Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/09/22 00:00

"POBRES, PERO HONRADOS"...

En el exilio, Ferdinando e Imelda Marcos visten con joyas sus fantasmas del pasado.

"POBRES, PERO HONRADOS"...

Lo que nadie puede negarle a Ferdinando e Imelda Marcos es que tienen un gran sentido del humor y que lo han conservado aun en su exilio hawaiano. Es el humor que miles de visitantes descubrieron recorriendo el edificio de seis pisos que esa familia mantenía en Manhattan con el pretexto de que allí funcionara el consulado filipino: el humor de los cojines que ostentan leyendas como "Ser rico ya no es un pecado, es un milagro" o "Las chicas buenas van al cielo. Las malas a todas partes". El humor de que no hubiera un solo par de zapatos en todo el edificio, que funcionara una cocina en cada uno de los seis pisos o que fueran encontrados tres pianos y un clavicordio o que de las paredes colgaran descomunales pinturas de la pareja en las que ella aparece como una santa.
Los visitantes a esas muestras de humor buscaban artículos y recuerdos y tesoros de la pareja presidencial puestos en subasta por el gobierno filipino con el fin de rescatar una parte pequeña de lo que, según denuncias, alcanzaron a sacar antes de la caída. Por supuesto, en las paredes quedaban las marcas de los espacios ocupados varios meses atrás por pinturas de Picasso, Monet, Van Gogh y Goya entre otros. Y los tesoros que no fueron cambiados de lugar, quedaron abandonados en pésimas condiciones, como unos espejos Luis XV que fueron hallados en el sótano, flotando en el agua. La verdad es que ese edificio nunca fue residencia de los Marcos y ella, cuando llegaba a Nueva York prefería dormir en el penthouse de otro de sus edificios o en un par de suites del Waldorf Astoria.
Viven en una casa que permanece rodeada de simpatizantes, quienes organizan escoltas durante el día y la noche. Aunque todos en Hawai saben que los Marcos poseen numerosas propiedades, incluyendo dos mansiones en la zona de Makiki Heights, en Honolulu, actualmente pagan ocho mil dólares por el arriendo de una casa sencilla que no está separada de las demás con cercas y tiene la apariencia de un rancho. Todos los domingos después de misa, centenares de filipinos de Honolulu llegan con flores, frutas, comida y hasta dinero para ayudar a quienes creen en la indigencia.

AÑORANZAS, ANHELOS Y PASADO
En medio de la simplicidad de la casa deslumbran la bandera y el símbolo presidencial de un poder que ya no existe. El escudo filipino, enorme, ocupa toda una pared. La casa tiene una sala, un comedor, una cocina, tres dormitorios, un cuarto para la sirvienta, tres baños, y un porche que sirve para recibir visitas por la noche, tradicional en Filipinas. Hay numerosos aparatos de televisión, un betamax y varios equipos de sonido. Dicen que los Marcos estropearon su amistad con los Reagan porque se dedicaron a grabar todas las conversaciones telefónicas que sostenían y luego se las pasaban a la prensa. Se calcula que viven con ellos más de cuarenta personas, incluyendo familiares, amigos y empleados.
A los 57 años ella sigue siendo una hermosa mujer. Para quienes la conocen bien, es una de las mujeres que mejor entiende el lujo, para qué sirve la riqueza, siempre está en pose de reina y mueve las manos que están permanentemente arregladas, con gracia.
Para sorpresa del escritor que la entrevista, Imelda habla sin pasión: "Los últimos meses que he vivido han sido una enorme experiencia, enriquecedores. Ha sido un período estupendo para ver más claras las cosas para comprender otras. Por eso no siento amargura en mi corazón".
Durante tres horas habló y habló se repitió y cuando una pregunta no le gustaba, seguía hablando como si fuera sorda. Sus frases tienen aspecto filosófico: "La belleza es el amor materializado. La belleza el amor y Dios forman la felicidad y la paz. El amor sólo tiene un elemento que se le opone. Lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es la autosuficiencia. El ser humano tiene tres niveles: su cuerpo, su mente y su espíritu. En el mundo espiritual usted encuentra la paz y ninguna de estas cosas materiales...".

NI UN SOLO DOLAR
Estas son algunas de sus frases más sorprendentes:
-"Me considero una persona privilegiada, bendita porque todo cuanto tenemos proviene del pueblo. Todas nuestras pertenencias fueron incautadas. No tenemos un solo dólar. ¿Qué puede uno recoger en una hora si le dicen que tiene que empacar y marcharse? Toda nuestra vida quedó expuesta ante el mundo... La paz es un estado trascendente. Siempre fui un soldado en defensa de la belleza y el amor. Confiaba en mí misma, en lo que hacía y por eso decían que era extravagante pero, siempre dí a los demás".
-"Los periódicos y revistas dicen que me dediqué a adquirir obras de arte. Es cierto, compré obras de arte pero con el fin de colocarlas en nuestros museos y que la gente pudiera gozar con su belleza...".
-"Vengo de una familia que dio mucho de su amor. Eramos once niños. Me casé con un Presidente. A los 21 años me convertí en primera dama. Muy pocos han tenido ese privilegio. Si logras el éxito y lo tienes todo, el destino tiene su forma de imponernos el dinero, el poder y el privilegio".
-"Me siento satisfecha con tener un vestido y un buen par de zapatos. Ahora no tengo que preocuparme por lo que debo ponerme, lo que debo escoger".
-"La gente dice que me gasté una fortuna en cirugía plástica, pero no es cierto. La única vez que lo pensé, era para cubrir esta cicatriz que me quedó del atentado contra mi vida". (Fue en 1972 y le quedó una horrible marca en un brazo).
El sentido del humor de Imelda queda patente cuando habla de sus estrecheces económicas y de golpe se levanta y regresa con la Estrella del Sur, uno de los diamantes más famosos del mundo, regalo de su vigésimo quinto aniversario de boda. No dice cuánto cuesta pero un diamante que el marido le regaló veintidós años atrás, está avaluado en 300 mil dólares y nunca se lo quita.
La mayoría de los amigos que comían y bebían y vivían a sus expensas, les ha dado la espalda. Ahora sólo conservan las relaciones de unos pocos. Imelda acepta que la han abandonado, pero dice que no siente amargura. Ya no lee los periódicos ni las revistas, no quiere encontrarse con las publicaciones contra ellos. Un secretario les resume todos los días lo que pasa en el mundo y Filipinas.
Por supuesto, en medio de la conversación aparece un fantasma:
-"Nosotros ganamos las elecciones por más de millón y medio de votos pero los periódicos extranjeros convirtieron a la señora Aquino en una especie de Juana de Arco... Hasta los que votaron en su propia provincia lo hicieron por mi marido... Ahora ha abolido la Constitución y se ha convertido en una dictadora y los filipinos están descubriendo qué tan lejos de la izquierda está realmente...".
Entonces resume en una frase lo que ella considera que fue su aporte a los filipinos durante sus años en el poder:
-"Durante cuatrocientos años fuimos un pueblo sometido y sólo cuando Marcos llegó a la Presidencia, nos independizamos pero por veinte años. Eramos una mezcla de razas. Teníamos que identificarnos, saber quiénes éramos. Nosotros ayudamos a nuestro pueblo a entender qué quería decir ser un filipino... ".







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