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| 10/2/2010 12:00:00 AM

Primera dama o bruja de Palacio

Dos recientes biografías dejan la impresión de que es más lo segundo.

Pocos pensarían que una mujer como Carla Bruni, que ha tenido amantes como Mick Jagger y Eric Clapton, cuya fotografía desnuda se subastó en 91.000 dólares en Christie's, cuyos discos la llevaron a ser la artista del año en Francia y cuya belleza y elegancia es admirada por las revistas de moda del mundo, pueda sentirse celosa de la primera dama norteamericana, Michelle Obama. Sin embargo, esa es una de las revelaciones de dos libros que acaban de ser publicados sobre la esposa de Nicolas Sarkozy. A pesar de que su pasado amoroso era bastante conocido en Europa, el calibre de la descripción de las biografías, que no la bajan de "devoradora de hombres", "tigresa" y "donjuán", escandalizó a Francia.

En solo dos semanas, las publicaciones entraron a la lista de los 10 libros más vendidos. Carla, una vida secreta, de la periodista Besma Lahouri, está en el segundo lugar y va por su tercera edición. El segundo libro, Carla y los ambiciosos, de Yves Derai y Mickaël Darmon, está de noveno y lleva dos ediciones. De este último se dice que fue encargado por el Palacio del Elíseo para contrarrestar la primera publicación y mostrar únicamente su faceta como esposa del Presidente. Sin embargo, el talante político de sus revelaciones ha generado estupor entre los altos dignatarios y le ha causado más daño que el primero.

En Carla, una vida secreta, la primera dama, de 42 años, aparece como una mujer calculadora y fría que ha tenido todo lo que ha querido gracias a una saga de parejas sexuales. "Carla es seductora como una gata, lista como un simio y fría como una serpiente", dijo un antiguo socio del diseñador Christian Lacroix a la autora. En el segundo libro, Carla aparece como una mujer perseguida por la ex ministra de justicia Rachida Dati, quien habría organizado un complot para sacarla del Elíseo. Su rivalidad es tal que, en una visita a los apartamentos privados de la presidencia, Carla le señaló la habitación y, susurrándole al oído, le habría dicho: "Te gustaría ocupar mi lugar, ¿no?".

La polémica impregnó a la prensa internacional cuando la Casa Blanca salió inmediatamente a desmentir la afirmación de que Michelle Obama le habría confesado a Bruni que vivir en la residencia presidencial era un "infierno" y que "no lo soportaba". La misma Carla tuvo que ir a los estudios de CNN a explicar que nunca había sostenido una conversación similar y que, además, no había autorizado publicar ninguna de las dos biografías.

Este despliegue demuestra que Carla está lejos de ser solo una figura de la farándula o la mujer de su marido. Si algo la ha identificado es que siempre se ha sentido en libertad de hablar sin tapujos de todo: del amor, del sexo, de la política y de los demás. Y eso puede asustar o enloquecer a un hombre que no busca los puntos medios, como Sarkozy.

De hecho, en una de las biografías se cuenta que Bruni habría dicho que su próxima pareja sería un hombre con "poderes nucleares". La figura del Presidente francés, líder en la energía de este tipo, se acomodaba perfectamente. Con esta determinación, no resulta extraño que cuando Cécile, la ex esposa de Sarkozy, le dijo que el mandatario no había pasado la página de su relación, Carla le contestó: "En efecto, él no pasó la página, él cambió el libro, y tú eres la única que no lo ha comprendido".

Para la sociedad francesa, acostumbrada a la rigidez de Bernardette, la esposa de Jacques Chirac que fue primera dama durante 12 años, la llegada de la cantante italiana también fue como cambiar el libro. Pero ni siquiera su agitada vida sentimental fue un problema. Al final de cuentas, ella había sido bastante clara cuando en una entrevista dijo que "el amor dura un largo periodo, pero el deseo ardiente, dos o tres semanas. Yo soy monógama de vez en cuando, pero prefiero la poligamia".

Los autores afirman que el Presidente francés desconfía de los visitantes de su esposa al Elíseo. Por esta razón, el alcalde de París, Bertrand Delanoë, quien es abiertamente homosexual, le habría bromeado a Sarkozy diciéndole "conmigo sí no tienes nada que temer". Se dice también que algunos ex amantes frecuentarían su residencia vacacional en La Riviera. Uno de ellos es Raphael Enthoven, el papá de su único hijo, a quien Bruni habría seducido delante de su esposa, cuando ella era la novia de su padre, el editor literario Jean-Paul Enthoven.

A pesar de que la pareja Sarkozy-Bruni es una de las más fotografiadas de Europa, se sabe muy poco de su relación. Se cree que la canción en la que menciona la cocaína colombiana está dedicada al Presidente. "Tú eres mi droga. Más mortal que la heroína afgana, más peligrosa que la (cocaína) blanca colombiana". Así las cosas, Besma Lahouri, la autora del primer libro, concluye que Carla "había logrado casarse con un hombre aun más impredecible que ella".

Estas particularidades, sin embargo, han encantado a los franceses. Y por eso, no hay perfil de ella que no recuerde que desde hace años es más popular que su marido. Uno de cada dos franceses tiene una opinión favorable de la primera dama. Y entre los electores de derecha esta cifra supera el 80 por ciento. Sarkozy, por su parte, está en el punto más bajo de su carrera con solo el 30 por ciento, según Le Monde. Por esta razón, ha causado gracia que mientras la portada de Le Point tituló Carla, la Presidenta, The Economist caricaturizó a Sarkozy como un hombre muy pequeño que intenta sostener el gigante sombrero de Napoleón.

La asociación de Carla con la realeza europea es frecuente, tanto que se dice que es la María Antonieta del siglo XXI. Y esta afirmación se debe a que su vida es especial desde su nacimiento. Es fruto de un affaire entre su madre y el empresario brasileño Maurizio Remmert, quienes se habrían conocido en Turín cuando él era un estudiante de guitarra clásica y ella una concertista de piano casada con un multimillonario empresario de la ópera. Carla creció como hija legítima de Alberto Bruni, y su madre le reveló el secreto en 1996, cuando quien ella creía su padre estaba gravemente enfermo. Sin embargo, el hecho se hizo público solo hace dos años. A pesar de vivir desde los 8 años en París, a la que se desplazó su familia para huir de las brigadas rojas italianas, solo adquirió la nacionalidad francesa después de su matrimonio con Sarkozy.

Bruni siempre simbolizó lo contrario al Presidente. Mientras ella representa la clase y la distinción europea, a Sarkozy los medios lo llaman el presidente Bling Bling, en burla a su particular estilo de vestir que incluye un Rolex inmenso y unas gafas de aviador. Pero su posición ha trascendido a la arena política. Ella afirmó con frescura en una entrevista que jamás votaría por Sarkozy, pues no simpatizaba con la derecha. Y es una de las mayores opositoras al endurecimiento de las normas migratorias, una bandera de su marido. Cuando se pretendió imponer la prueba de ADN para obtener visas familiares, ella dijo a los medios: "Detesto esa idea de reciclaje que significa la inmigración elegida".
Su deseo de vincularse a causas humanitarias la ha puesto a los ojos de sus seguidores como una supermujer, pero a su vez le ha hecho ganarse el estereotipo de libertinaje de Occidente. Es así como su interferencia en la lapidación de una mujer iraní le costó ser llamada 'prostituta e hipócrita" por ese país.

Los dos libros han profundizado estas tres facetas de su vida. Pero Bruni ha permanecido tan cómoda como siempre. Ha repetido que no va a hacer comentarios porque no quiere darle importancia al tema y porque, además, Francia es un país en donde existe libertad de expresión, así sea para decir tonterías. Ella sabe que su popularidad no va a disminuir. Y que, como bien señaló a una revista unos meses antes de formalizar su relación con Sarkozy, ella "es fiel solo a sí misma".
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