Miércoles, 27 de agosto de 2014

FRANCISCO RODRÍGUEZ, director científico de la Fundación Oftalmológica Nacional, Gimnasio Moderno 1978. / SANTIAGO CABRERA, director ejecutivo de la Fundación Cardioinfantil, Gimnasio Moderno 1977. / JULIO LATORRE, director administrativo y financiero de la Clínica Palermo, Gimnasio Moderno 1978. / LUIS EDUARDO CAVELIER, gerente general de la Clínica Marly, Gimnasio Moderno 1978. / JORGE GÓMEZ, presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá (Hospital de San José), Gimnasio Moderno 1975. / SANTIAGO HUERTAS, presidente de la Clínica de la Mujer, Gimnasio Moderno 1980.

| 2013/06/29 04:00

¿Quiénes ocupan los cargos altos en los hospitales más prestigiosos de Bogotá?

Trabajan en puestos similares y todos son exalumnos del Gimnasio Moderno.

Cualquiera que asista a una reunión de trabajo o a una conferencia con sus colegas sabe que, fuera de lo profesional y si acaso el clima, no hay mucho más de que hablar con los asistentes. Sobre todo cuando no comparten el día a día, sino que se ven cada tantos meses en cumbres en las que el tema principal es el oficio. 


Sin embargo, cuando los directivos de los hospitales más importantes de Bogotá se encuentran, no solo discuten los logros y retos de sus respectivas instituciones de salud, sino que se dan el lujo de organizar una tertulia con sus historias de infancia. 


Santiago Huertas, Luis Eduardo Cavelier, Francisco Rodríguez, Julio Latorre, Santiago Cabrera y Jorge Gómez comparten un vínculo más fuerte entre ellos que con cualquiera de sus pares. Además de ocupar los puestos más altos en distintos hospitales y clínicas de la capital, todos se graduaron del Gimnasio Moderno entre 1975 y 1980.


Y si por algo se distinguen los exalumnos del Moderno es por su camaradería y lealtad hacia el plantel. “El colegio es muy importante para los egresados. Todos lo defendemos, volvemos a visitarlo, estamos en las juntas y desarrollamos una gran cercanía con él”, dice Huertas, presidente de la Clínica de la Mujer desde hace cinco años y gimnasiano de la promoción de 1980. 


Aunque trabaja en la salud, no es médico, pues su cargo es gerencial. El administrador de empresas se especializó en ese sector “por experiencia, no por academia” y lleva años a la cabeza de instituciones de renombre. Por ejemplo, presidió la Clínica del Country entre 1998 y 2004, años en los que se volvió a conectar con viejos conocidos.


Así se reencontró con Luis Eduardo Cavelier, gerente general de la Clínica Marly desde hace seis años. A diferencia de Huertas, él sí es médico y a pesar de su pesadísimo horario sigue atendiendo pacientes. “Hago cirugías desde las seis de la mañana, luego algo de gerencia. Siempre tengo almuerzos de trabajo, después hago de consultor y en la tarde vuelvo a mi rol de gerente. 


Es duro, pero la verdad es que yo no sabría cómo ocupar este cargo si no estuviera ejerciendo”, confiesa el urólogo que se graduó del Moderno en 1978. Además, como si la carga laboral no fuera suficiente, debe pensar en la celebración de los 110 años de la clínica. Entre las actividades que se realizarán por el aniversario habrá cursos y congresos destinados a la comunidad científica, a los que seguramente asistirá el oftalmólogo Francisco Rodríguez. 


El director científico de la Fundación Oftalmológica Nacional (FON) conoce a Cavelier desde que eran adolescentes, pues se graduaron juntos del colegio y estudiaron Medicina en la misma universidad: “Incluso, Cavelier me reemplazó en el rural porque empezó un año más tarde”, cuenta Rodríguez. Y como si esas coincidencias no bastaran, también los une la historia de las instituciones a su cargo. “De hecho, tanto la Clínica Barraquer como la fundación se iniciaron en Marly”, dice el director, quien también es el jefe del Departamento de Oftalmología de la Universidad del Rosario. 


El urólogo y el oftalmólogo no siempre coinciden en los mismos seminarios médicos, pero como el edificio de la FON está prácticamente al lado del de Marly, Rodríguez y Cavelier se encuentran a menudo. En esas reuniones no solo discuten temas laborales, sino que tienen la oportunidad de recordar las andanzas de sus compañeros de la época. Así sale a relucir el hecho de que Julio Latorre era un excelente caricaturista y que en el anuario apareció una foto de todos los graduados acompañado de una ilustración de él. “No sé si siguió con eso”, se pregunta Rodríguez.


A Latorre ya no le debe quedar mucho tiempo para el arte, pues como director administrativo y financiero de la Clínica Palermo tiene pocas horas libres. Aunque es médico de profesión, hace unos 20 años cambió el estetoscopio por la calculadora, hizo una maestría en Administración de Salud y se dedicó exclusivamente a eso. 


“Ejercer es una ventaja para gerenciar porque uno se unta de la realidad, mientras que a mí me toca enterarme en conversaciones”, reconoce Latorre, miembro de la promoción de 1978. Eso no le ha impedido ocupar los más altos cargos administrativos en varias entidades de salud. 


Antes de llegar al puesto que ocupa desde hace cuatro años, desempeñó el mismo cargo en la Clínica Inmaculada. Curiosamente, ambos sitios son dirigidos por una comunidad religiosa y él ha sido el primer laico en manejar las finanzas de esas instituciones. Pero no solo su labor lo conecta con otros grandes de la salud, sino que haberse graduado del Moderno los une incluso más que el trabajo. Después de todo, como afirma Latorre: “Por ser exalumno uno ya es amigo”.


Ser orgullosamente gimnasiano no es lo único que Latorre tiene en común con Santiago Cabrera, director ejecutivo de la Fundación Cardioinfantil desde hace dos años. A pesar de que Cabrera es de la promoción anterior, ambos estudiaron Medicina y la complementaron con un toque administrativo al elegir el mismo posgrado en la misma universidad. 


Tras terminar sus estudios, el médico cirujano se vinculó con el instituto de cardiología y durante 25 años ejerció como subdirector ejecutivo antes de llegar al cargo que hoy ostenta. Cabrera siempre ha sido inquieto y, aunque la fundación consume gran parte de su tiempo, eso no le basta. También es miembro de la Sociedad Americana de Administradores de Salud y un promotor activo del programa Regale una vida. 


Pero si se trata de involucrarse en todo, pocos lo hacen como Jorge Gómez Cusbir, presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá del Hospital de San José. El ginecólogo y obstetra también preside la junta del Hospital Infantil Universitario (antes Lorencita Villegas) y fue presidente del Club El Nogal a la vez que atendía sus obligaciones en el sector salud. 


No por eso ha dejado de lado a sus compañeros del colegio del que se graduó en 1975. “Claro que nos vemos con frecuencia”, cuenta. Sus compromisos lo han obligado a alejarse de la obstetricia, pero él insiste en que por nada abandona el oficio del todo: “Salgo a las seis de la mañana y no sé a qué horas llegaré a la casa, pero sigo haciendo mi consulta”.


Por supuesto hay muchos otros graduados del Gimnasio Moderno que se destacan en el sector salud. Aun así, no deja de ser curioso que los cargos más distinguidos estén en manos de compañeros de toda la vida, una coincidencia que sin duda el colegio resaltará dentro de pocos meses, cuando celebre el centenario de su fundación. 

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