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| 1/19/2004 12:00:00 AM

Reportero sin fronteras

Tintín, uno de los personajes animados más famosos del mundo, acaba de cumplir 75 años. Detrás de las aventuras de este periodista belga se esconde gran parte de la historia del siglo XX.

Como Peter Pan, Robinson Crusoe y El Principito, Tintín es un personaje de ficción que se ha vuelto mítico. Y es que su autor, Georges Rémi, más conocido como Hergé, logró sintetizar en él el deseo colectivo de viajar y tener aventuras fantásticas. De cierta forma Tintín cumple el sueño de todos de viajar de país en país y ser testigo de los momentos definitivos de su siglo. Hergé nació en Bélgica en 1907. De niño fue miembro de los boy scouts, lo que alimentó su imaginación y su sed de aventuras y de viajes. Desde muy joven comenzó a dibujar y en 1924 publicó sus primeras historietas en la revista Le boy-scout, donde, por primera vez, firmó como Hergé. Un año más tarde se empleó en el diario Le XX siècle y allí, en el suplemento infantil Le petit vingtième , dibujó por primera vez la silueta de un joven periodista llamado Tintín. El primer episodio de la serie se llamaba Tintín en el país de los soviets y contaba cómo el reportero viajaba a Rusia para investigar a unos agentes de la KGB. Tintín estaba acompañado de un simpático perro fox terrier blanco llamado Milú, quien sería, desde su inicio y hasta el final, su compañero inseparable. Lo que más sorprendió a los lectores fue que Tintín era de cierta forma un héroe atípico, de edad indefinida (podría tener entre 15 y 35 años), un poco tímido y que tenía muchas más ideas que músculos. Desde esos primeros años Hergé admitió que gran parte de su vida y de su personalidad estaban cifrados en Tintín. Incluso él mismo llegó a dibujarse como personaje de fondo en varios de los libros. La caricatura fue un éxito de inmediato ya que Hergé lograba retratar, de manera exacta, la realidad política del momento en Europa a través de los ojos de un carismático personaje. La aventura fue publicada en el periódico y más tarde en un libro con tiraje limitado, que es muy difícil de conseguir. Las dos siguientes historias Tintín en el Congo y Tintín en América fueron publicados también en Le XX siècle. Estos siguientes capítulos tuvieron el mismo éxito, pero fueron criticados por algunos pues encontraron una ideología racista y colonialista (ver punto de vista). En Tintín en América el reportero viaja a Estados Unidos y se ve involucrado en el tráfico de alcohol ilegal. Hergé confesó que este era él único álbum en el que utilizaba un personaje de la vida real sin cambiarle el nombre: Al Capone. En este capítulo también aparecen por primera vez Hernández y Fernández, los ineptos agentes de la policía francesa. Desde estos primeros capítulos se puede identificar el estilo que caracteriza toda la obra de Hergé: un trazo limpio y firme con decorados muy elaborados. En todos sus albumes buscaba la perfección de sus dibujos para narrar la historia con la máxima claridad y legibilidad. Y es que ante todo Hergé era un artista. Por un lado sus influencias se encontraban en autores como Miró y Holbein, así como en el arte primitivo egipcio, africano y chino. También en sus dibujos se puede rastrear la influencia del arte pop; de hecho Hergé estaba maravillado por las obras de Roy Lichtenstein y Andy Warhol y en su propio trabajo buscaba tener la misma luminosidad y claridad de estos artistas. Incluso se reunió varias veces con Warhol para intercambiar ideas. En 1934 la editorial Casterman compró los derechos del personaje y comenzó a publicarlos bajo el formato de álbumes. En los dos siguientes títulos, Los cigarros del faraón y El loto azul, Hergé continuó con los temas políticos. En esos dos libros trató explícitamente el tema del tráfico de drogas en oriente y el de la ocupación de China por Japón. Para este trabajo Hergé acudió a Tchang Tchong, un joven chino estudiante de arte en París. Muy pronto nació una fuerte amistad entre ellos y el chino pasó a ser parte del equipo del dibujante. Fue tal el grado de amistad que Hergé se basó en su amigo chino para crear a Tchang, uno de los mejores amigos de Tintín. Luego Hergé se interesó por la situación en América Latina y escribió La oreja rota. En esta aventura el reportero viaja al sur de América Latina en busca de un ídolo robado que pertenece a una misteriosa tribu. Allí Tintín se encuentra con el general Alcázar, quien comanda una revolución guerrillera. Muchos han visto en este libro una alusión directa a la guerra del Chaco que enfrentó a Bolivia y a Paraguay. En 1939 se publicó La isla negra en la que Tintín viaja a Escocia. Durante la ocupación alemana a Bélgica, en 1940, Hergé debió permanecer un tiempo sin publicar. Ediciones Casterman decidió reducir las páginas de los libros debido a las restricciones de papel, pero empezó a editar en color las nuevas aventuras y a colorear los antiguos álbumes. Sin embargo esto no le impidió a Hergé seguir trabajando y cuando su país fue liberado en 1944, publicó El cetro de Ottokar, donde hacía referencia a la ocupación alemana y al intento de los nazis por anexar a Austria. Durante los años siguientes Hergé abandonó un poco su radiografía política y se centró en los personajes. La siguiente aventura se tituló El cangrejo de las pinzas de oro, en donde apareció un personaje fundamental en la vida de Tintín: el capitán Haddock. Según Hergé, este personaje está basado en Sir Richard Haddock, un marino que era capitán de un barco llamado El Unicornio. Un par de años más tarde Hergé debió cambiar unas páginas de este libro pues fue muy criticado por tratar de forma muy cruda el alcoholismo del capitán. Sin embargo el personaje fue muy bien recibido por el público a tal punto que se convirtió en protagonista de los dos siguientes libros: El secreto del unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo. Más tarde, en La estrella misteriosa (1946) Hergé abordó el tema de la rivalidad entre Europa y Estados Unidos por el progreso tecnológico. Luego vinieron Las siete bolas de cristal y El templo del sol, donde Tintín viaja al Perú y descubre una civilización inca que sobrevivió a la Conquista y continúa oculta en la jungla amazónica. En el álbum El país del oro negro, Hergé vuelve a hablar de los conflictos internacionales y en particular de la rivalidad entre judíos y musulmanes. En aquella década de los 50 Hergé entendió el interés que había por la exploración del espacio y publicó dos de sus libros más populares; Objetivo: la Luna y Aterrizaje en la Luna. Igual que Julio Verne -uno de sus grandes ídolos- Hergé se adelantó a su tiempo y describió un viaje a la luna 16 años antes de que este sucediera. Así mismo en El asunto Tornasol se adelantó a uno de los grandes conflictos del siglo XX, la Guerra Fría. Una de las características del trabajo de Hergé era la minuciosidad con la que hacía sus dibujos. Por ejemplo para el capítulo siguiente, Stock de coque, en el que Tintín y el capitán Haddock se encuentran náufragos en el mar Rojo y un barco de piratas traficantes de esclavos los recoge, estudió el mundo de los cargueros. Incluso pasó meses en uno de ellos para documentar hasta el más mínimo detalle para ponerlo en cada una de sus escenas. Igualmente para Tintín en América Hergé fue a varios museos y copió cada una de las piezas de la indumentaria indígena. También era un asiduo lector de la revista National Geographic y varias veces dibujó las imágenes que allí veía. Durante los 60 Hergé tuvo una crisis personal y cambió el tono de sus historias. En ese momento hizo uno de sus libros más sensible: Tintín en el Tíbet . En sus últimos libros, Las joyas de la Castafiore, Vuelo 714 para Sidney, Tintín y el lago de los tiburones, y Tintín y los "Pícaros", Hergé trabajó con una técnica más depurada y sus argumentos estaban más cercanos a las novelas policiacas y de suspenso. En 1983 Hergé murió y dejó sin terminar su álbum número 24, Tintín y el arte Alpha. Sin embargo antes de su muerte dejó claras instrucciones de que nadie debía continuar su trabajo, así que esta aventura fue publicada incompleta. Desde la primera publicación Tintín se volvió un personaje de culto. Y lo más curioso es que los adultos eran -y aún lo son- los más asiduos lectores. Millones de personas en el mundo comenzaron a buscar las primeras ediciones, a rastrear ediciones de lujo o versiones en otros idiomas. Poco a poco los fanáticos más comprometidos se volvieron 'tintinólogos' o 'tintinófilos'. Estos conocedores, entre los que se encuentran abogados, artistas y politólogos, son verdaderos eruditos en la materia y son capaces de memorizar diálogos enteros o de saber exactamente en qué libro y circunstancia exacta aparece un personaje determinado. Otros se entretienen buscando los numerosos y evidentes influencias del cine, el arte, la vida social y la política presente en los libros. Además, con la aparición del Internet el movimiento aumentó y Tintín se convirtió en uno de los personajes a los que más se les dedican páginas. La afición por Tintín ha llegado al punto de que algunos son capaces de dictar cátedra universitarias sobre el tema. Es tal el éxito de Tintín que se han vendido 200 millones de copias de sus libros y se ha traducido a 50 idiomas. Además se han hecho publicaciones adicionales como El diccionario de Tintín, Y aterrizaron en la Luna, y El museo imaginario de Tintín. Así mismo se hicieron dos películas: El misterio del toisón de oro y Tintín y las naranjas azules. En Bruselas, a media cuadra de su legendaria Gran Plaza, funciona la Boutique Tintin, único local en el mundo autorizado para vender accesorios de Tintín y donde a los 'tintinófilos' peregrinos del mundo entero les cobran un verdadero ojo de la cara por camisetas, sudaderas, bolsos de útiles y efigies del reportero y sus compañeros de aventuras. En 1982, en el cumpleaños 75 de Hergé, la sociedad belga de astronomía decidió bautizar con su nombre un asteroide descubierto en 1953 que se sitúa entre Marte y Júpiter. Todos estos homenajes demuestran la inmortalidad del personaje creado por Hergé y que ahora, con 75 años, está más joven que nunca.
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