Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/02/23 00:00

REGRESO AL ESPACIO

A los 77 años, John Glenn se convertirá en el hombre más viejo en ir al espacio. Pero este viaje no será ninguna aventura sino una hazaña tan difícil como la primera.

REGRESO AL ESPACIO

El 20 de febrero de 1962 a las 10 de la mañana John Glenn, un fornido marine de 41 años, ingresó a su diminuta cápsula espacial de la nave Friendship Seven a la espera del conteo regresivo. Era uno de los siete astronautas que formaba parte del programa Mercurio que pretendía poner a un hombre en la órbita terrestre. Minutos más tarde, el astronauta se encontraba a miles de kilómetros sobre el océano y listo para iniciar la primera de las tres vueltas alrededor de la Tierra. Ese día logró ser el primer estadounidense en órbita y convertirse en héroe de toda una generación que soñó con la conquista del espacio. Tres décadas después de haber logrado esa hazaña, y a una edad en la que cualquiera estaría disfrutando de un tranquilo retiro, el mismo hombre se prepara para volver al espacio. En agosto hará parte de la tripulación de la nave espacial Discovery que permanecerá en el espacio durante 10 días. Curiosamente lograr este cupo en el próximo vuelo del transbordador no fue tarea fácil para Glenn y todo indica que el camino para convertirse en el hombre más viejo en órbita será tan difícil como el de 1962.De los siete astronautas de la misión Mercurio, dos han muerto y los cuatro restantes están retirados, pensando en todo menos en regresar al espacio. Sólo Glenn ha cultivado toda su vida la idea de volver. De hecho, después de su primer viaje el astronauta hablaba prácticamente cada mes con sus jefes para que le dieran otra oportunidad. Pero su petición siempre le fue negada. Después supo que el presidente John F. Kennedy había impedido ese sueño previendo que no podía arriesgar a un héroe tan querido en otra misión. Si algo llegaba a sucederle, pensaba Kennedy, podría perjudicar el ritmo de todo el proyecto espacial. En 1964 se retiró de la Nasa y comenzó una nueva carrera en la política. En 1974 fue elegido senador del partido demócrata y en 1984 se lanzó a la presidencia de Estados Unidos. A pesar de una estruendosa derrota siguió en política y desde entonces ha sido reelegido en tres oportunidades más como senador, cargo que ocupará hasta finales de este año. El viejo sueño de regresar al espacio lo llevó a mantener un estrecho vínculo con la Nasa, especialmente durante estos dos últimos años. Glenn estaba buscando la oportunidad para llevar a cabo un proyecto que, según él, contribuirá a responder interrogantes sobre el proceso de envejecimiento. La idea del senador era verificar que, como lo creen los científicos, los cambios que sufre el cuerpo en los huesos y en el sistema inmunológico al envejecer son idénticos tanto en la Tierra como en la ingravidez. Se sabe que los huesos en el espacio pierden su densidad y se vuelven más propensos a la osteoporosis dependiendo de la duración de la misión. Pero esto ocurre solo temporalmente. Con el viaje de Glenn los científicos podrán estudiar a qué velocidad se recuperan los astronautas de la tercera edad para compararlos con los de otros grupos de edad. Su primer reto fue convencer a los científicos de la Nasa de que su investigación valía la pena. Una vez logró hacerlo tuvo que pasar una serie de exámenes físicos, mucho más minuciosos que a los que debe someterse cualquier otro astronauta. Una de las pruebas médicas más peligrosas consistió en colocarle un tubo en el corazón por el que se le inyectó un líquido de contraste en las arterias con el fin de chequear posibles taponamientos. El senador pasó éste y los demás exámenes con tan buenos resultados que los médicos estaban aterrados de su excelente estado físico. La historia de Glenn y sus compañeros de misión de los años 60 marcó una época que fue tema para el libro The right Stuff de Tom Wolfe. Glenn se destacaba en su grupo por su tenacidad, coraje y su excelente condición de salud. Era además el más veterano de los siete astronautas del proyecto Mercurio. A los 40 años ya había combatido en la guerra de Corea y en la Segunda Guerra Mundial, y había sido piloto de prueba de la marina. Por esas cualidades fue seleccionado como el primer hombre para ir a la órbita de la Tierra. Su viaje no estuvo exento de problemas. Finalizando su primera vuelta, el sistema automático dejó de funcionar. A partir de ese momento el astronauta tuvo que manejar manualmente los controles, inclusive en el proceso de reingreso a la atmósfera. En esa última fase, los controladores del vuelo en la Nasa recibieron una señal que indicaba que el protector de calor estaba suelto, lo cual causaría un incendio en el momento del ingreso. Por fortuna Glenn tuvo tiempo suficiente para asegurarlo en el lugar correcto y evitar una tragedia. Esta hazaña de Glenn le devolvió la confianza a los estadounidenses, quienes durante la época de la guerra fría veían con temor un posible liderazgo de Rusia en la carrera espacial. Treinta y seis años después de esa experiencia, el lugar a donde llegará Glenn sigue prácticamente igual; sin embargo, esta vez la experiencia no será la misma. Su único viaje al espacio en 1962 duró menos de cinco horas y fue en una cápsula tan pequeña que no le permitía moverse de su silla. Por lo tanto Glenn no tuvo que lidiar con la sensación de estar en atmósfera cero. Esta vez permanecerá flotando 10 días a bordo de la cabina del transbordador espacial, la cual comparada con su nave es un estadio. Esta vez tampoco será comandante ni piloto de la nave sino que será un astronauta más de la misión. Y como cualquiera de ellos deberá seguir previamente un entrenamiento físico exhaustivo. Además de su rutina de levantar pesas y volar al mando de su propio jet, Glenn tendrá que ir a la Nasa a entrenar en un simulador los despegues, aterrizajes y evacuaciones de emergencia. En un comienzo algunos vieron la noticia de la selección de Glenn como un capricho que logró volverse realidad gracias a una buena campaña de relaciones públicas. Pero muchos otros lo defienden y admiran su decisión de _a pesar de su edad y las dificultades que ello representa_ servir en un proyecto que puede aportarle invaluables conocimientos a la ciencia. Sea como sea, lo que esta nueva hazaña de Glenn deja en claro es que para hombres como él, el cielo dejó de ser un límite.

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