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| 11/28/2014 12:00:00 AM

El otro lado de Roberto Gómez Bolaños, ‘Chespirito’

Roberto Gómez Bolaños era un genio. Hacía ecuaciones diferenciales en sus tiempos libres y varios sectores en México lo consideraban un poderoso ideólogo político.

Los números eran la verdadera pasión de Roberto Gómez Bolaños, ‘Chespirito’. En una entrevista, que dio ya con voz cansada y firme, contó que en sus tiempos libres se dedicaba a resolver ecuaciones diferenciales. Apenas las terminaba las enviaba a entrañables amigos matemáticos para que le dieran el visto bueno.

Eran amigos de juventud. Amigos que había conocido mientras hacía una carrera de ingeniería Universidad Nacional Autónoma de México. Carrera que al fin de cuentas no pudo concluir, por aquellos avatares de la vida. Su pasión por las estadísticas y las ecuaciones sólo la conocían personas muy cercanas. Igual que su refinado gusto por la lectura y la música clásica –la canción intro de El Chavo del Ocho es una versión Türkischer Marsch de Beethoven.

Su padre, Francisco Gómez Linares, era pintor y dibujante. Falleció cuando Roberto, el segundo de tres hijos, tenía tan sólo 6 años. De pronto, esa herencia artística y bohemia, porque la sangre tira, fue lo que lo alejó de las ciencias duras para llevarlo a los empujones al terreno creativo. Al terreno publicitario y mediático.

Era automático: cada vez que tenía que dar una respuesta cuando le preguntaban sobre su madre, Chespirito pasaba saliva. En otra entrevista, aseguró que su mamá, doña Elsa Bolaños Cacho, era tan buena que “nunca nos cayó el chanfle que estábamos pobres”. Siempre terminaba sus respuestas sobre ella con una sonrisa y otra bocanada de saliva.

El escritor

La genialidad de Chespirito dejó los números para darle una luz en la escritura. El propio Gómez Bolaños se definía primero como un escritor. Según su hija nunca paró de escribir, ni en sus últimos días. Comenzó como redactor publicitario, terminó como un genio que trascendió los idiomas de cualquier país.

En texto sublime que escribió para la revista Soho en 2006, Chespirito explicó, mejor enseñó, que hasta la situación más dramática puede tener sus tintes humorísticos y “ese es el material del que nos valemos a veces los escritores de comedia”. 

El mismo texto, que es de lectura obligatoria, hacía una gran aproximación a la naturaleza humana. Demostraba, como tantas veces, que lo suyo era la genialidad: “la risa y el llanto comparten una esencia similar: son características humanas. La risa apela a la inteligencia, mientras que el llanto está más ligado a la sensibilidad, pero si nacen del alma, ambos pueden ser liberadores”.

El político

Estuvo cerca de ser la imagen de la monedita de oro, para los libros. A lo largo del globo es idolatrado, pero no logró caerle bien a todo el mundo. Como cualquiera tenía posiciones políticas. Y bastante férreas. Era conservador, muy poco se acercaba a la izquierda democrática y siempre luchó contra el aborto –tanto así que produjo una canción en 1970 en contra-.

Apoyó a Felipe Calderón y muchas veces participó en campañas a favor del Partido Acción Nacional, el muy famoso PAN. Durante sus años de mayor éxito evitó los mensajes políticos explícitos, pero en varios episodios de sus series enviaba uno que otro mensaje al gobierno de turno.

Grupos de izquierda mexicanos lo tenían por ideólogo de la ultraderecha. De hecho, y aunque parezca increíble para el resto de sus seguidores, son miles los trinos que rechazan al ícono y hasta se alegran de su fallecimiento. Fue la política la única que le impidió ser la única monedita de oro en su propio país. Como el propio Chespirito lo resumió en un trino: “¡Que tan fea será la política, que si tomamos una palabra tan bella como la palabra “madre” y le añadimos “política”, queda suegra!

El comediante

El comediante no requiere ni una línea. Bastan dos palabras para resumirlo: genio universal.
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