Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/01/23 00:00

Ray de reyes

La vida de Ray Charles acaba de ser llevada al cine. Esta es la historia de un hombre que superó todo tipo de tragedias y se convirtió en el maestro del soul.

La transformación de Jamie Foxx (arriba) es tan buena que se confunde con el verdadero Ray Charles (izquierda). Muchos de los que trabajaron con el rey del soul aseguran que tenía mal carácter. "Era muy impaciente. Si los bateristas no tocaban en mi tiempo los echaba. Siento que herí a mucha gente", reconoció Charles.

Frank Sinatra lo llamó "el único genio en el negocio de la música". Con su voz ronca y profunda popularizó el soul, el blues y el jazz más allá de la comunidad negra y ganó 12 premios Grammy. Quizás por eso se convirtió en leyenda mucho antes de su muerte y aún hoy sigue cosechando éxitos pues su álbum Genius loves company, lanzado de manera póstuma hace un par de meses, ha recibido múltiples nominaciones y ha vendido más de 1,2 millones de copias. Pero detrás de la brillante carrera de Ray Charles hay una historia de superación: la de un hombre que se sobrepuso a su pobreza, a su ceguera, a la discriminación de su época y a su adicción a las drogas. Una vida que merece ser cantada, como lo hizo, pero también contada.

El director Taylor Hackford asumió esa tarea en su película Ray, una biografía del artista que en Colombia se estrena el 28 de enero y que en sus 10 primeras semanas en Norteamérica ha recaudado más de 70 millones de dólares. El plato fuerte de la cinta es la actuación de Jamie Foxx, quien en el papel de Charles se hizo merecedor a un Globo de Oro por su actuación y es uno de los favoritos para acariciar la estatuilla del Oscar. Foxx tuvo la oportunidad de aprenderle al verdadero protagonista de la historia. Su primer encuentro fue en un piano, cuando ambos tocaron juntos y el músico, después de ponerlo a prueba con una melodía de jazz, le dio su bendición. El actor no solo estudió sus ademanes sino también, soul, Braille y durante los ensayos pasaba horas con los ojos vendados. De esta manera, Foxx logró una de las más impresionantes personificaciones de un músico en la historia del cine, comparable a la que hizo Val Kilmer cuando, como si estuviera poseído, se transformó en Jim Morrison para la película The Doors.

"La cinta ha logrado captar la esencia de lo que ha sido mi vida", expresó Charles, que pudo escuchar el filme antes de su muerte en junio del año pasado a los 73 años de edad. "Quiero que el público comprenda los problemas que tuve cuando era niño hasta que mi carrera despegó. Me han pasado cosas maravillosas, pero también algunas muy dramáticas. Quisiera que los espectadores comprendieran que uno no se rinde porque lo hayan tumbado unas cuantas veces".

En su difícil camino, la música fue su compañera, su salvadora. Ray Charles Robinson nació en la más aplastante pobreza en Albany, Georgia, el 23 de septiembre de 1930. Su padre trabajaba de todero y su madre, además de lavandera, apilaba madera en un aserradero. En esas condiciones las notas de un piano le alegraron la vida desde sus 3 años, cuando empezó a tocar gracias a las enseñanzas de un vecino. Pero a los 5 años recibió el primer gran golpe de su vida: estaba jugando con su hermano menor en la tina donde su mamá lavaba la ropa cuando éste se resbaló y se ahogó. "Era muy pesado y no pude sacarlo", recordó Charles con tristeza en una entrevista. Siempre se sentiría culpable por el trágico incidente.

La vida lo golpeó una vez más con la misma inclemencia cuando empezó a perder gradualmente la vista por un glaucoma que no pudo ser tratado por falta de recursos económicos. "Día a día, por dos años, mi visión era cada vez menor. Mi mamá siempre fue honesta conmigo. Ella empezó a prepararme, mostrándome cómo desplazarme y cómo encontrar las cosas. Esto hizo todo más fácil para mí", relató en su autobiografía Brother Ray.

A los 7 años había perdido por completo la vista. Entre las pocas imágenes que guardó en su mente está la de la mujer que más influyó en su vida: "Recuerdo a mi madre. Ella era pequeña y hermosa, muy hermosa". Fue Aretha Robinson quien se encargó de enseñarle a su hijo a valerse por sí mismo, impulsándolo a nunca usar bastón o alguna otra ayuda que generara dependencia. Ella lo inscribió en la escuela estatal para ciegos y sordos de St. Augustine, Florida, como un estudiante de caridad. Allí aprendió a leer partituras en Braille, a tocar clarinete y piano. Fue integrante de la orquesta del instituto y ya a los 12 años comenzó a mostrar sus habilidades como compositor. Pero tres años más tarde tuvo otra gran pérdida. Su madre murió dejándolo completamente solo en el mundo.

Supo entonces que tenía que empezar a ganarse la vida por sí mismo y abandonó el colegio para ir tras su sueño de ser artista. Fueron tiempos difíciles: "Sufría de desnutrición porque a veces no tenía nada que comer. Pero yo no quería pedirle nada a nadie", contó en una entrevista. Pronto comenzó a trabajar con pequeñas bandas en clubes nocturnos, salones de baile y bares de Florida imitando durante algún tiempo a Nat King Cole, uno de sus grandes ídolos.

Pero no tardó en desarrollar su propio estilo, esa mezcla original de música evangélica (por la influencia de la iglesia en la que creció), de jazz, rhythm & blues y en ocasiones rock and roll y country, que lo llevó a ser el rey del soul, no sin antes despertar controversia. Después de todo se había atrevido a unir lo sensual con lo sagrado, como decía la crítica, "la música de Dios con la del diablo", al punto que sus primeros éxitos los censuraron en muchas emisoras.

Su ascenso se inició en Seattle, donde obtuvo su primer contrato para grabar discos con la compañía Swingtime Records. Pero su gran oportunidad llegó en los 50 con el sello Atlantic Records y su canción I got a woman. Luego vendrían éxitos como What'd I say, Hit the road Jack y Georgia on my mind, que aunque no es de su autoría sino de Hoagy Carmichael, su interpretación se convirtió en la canción oficial del estado.

El toque femenino de su música lo dio un trío de mujeres a las que denominó las Raelettes, quienes lo acompañaban en los coros con el fin de darles a sus canciones el aire religioso que lo influenció. Aunque al parecer la prueba para entrar al selecto grupo no era nada santa. La leyenda dice que cada una de las cantantes pasó por su cama. Y es que su adicción al sexo opuesto siempre fue bien conocida. Charles tuvo dos esposas y 12 hijos con siete mujeres. Tampoco fue un secreto su adicción a la heroína por casi 20 años. En 1965 fue detenido por tercera vez por posesión de droga en el aeropuerto de Boston, pero se libró de la prisión al seguir un programa de rehabilitación en un centro de ayuda en California. Un obstáculo que superó como tantos otros tropiezos de su vida, siempre gracias a su pasión: "Nací con la música dentro de mí... es la única explicación que hay".

Vea más información en www.raycharles.com

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