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| 9/18/2012 12:00:00 AM

"Prefiero ser puta antes que trabajar en una fábrica"

Puta, activista y feminista. Así se describe en su cuenta de Twitter Morgane Merteuil, la secretaria del sindicato francés de trabajadoras sexuales. Ella reclama el derecho a vender su cuerpo. Semana.com habló con ella.

"Somos prosexo, proporno, proputas y defendemos la libertad de llevar el velo", es una de las consignas del sindicato francés STRASS, que reúne a las trabajadoras sexuales y defiende sus derechos.
 
Esta organización encabezada por Morgane Merteuil, una francesa de 25 años que trabaja como prostituta a domicilio, recientemente le declaró la guerra a Najat Vallaud-Belkacem, ministra francesa de los Derechos de las Mujeres y portavoz del Gabinete.
 
Najat despertó la furia de las meretrices francesas por su posición abolicionista y su apoyo al proyecto de ley que busca elevar el oficio más viejo del mundo a la condición de delito y pretende penalizar a los consumidores de sexo pagado.
 
"La prostitución va de la mano del proxenetismo, la esclavitud, el tráfico de seres humanos y la explotación infantil", aseguran organizaciones feministas como Ni putas, ni sumisas, que también apoyan esta iniciativa.
 
Sin embargo, Morgane rechaza tajantemente esta posición. "La corriente que busca prohibir la prostitución pone en tela de juicio los derechos de las trabajadoras sexuales. Si las personas han decidido realizar ese oficio, eso no les compete más que a ellas en la medida en que no perjudican a nadie", le dijo a Semana.com.
 
STRASS exige su libertad de ejercer su oficio, más protección para las prostitutas vulnerables y la abrogación de las leyes discriminatorias. Aseguran que ese tipo de medidas no reducen la prostitución sino que disminuyen los precios.
 
Cuando se le pregunta a Morgane qué mensaje quiere enviarle a las feministas recalcitrantes que la acusan de comerciar con su dignidad y su cuerpo, ella responde: "prohibirle a alguien hacer algo con la excusa de que no se da cuenta de que no le conviene no es más que paternalismo autoritario. Ese deseo de acabar la prostitución es hipócrita pues no se va a prohibir y es criminal porque va a empujar a más mujeres a trabajar desde la clandestinidad".
 
Justamente, según Morgane, el papel del Estado consiste en garantizarles a las prostitutas los derechos necesarios para esta actividad, con el fin de que no se vean marginalizadas y en peligro.
 
"Sí, los hombres pueden ser tiernos y precavidos. Sí, las mujeres pueden amar el sexo. Y sí, prostituirse puede ser una forma de reapropiarse del propio cuerpo y la sexualidad", escribió Morgane en el panfleto Liberad el feminismo, en el que se muestra orgullosa de su oficio y pide a las feministas radicales que la dejen en paz.
 
"Prefiero ser una chica de compañía que trabajar en una fábrica –escribe Morgane–. En mi trabajo como mesera, entendí muy pronto que si quería ganar más de 20 euros por noche debía ponerme a practicar sexo oral. Al pensarlo, no vi el menor inconveniente. Prefiero eso para pagar mis estudios que someterme a otros tantos trabajos penosos y mal remunerados".
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