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| 8/8/2012 12:00:00 AM

"Quienes se aventuran en los cambios sociales terminan derrotados"

Semana.com publica una entrevista de Lucía Donadío con el autor Pablo Montoya a raíz de la publicación de su más reciente obra Los derrotados.

Lucía Donadío: Los derrotados, su nueva novela, habla de Francisco José de Caldas, pero a la vez cuenta la historia de unos jóvenes que coquetean con la revolución en el Siglo XX. Cuéntenos de qué se trata la novela y cómo pueden unirse estas dos historias.


Pablo Montoya: La novela gira en torno a la relación entre el científico, el artista o el escritor y la militancia revolucionaria en Colombia. Por un lado, aborda la vida de Caldas para resaltar su lado naturalista y criticar su vínculo político y militar. Y, por el otro, relata los avatares de tres jóvenes antioqueños que se vinculan de un modo u otro con la guerrilla del Ejército Popular de Liberación (EPL). La unión entre ambos tiempos (finales del siglo XVIII y principios del XIX con las últimas décadas del siglo XX y primeros años del XXI) se logra a través de diferentes técnicas narrativas que acuden al formato biográfico, al apunte ensayístico y a los juegos de las focalizaciones. El lector es sometido a un vaivén de eventos y problemáticas que, me parece, hacen de la lectura de Los derrotados una experiencia literaria llena de guiños intertextuales, donde diferentes anacronismos tienen su papel lúdico y en la que la autoficción posee un espacio bastante activo.

L.D.: ¿Cómo se estructura la novela para poder contar estas dos historias? ¿Qué retos enfrentó como novelista?

P.M.: En principio, yo quería escribir una novela tradicional sobre el sabio Caldas. El naturalista antes de ser ajusticiado hace un recuento de su vida hasta que enfrenta el pelotón de fusilamiento. Pero luego, poco a poco, este proyecto se fue enturbiando. Puse, finalmente, a un escritor a quien se le encomienda una biografía sobre Caldas, y en la medida en que la realiza va recordando su propio pasado revolucionario con el EPL. La novela oscila entre el proceso de escritura de esta biografía en donde aparece un Caldas lleno de proyectos científicos todos frustrados por las guerras de la Independencia y las que conforman la Patria Boba, y los avatares revolucionarios del biógrafo y dos amigos suyos.

Los tres jóvenes son un botánico, un fotógrafo y un escritor. Y es desde estas tres modalidades, digamos intelectuales, que la novela intenta mostrar las maneras en que el EPL se hunde en la confusión y la derrota. Los riesgos en la escritura de una novela de este tipo, que tiene contornos de novela histórica, aunque yo creo que se trata de una novela histórica des-generada que va a contracorriente del formato tradicional que brindan este tipo de novelas, residieron sobre todo en el uso de la información histórica y en el empleo de los puntos de vistas narrativos para enfrentar esta conflictiva relación entre política y ciencia y volverla más o menos actual.

L.D.: ¿Por qué el título: Los derrotados?

P.M.: Creo que en esta relación entre científico y artista con la revolución, y tal como esta se ha dado en Colombia, quienes han terminando ganando son los militares y las instancias más regresivas y conservadoras del país. Quienes se aventuran en los cambios sociales de cierta envergadura, con proyectos cognitivos idealistas, se ven envueltos en el fragor de las contiendas y terminan en el fracaso. Caldas visto por el establecimiento tradicional es un prócer y, por lo tanto, se trata de un ser victorioso para las instancias de la patria o de la nación. Pero basta asomarse a su vida para darse cuenta del tremendo equívoco que significó su participación en la Independencia y de la frustración aplastante que rodea sus proyectos naturalistas. Caldas es el primer gran derrotado de nuestra precaria historia científica nacional.

Algo similar sucedió con los innumerables jóvenes que vieron en el proyecto de izquierda del EPL una alternativa de cambio para el país. Una revisión somera de la historia de esta guerrilla es suficiente para mostrar el enorme equívoco de sus propósitos y la gran confusión que reinó en sus empresas. Colombia es un país ejemplarmente represor y pienso que casi todos los ideales revolucionarios que han nacido en su seno han terminado exterminados violentamente, desde los próceres de la Patria Boba pasando por el liberalismo radical del siglo XIX hasta los movimientos de de izquierda del siglo XX. Mi novela se llama así porque en sus páginas trato de develar esta constante histórica.

L.D.: ¿Cómo se ve Colombia en esta novela?

P.M.: Colombia es un país complejo cuando se le aborda desde las perspectivas de sus revoluciones. Como los acontecimientos que narran Los derrotados están vinculados con la violencia, el país que ondea en sus páginas es terriblemente injusto y dueño de una capacidad implacable de reprimir las nuevas transformaciones sociales. La Colombia de Los derrotados trata el paisaje desde la geografía y la botánica y este territorio se torna inquietantemente poético y vital. Es una Colombia esperanzadora y espléndida. Pero está la otra, la intervenida por las fuerzas militares y la codicia de los poderosos y la violencia en que caen los bandos enfrentados, y es entonces cuando aflora el horror del país que ya sabemos. En mi novela, para dar un ejemplo más claro, se abraza la naturaleza que descubre un Caldas romántico con las masacres que suceden en Antioquia durante los últimos años del siglo XX.

L.D.: ¿Esta es la tercera novela que usted entrega a los lectores después de La Sed del Ojo (2004) y Lejos de Roma (2008), ¿Se acerca Los derrotados a estas dos últimas o es completamente diferente?

P.M.: Todo escritor tiene unas temáticas que le obsesionan y estas aparecen en sus libros tratadas de maneras diversas. En Los derrotados sigue mi preocupación por la fotografía que es el tema central de La sed del ojo. La diferencia estriba en que en una está la fotografía erótica y en la otra los reportajes fotográficos de guerra. Las relaciones entre escritor y poder, que están tan presentes en Lejos de Roma, aparecen también en Los derrotados a través de la figura de Caldas. En una novela el protagonista es un poeta de la antigüedad romana, en la segunda un naturalista de la Nueva Granada. Y los dos se ven confrontados al poder y en esta confrontación acaso terminan perdiendo. Solo los salva la curiosidad y la creencia en la sensibilidad y el conocimiento.

 Pero lo que sí es nuevo en Los derrotados es que aparece Colombia con una claridad indiscutible. Y aparece una Colombia actual. Yo me atrevería a decir que esta tercera novela es acaso más ambiciosa en sus maneras de abordar los géneros literarios y acaso sea más audaz y obedezca con mayor precisión la consigna de Kakfa cuando dice: “Toda escritura es el asalto de las fronteras”.

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