Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1992/10/12 00:00

REELECCION EN LA JEFATURA

En un país cansado del kinder en el Gobierno, el Partido Liberal se inclina por la experiencia.

REELECCION EN LA JEFATURA


EN SEPTIEMBRE DE 1987 EL EX PRESIDENte Julio César Turbay Ayala abordó un avión con destino a Roma para asumir el cargo de embajador de Colombia ante el Vaticano. En ese momento, todo el mundo pensó que estaba presenciando el definitivo reposo del guerrero. Despues de 40 años de una intensa actividad política que lo llevó a recorrer el país desde la alcaldía de Girardot hasta la Presidencia de la República, para todos resultaba lógico suponer que los siguientes años de su vida los dedicaría a mirar los toros desde la barrera.
Por eso no fueron pocos los que se sorprendieron cuando un año después el ex presidente desembarcó de nuevo en Bogotá tras aceptar un llamado que le hiciera su partido para asumir su jefatura en uno de los momentos más críticos de su historia. Se trataba de manejar una difícil campaña preelectoral en la que el principal objetivo -conquistar de nuevo a Luis Carlos Galán a las huestes del partido no parecía precisamente al alcance de la mano. En esa oportunidad, Turbay Ayala exhibió en todo su esplendor su estilo conciliador, ponderado y socarrón y logró la unidad que pocos creían posible.
Poco después el país volvió a ver al ex mandatario emprender de nuevo viaje a Roma y, de nuevo, su retiro de la actividad política entonces pareció un hecho.
El siguiente regreso al país de Julio César Turbay Ayala conmovió a los colombianos al presenciar la figura del padre desgarrado por la muerte violenta de su hija Diana tras un dramático secuestro. La discreta resignación con la que asumió el que sin duda fue el momento más triste de su vida, inspiró en amigos y enemigos el más respetuoso silencio. Y cuando volvió a viajar a Roma para ocupar la embajada de Colombia, nadie dudo en ese momento que el ex presidente haría uso de un merecido reposo.
Pero los políticos de sangre parecen no ser dueños de su destino.
Hoy, con el Partido Liberal alborotado en un terreno caliente, el Gobierno desprestigiado y las elecciones tomando pista, el nombre de Julio César Turbay Ayala volvió a ponerse en el juego como la única carta capaz de prometer unidad y armonía al Partido Liberal.
Y se continúa así un ciclo irónico en el que el partido que en el poder ha promovido un revolcón y un cambio generacional, sale de nuevo en busca del "viejo zorro". Y éste, quien ha pretendido el retiro poniendo tierra de por medio, tampoco puede nunca negarse a oir el llamado que desde el interior le hace un animal político.

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