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| 10/25/2014 10:00:00 PM

Príncipe Carlos, el eterno suplente

El heredero de la Corona británica, que llega esta semana a Colombia, enfrenta tres problemas: una madre muy longeva, una esposa no muy popular y un hijo que lo es demasiado.

Pobre Carlos. Siempre ha sido un hombre trabajador, amable y responsable que según todas las versiones ha tenido problemas en encontrarle sentido a su vida. Si bien va a ser rey, que es un honor y un estatus único, ser heredero al trono durante cinco décadas lo ha situado en un marco abstracto sin funciones definidas. Es como para un futbolista ser suplente toda la vida con una promesa de llegar a ser titular, pero ver pasar sus mejores años sin que llegue el momento. A Carlos algún día le llegará. Pero con 66 años y una madre de 88 que trabaja todos los días y no da muestra de querer retirarse, es probable que su turno solo le llegue después de los 70. Y eso sin tener en cuenta que la longevidad es hereditaria y que la mamá de la reina Isabel II, la reina madre, vivió hasta los 102 años.

Con motivo de la abdicación al trono de los monarcas de España, Bélgica y Holanda, quienes en vida les cedieron las coronas a sus herederos, le preguntaron recientemente a la reina Isabel qué opinaba sobre esa tendencia. Ella respondió en forma escueta: “That is not the sort of thing we do”, que traducido al español quiere decir: “Este no es el tipo de cosa que hacemos nosotros”. Conclusión, hasta que no muera su majestad, su hijo seguirá cortando cintas.

Y es que cortar cintas en calidad de suplente está bien durante los años de formación, pero 50 años haciendo eso definitivamente no es plan. Y Carlos ya ha cumplido 45 años en esa actividad. Fuera de eso, es poco lo que su estatus le permite hacer. Tiene interés en arquitectura y diseño urbanístico, pero cada vez que opina sobre ese tema se produce una controversia con el argumento de que un futuro rey tiene que ser neutral y no debe emitir opiniones controversiales. También le interesa la jardinería y la horticultura, pero les dedica tanto tiempo que se ha creado la leyenda de que se la pasa hablándole a sus matas, lo cual ha sido objeto de no pocos chistes.

A todas estas frustraciones se suma el hecho de tener una esposa impopular y un hijo demasiado popular. Camilla Parker-Bowles, la duquesa de Cornualles, aunque por su discreción ha venido ganando puntos ante el pueblo británico, todavía es para muchos la adúltera que acabó con el cuento de hadas de Diana Spencer. Esa percepción es injusta. Según todas las biografías publicadas, la princesa era caprichosa, complicada y tenía una tuerquita suelta. Camilla podía ser mayor que Carlos y definitivamente no es ninguna belleza, pero es enormemente admirada por todos los que la han tratado y la consideran una mujer centrada e inteligente que además se ha convertido en la mayor razón de felicidad en la vida del príncipe. A Diana le pasaba lo contrario. Los que la conocían de cerca tenían pocas cosas buenas para decir de ella, y sin embargo, las masas la idolatraban.

En todo caso, por cuenta de esos episodios, Carlos será el primer monarca inglés de la historia que llegue al trono divorciado. Su tío Eduardo VIII tuvo que abdicar por enamorarse de la divorciada norteamericana Wallis Simpson. Enrique VIII tuvo seis esposas, de las cuales mató a dos pero cuando llegó al trono era soltero. En todo caso, cuando se muera la reina Isabel II no solo habrá la novedad de un rey divorciado sino también la de una reina divorciada, pues Camila ya había estado casada.

Con todos esos enredos, la esperanza de la monarquía británica es el príncipe Guillermo. Es buenmozo, joven y tan popular que hasta su matrimonio con una plebeya ha sido registrado como algo favorable. Kate Middleton, nieta de mineros e hija de empleados de aeropuerto que se volvieron exitosos empresarios de piñatas, ha sido considerada una bocanada de aire fresco para una institución que muchos tildan de anacrónica en el siglo XXI. Si no existiera Guillermo, el movimiento republicano y antimonárquico en el Reino Unido sería mucho más fuerte de lo que es en la actualidad. Más curioso es el hecho de que ante lo taquillero que es el hijo del príncipe Carlos, 48 por ciento de los ingleses preferirían que el padre renunciara a su derecho a la Corona a favor de Guillermo. Eso no va a suceder, pues como respondió la reina Isabel II, “ese no es el tipo de cosas que hacen los Windsor”.

Por lo tanto Carlos va a ser rey. Pero no será un monarca que despierte ni las emociones que despierta su hijo ni la veneración que inspira su madre. Será un rey de 70 años, que pasará a la historia como la transición entre la vieja monarquía y la moderna. Lo que pasa es que nadie sabe cuánto va a durar esta última. El príncipe Guillermo tiene 32 años. Algún día ascenderá al trono, y si su reinado llega hasta sus 82 años, el año será 2064. Aunque ya tiene un heredero al trono y otro en camino, el gran interrogante es cuántos ingleses creerán en la monarquía en ese momento.
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