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| 12/12/1988 12:00:00 AM

PRISIONERO EN RIO

Ronald Biggs, el protagonista del "robo del siglo", en Inglaterra, es hoy una atracción turística.

PRISIONERO EN RIO PRISIONERO EN RIO
El 18 de agosto de 1963, una banda de quince hombres asaltó el tren que transportaba el correo entre las ciudades de Glasgow y Londres. Los periódicos de entonces llamaron "El robo del siglo" a la desaparición de más de ocho millones de dólares.
Los responsables dejaron suficientes huellas en una pequeña finca y once de ellos fueron detenidos y sentenciados a 30 años de cárcel. Uno de los 11 condenados escapó dos años después.
Desde entonces no ha dejado de huír, aunque sigue paseándose por las calles de Río de Janeiro, tostado por el sol.
Este hombre se llama Ronald Biggs y es una de las mayores leyendas vivas del delito moderno, tanto, que cada mes llega a buscarlo un grupo de turistas europeos que pagan 200 dólares por cabeza, para pasar doce horas a su lado, compartiendo sus recuerdos, cervezas heladas y una carne a la brasa. Los turistas se alternan con los reporteros que aparecen en busca del fugitivo, mientras un director polaco Lech Majewski, tiene lista una película, "Prisionero de Río".
Otra película, protagonizada por Phil Collins se estrena este diciembre y reconstruye algunos aspectos del robo al tren-correo. Para completar el renovado boom del ladrón famoso, apareció recientemente en formato de bolsillo, una colección de refranes y chistes personales que sirve de complemento al libro autobiográfico, "Mi propia historia", aparecido siete años atrás.
Con el pelo blanco y su aire musculoso, además del acento británico que mezcla con algunas expresiones en portugués, Biggs sigue siendo uno de los atractivos de Río, tanto como el Pan de Azúcar o los muslos de las bañistas. Un cuarto de siglo después de su hazaña (le tocaron más de 400 mil dólares y nunca ha contado dónde se halla la mayor parte del dinero), Biggs sabe que está aparentemente a salvo, pero no puede bajar la guardia porque en Gran Bretaña lo esperan con un juicio pendiente y otras demandas.
Para Biggs, ser un antisocial es una marca que aceptó desde temprano. Robaba objetos de la escuela, luego de la compañía de teléfonos donde trabajaba y más tarde en la Fuerza Aérea. A los 30 años estaba cumpliendo una condena de ocho años y cuando nació su primer hijo Nick, intentó trabajar siete días para sufragar los gastos. Un compinche de la prisión lo entusiasmó con el plan de asaltar el tren-correo. Capturado por las huellas dejadas en la finca donde pasaron los primeros días después del robo, escapó. Con un pasaporte falso voló de Londres a París, se hizo cirugía plástica y después de varios meses se marchó a Australia, donde se reunió con su mujer y sus dos hijos.
La historia del asalto al tren-correo era revivida periódicamente por la prensa internacional. Biggs, quien estaba empleado como carpintero, fue descubierto por un vecino al leer en un periódico australiano una nueva crónica con abundantes fotos de los protagonistas. Apenas alcanzó a escapar de la policía.
Un amigo le sugirió que se marchara al Brasil donde era tan fácil esconderse que numerosos jerarcas nazis todavía estaban sobreviviendo en sus pueblos y selvas. Biggs, con el nombre cambiado por el de Michael Haynes, llegó a Río en marzo de 1970 con 193 dólares en el bolsillo. Volvió a trabajar como carpintero. Cuando la esposa se preparaba a reunirse con él, murió su hijo Nick y eso alteró las relaciones de la pareja. Durante tres años vivió en condiciones duras hasta cuando, incapaz de seguir soportando tantas privaciones, aceptó vender su historia a un reportero del Daily Express que viajó de Londres a Río. Detrás, se apareció un inspector de Scotland Yard en busca del fugitivo. Biggs opuso resistencia y contó con un recurso legal: no existía un tratado de extradición entre ingleses y brasileros.
Mientras estaba en una cárcel local, esperando que la situación se definiera, una amiga suya, Raimunda, soltó la noticia que lo salvaría: estaba embarazada. La ley prohíbe que el padre o la madre de un menor brasilero sean deportados. Sintiéndose libre, Biggs adoptó su verdadero nombre y comenzó a explotar la industria casera que le ha servido para comer durante estos años, la promoción y venta de su hazaña a los periódicos, revistas y otros medios. Hasta grabó una canción con el grupo Sex Pistols.
En 1981 fue tomado por sorpresa cuando dos hombres lo secuestraron en un restaurante de Río, lo amarraron, le vendaron los ojos y se lo llevaron a Barbados, buscando que el gobierno de esta isla aceptara extraditarlo a Gran Bretaña. El gobierno brasilero estaba furioso, protestó y Michael, el hijo de seis años, apareció en la televisión pidiendo que le devolvieran al padre capturado. Un abogado de Barbados lo ayudó, fue liberado y regresó triunfante a Río, en donde besó el suelo delante de miles de amigos y admiradores.
Biggs no ha vuelto a delinquir y sabe que en 1992, cuando el hijo brasilero llegue a la mayoría de edad, ya no podrá ampararse con él. Pero está confiado y dice que los ingleses no estarán interesados en llevar a la cárcel a un viejo de 64 años.-

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