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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Puertas a la aventura

Llegan al cine 'Las crónicas de Narnia', un fenómeno de la literatura juvenil que mezcla fantasía y alusiones al cristianismo y refleja la mente de su autor, C. S. Lewis.

Esto debe ser un simple y enorme ropero', pensó Lucy adentrándose aun más y corriendo los abrigos para hacerse espacio. Entonces notó que había algo crujiendo bajo sus pies. 'Me pregunto si serán más bolas de naftalina', se dijo mientras se detenía para agacharse a comprobarlo con las manos. Pero, en vez de sentir la dura y plana madera del piso del mueble, palpó algo suave y extremadamente frío. 'Esto es muy extraño', pensó y dio unos pasos hacia delante". Así comienza la aventura de los cuatro hermanos protagonistas del libro El león, la bruja y el armario, quienes se refugian en la casa de un profesor huyendo de los bombardeos en plena Segunda Guerra Mundial. Al introducirse en el guardarropas, los niños se internan en el fantástico mundo de Narnia. Pero cuando las puertas del armario se abren, el lector no sólo conoce este lugar congelado y sometido a un eterno invierno por la tirana Bruja Blanca, sino también la mente de su creador: Clive Staples Lewis. La historia fue publicada en 1950 y durante esa década el autor completó la serie de siete libros conocidos como Las Crónicas de Narnia, que desde entonces han conquistado adeptos de diferentes generaciones en el mundo entero. Las cifras lo demuestran: a la fecha se han vendido más de 90 millones de copias en 29 idiomas, número que se ha incrementado por el furor que está causando el estreno de la película de Walt Disney Pictures y Walden Media, basada en la primera obra de la colección. En Colombia se han vendido desde marzo más de 20.000 ejemplares de cada título, lo que demuestra que se ha generado todo un fenómeno previo al estreno, el 4 de enero de 2006. Algunos críticos han definido esta cinta como una mezcla entre la trilogía de El señor de los anillos y La pasión de Cristo, dirigida al público infantil. La razón es que está prevista la realización de gran parte de esta saga en la que abundan criaturas mitológicas como centauros, minotauros y faunos en una especie de ambiente medieval, pero además es evidente su contenido religioso. Con su producción literaria, C. S. Lewis, famoso catedrático británico y erudito de Oxford y Cambridge, se convirtió en un defensor de la doctrina cristiana. Él mismo explicó que su historia representaba la lucha entre el bien y el mal y que Aslan, el rey león que junto a los niños es el encargado de liberar a Narnia del invierno de 100 años, no es una mera representación de la figura de Cristo; "es Cristo". "Yo no me dije a mí mismo: 'Vamos a representar a Jesús por medio de un león en Narnia'. Lo que yo dije fue 'supongamos que hubo una tierra y que el hijo de Dios, que llegó a ser un hombre en nuestro mundo, fue un león allá'", señaló el escritor en el libro C. S. Lewis: A Companion and Guide, de Walter Hooper. Es una historia de sacrificio, redención y resurrección, pues Edmund, uno de los niños protagonistas, es tentado por las fuerzas del mal y traiciona a sus hermanos. Para salvarlo, Aslan debe sacrificar su vida. "Él quería introducir ideas que facilitaran a los niños aceptar el cristianismo, lo que llamó 'una clase de prebautismo de la imaginación'", cuenta George Sayer en el libro A life of C.S. Lewis. El autor no siempre tuvo el mismo interés. Jack Lewis, como le gustaba que lo llamaran desde niño por un perro que tuvo (y él era un gran amante de los animales, lo cual demostraría en sus obras), nació en Belfast, Irlanda del Norte, en 1898, en el seno de una familia protestante. Allí se formó su pasión por la lectura, principalmente por la mitología celta. Pero cuando tenía 9 años, su madre murió víctima de un cáncer, y él se convirtió en un pesimista que en su juventud se declararía ateo. Según sus biógrafos, esta muerte marcaría su vida, especialmente en el aspecto sentimental. Cuando se enlistó en el Ejército durante la Primera Guerra Mundial, conoció a su gran amigo Edward Moore y cada uno se prometió cuidar a la familia del otro en caso de morir en el frente. Fue Lewis quien tuvo que cumplir lo pactado. Durante 30 años vivió con la madre de su compañero, Janie Moore, una mujer separada y 25 años mayor, con quien se dice tuvo un romance y quien reemplazaría la figura materna perdida. Años más tarde se casaría con Joy Gresham, una norteamericana, profesora de literatura, divorciada y quien sufría de cáncer. "Nadie me había dicho nunca que el dolor se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva", son las palabras con las que empieza su libro Una pena en observación, en el que transmite la tristeza que sintió por la muerte de su esposa. La historia de amor de la pareja fue llevada al cine con el nombre de Shadowlands en 1993, protagonizada por Anthony Hopkins. En su biografía, el periodista A. N. Wilson describe a Jack Lewis como "un fumador empedernido y un bebedor entusiasta" así como "un profesor benévolo y paciente" que llegó a ser "un gurú espiritual". Y es que si fue conocido como el apóstol de los escépticos, es por haber reconocido que se acercó a la religión como "un incrédulo hasta que se convirtió por la evidencia" y se unió a la Iglesia anglicana. Una gran influencia en su conversión fue su amigo de Oxford, el escritor J. R. R. Tolkien, un católico devoto. Después de una larga conversación, lo convenció "de que la historia de Cristo es un mito que funciona como los demás, pero con la gran diferencia de que realmente sucedió", afirmó. Desde entonces realizó una serie de programas radiales para la BBC, y libros de apología cristiana como The Problem of Pain, Miracles y Mere Christianity. También creó obras de ficción con esta temática como Out of the Silent Planet, en el que imagina un mundo en Marte donde los habitantes viven sin el "pecado original". Tolkien y Lewis hacían parte de un grupo que se reunía en un bar para realizar discusiones literarias, llamado The Inklings, y ambos eran apasionados de las leyendas nórdicas. En 1937 el primero empezó a trabajar en El señor de los anillos y dos años más tarde, el segundo comenzó a inventar su historia sobre Narnia, pero no la terminaría sino una década después. Su experiencia le sirvió de inspiración: durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era profesor de literatura inglesa, su casa llegó a ser refugio para un grupo de niños que habían huido de Londres. Una niña le ayudó aun más cuando le preguntó si podía jugar en su armario. Años más tarde, el autor de la saga del anillo calificaría las producciones de Lewis de "egocéntricas" porque era un autobiógrafo obsesivo que "hallaba en sí mismo un tópico absorbente" para sus libros. Durante esos encuentros, Tolkien criticó la mezcla de criaturas creadas por su compañero y además la editorial tenía tantas dudas de que el libro se pudiera vender que sugirió incluirlo dentro de una serie. Pese a las prevenciones, El león, la bruja y el armario fue todo un éxito, según algunos analistas, porque iba en contravía de la tendencia del realismo en las historias infantiles. Y aunque recientemente se reveló el contenido de una carta escrita por el autor, según la cual se opondría a llevar a la pantalla sus historias por temor a que animales con características humanas lucieran ridículos, la nueva película, una megaproducción de 150 millones de dólares, ha hecho que C. S. Lewis vuelva a imponerse. Aprovechando la 'narniamanía' la administración del gobernador de Florida, Jeb Bush, utilizó la imagen del libro para promover la campaña de lectura de este año, lo que generó protestas de la agrupación 'Estadounidenses Unidos por la Separación de la Iglesia y el Estado', debido a las alusiones cristianas de la publicación. Al respecto, J. K. Rowling, creadora de la exitosa saga de Harry Potter y quien reconoce que el escritor le ha servido de inspiración, considera que siempre le encantaron sus historias y que sólo como adulta comprendió el contenido cristiano, algo que muy probablemente pasará con los niños al ver la cinta. Lewis murió con casi 65 años el 22 de noviembre de 1963, el mismo día que el presidente John F. Kennedy y el escritor Aldous Huxley, por lo que la noticia se vio opacada. Sin embargo, ahora goza de la popularidad de sus días de mayor gloria.
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