Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/09/25 00:00

Relato de un naufragio

La más reciente película de George Clooney narra la trágica historia del Andrea Gail, un pequeño barco pesquero que naufragó en el Atlántico en 1991.

Relato de un naufragio

La víspera deL Halloween de 1991 fue una verdadera noche de horror para los habitantes de la ciudad de Gloucester, en Estados Unidos. El 30 de octubre la costa del Atlántico fue salvajemente sacudida por olas de 35 metros y vientos de 190 kilómetros por hora que arrasaron con edificios y avenidas que dejaron al puerto pesquero en ruinas. Ese día los remanentes del huracán Grace se unieron con una descarga ártica fría de alta presión que venía del norte y con un frente procedente de los Grandes Lagos. El resultado, la peor tormenta de la que se tenga registro en la historia del siglo XX. La repentina formación del fenómeno atmosférico no permitió que los meteorólogos dieran aviso sobre la desgracia que se avecinaba y los barcos pesqueros que se hallaban en alta mar no tuvieron tiempo suficiente para escapar de las garras del vendaval.

Ese fue el destino del Andrea Gail. El bote había zarpado de Gloucester el 20 de septiembre con seis hombres a bordo rumbo a los grandes bancos en el extremo de Terranova, Canadá, con el ánimo de capturar peces espada. Después de atrapar 40.000 libras de pescado, el mayor cargamento en muchos meses, la tripulación comandada por el capitán William Tyne estaba deseosa por regresar a tierra y vender su cotizado producto a un buen precio. Para ese entonces el cielo amenazaba fuertes lluvias pero aun así decidieron aventurarse y navegar hacia la costa. Los marineros del Hannah Boden, el bote que fondeaba con ellos, prefirieron esperar a que la situación se calmara y observaron cómo el Andrea Gail se dirigía al centro de la tormenta en una dramática travesía.

Las horas de agonía que soportaron William Tyne, David Sullivan, Robert Shatford, Dale Murphy, Michael Moran y Alfred Pierre en su lucha contra los elementos sigue siendo un misterio. En el último mensaje de radio sólo se escuchó el lamento del capitán que gritaba: “Ahí viene muchachos. Y viene con fuerza”. Nunca hubo señales de emergencia ni se reportó ningún daño técnico que comprometiera la navegación del barco.

Por más de una semana los cuerpos de rescate de la guardia costera de Estados Unidos y Canadá buscaron infructuosamente al Andrea Gail y lo único que hallaron fue un transmisor de emergencia apagado y un tanque de propano. El 11 de noviembre se suspendieron los operativos con una concluyente y dolorosa afirmación: los seis hombres habían perecido en el mar, en la misma tumba en donde yacen más de 1.000 marineros desde 1900, una zona conocida como el cementerio del Atlántico.

Pero los tripulantes del Andrea Gail no corrieron con la misma suerte de sus colegas. Pese a que sus cuerpos no fueron hallados su historia fue recuperada del fondo del mar gracias al periodista Sebastian Junger, quien, en su libro La tormenta perfecta, narra la mágica relación de veneración y miedo que existe entre los pescadores y el océano. La obra se convirtió en un éxito y estuvo en las lista de los libros más vendidos del The New York Times por más de un año, lo que le permitió a Junger recaudar una considerable fortuna que empleó en la creación de una fundación para velar por el futuro estudiantil de los huérfanos de los marineros de Gloucester. Hace un año la fiebre por la tormenta invadió al director Wolfang Petersen, quien decidió llevarla al cine en una megaproducción de Hollywood protagonizada por George Clooney en el papel del capitán.

Tanto el libro como la película parten de supuestos pues nadie sabe a ciencia cierta qué pensó el capitán Tyne al observar cómo su bote de 20 metros era zarandeado por olas de 40 . ¿Realmente lucharon como héroes hasta el final? ¿Asumieron con entereza la hora de la muerte? Estos interrogantes jamás tendrán respuesta y quizás ahí radique el encanto del Andrea Gail: una historia real con matices de leyenda.

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