundo amor que siente por su madre. A los 11 años se vio obligada por primera vez a dejar el país por las amenazas que recibieron ella y su hermano, cuando su madre ocupaba una curul en el Congreso. A los 14 regresó y vivió en Bogotá hasta cuando Íngrid lanzó su campaña a la Presidencia. Desde entonces no ha podido volver, pero sueña con hacerlo todos los días.

También recuerda a diario las francas y abiertas conversaciones que mantenía con su mamá. "Ella es alguien sumamente inteligente que sabe tomar un poco distancia en relación con las cosas y analizarlas. Su presencia era infinita y por lo tanto su ausencia también lo es", dijo con nostalgia y asegurando que ha sido la mejor mamá del mundo. También agradece profundamente su muy estrecha relación con Lorenzo a quien, a diferencia de su madre, ha podido ver crecer y convertirse en un hombre.

Ahora Mélanie es una mujer independiente que vive sola en París. No es raro encontrarla un día cualquiera caminando a las orillas del Sena, por el Campo de Marte o la Plaza de la Concordia con una foto de su madre a escala real, seguida por cientos de personas de varias nacionalidades que llevan pancartas por la liberación de los secuestrados en Colombia. O de pronto escucharla dando declaraciones por radio o hablando ante el Parlamento Europeo. Quizá no todos concuerden con sus visiones de mundo y su opiniones políticas, pero lo que nadie puede negar es que no ha descansando en su lucha y que sus inquebrantables voluntad y esperanza han inspirado a miles de personas. Miles de ciudadanos de bien que, igual que ella, esperan el pronto regreso de los secuestrados al lado de sus seres queridos.

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