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| 3/8/2014 2:00:00 AM

Pistorius, el final de una estrella

Esta semana arrancó el juicio contra Oscar Pistorius, el atleta preferido de Sudáfrica, acusado de asesinar a su novia. Los primeros testimonios ya han confirmado las sospechas de que sí es culpable.

El ambiente es tenso en el tribunal superior de Pretoria. El comienzo del juicio de Oscar Pistorius por el asesinato de su novia Reeva Steenkamp tiene al país en vilo. La testigo estrella de la Fiscalía está nerviosa, pero responde con seguridad a las preguntas del abogado defensor, Barry Roux. Los asistentes suspiran, exasperados, porque el interrogatorio ha durado varias horas. Roux pone en duda el testimonio de la mujer y en un momento alza tanto la voz que la testigo rompe en llanto. La madre de la víctima trata de que el acusado vea su dolor, pero este mira fijamente adelante y se cubre la cabeza con las manos. Afuera, los periodistas esperan sacar alguna foto del reconocido atleta paralímpico, quien se declaró inocente.

Ha pasado poco más de un año desde que Pistorius mató a Steenkamp en su casa de Pretoria y aún no se sabe con certeza qué sucedió esa noche. El proceso judicial para esclarecerlo apenas comienza y se cree que durará al menos unas seis semanas, pues además de la evidencia que presentarán la Fiscalía y la defensa, 107 testigos declararán formalmente. La primera de ellos, Michelle Burger, pasó casi dos días enteros en el estrado haciendo un recuento de lo que oyó esa noche. Burger y su esposo, quien también declaró, viven a unos 170 metros de la casa donde murió Steenkamp y ambos aseguran haber oído gritos la madrugada del 14 de febrero. De ser cierto, se le complicaría la situación al atleta, quien ha dicho que le disparó a su novia a través de la puerta del baño porque pensó que era un intruso.

Pistorius nació con una enfermedad congénita que obligó a los médicos a amputarle las piernas por debajo de las rodillas. Apenas era un bebé de 11 meses, pero eso no evitó que tuviera una infancia normal: “Crecí en una familia en la que mi discapacidad no era un problema”. Gracias a unas prótesis pudo dedicarse desde joven a los deportes y practicó desde esquí acuático hasta tenis. En 2003 se lesionó una rodilla jugando rugby y comenzó a correr como parte de la rehabilitación. Para su sorpresa, un año más tarde ya era más veloz que los corredores profesionales y pasó a formar parte del equipo de Sudáfrica en los Paralímpicos de Atenas, donde se ganó su primera medalla de oro. En 2012 se convirtió en el primer discapacitado en participar en los Juegos Olímpicos y aunque no ganó, su historia de perseverancia inspiró a millones de personas y lo convirtió en un héroe nacional.

Por eso su juicio ha sido tan controversial. Hay muchos que se niegan a creer que el hombre que tanto admiran es capaz de asesinar a alguien, pero para otros la evidencia es demasiado incriminatoria. Según Pistorius, aquella noche estaba durmiendo en su casa con Steenkamp, una modelo con quien salía desde hacía cuatro meses. Cerca de las tres de la mañana se levantó a cerrar la puerta del balcón y escuchó ruidos en el baño. Pensando que se trataba de un intruso, tomó su pistola nueve milímetros y disparó cuatro veces a la puerta del baño. Cuando se dio cuenta de que su novia no estaba en la cama entendió lo que había hecho y rompió la puerta –que estaba cerrada con seguro– con un bate. Cargó a Steenkamp y la llevó a la primera planta de la casa, donde trató de darle respiración boca a boca y taparle las heridas, pero minutos después, murió.

La versión de la Fiscalía es que Pistorius y su novia tuvieron una discusión esa noche y que por eso el atleta la asesinó. Lo acusan de haber perseguido a Steenkamp al baño, donde ella se encerró aterrorizada. En su furia, el atleta le habría disparado a través de la puerta con clara intención de matarla. Quienes han declarado hasta ahora corroboran esta versión, pues recuerdan que los escucharon pelear esa madrugada. Burger dijo que la despertaron los alaridos “espeluznantes” de una mujer y que luego oyó cuatro disparos y a un hombre pidiendo ayuda. El esposo de Burger y otra vecina aseguran que la luz de la habitación de la pareja estaba encendida. Con ellos coincide Johan Stipps, un médico que vive a solo 70 metros de la casa de Pistorius. Stipps fue el primero en llegar a la escena: “Le disparé, pensé que era un ladrón y le disparé”, le dijo Pistorius, quien le pidió que no dejara morir a Steenkamp. “Dios, no la dejes morir, –insistió– dedicaré mi vida a Dios si ella sobrevive”.

Desde el año pasado ya había inconsistencias en el testimonio de Pistorius. Muchos se preguntan por qué Reeva habría cerrado con llave la puerta del baño si estaba sola en la casa con su novio. También se cuestiona cómo el atleta no notó que su novia se había levantado de la cama, si tuvo que haber caminado hasta su mesa de noche para agarrar la pistola. Él ha asegurado que había recibido amenazas de muerte y que por eso estaba tan asustado esa noche. La defensa argumenta que se trata de un hombre abusivo con su pareja, que en esa ocasión perdió el control.

Pero esas dudas no son lo suficientemente concretas para condenarlo. Por eso la clave del caso está en los testimonios de los vecinos: si el juez los toma como válidos, automáticamente desacreditarían la versión de Pistorius. El juicio continuará durante más de un mes y aún faltan decenas de testigos, llamados a declarar sobre la relación del atleta con la modelo y sobre otros cargos por posesión ilegal de armas y por disparar en sitios públicos. Mientras tanto, Sudáfrica espera ansiosa el veredicto que les devolverá a su héroe o lo bajará para siempre del pedestal.
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