Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/08/26 00:00

RETRATO A VLADDO

El irreverente caricaturista obtuvo la semana pasada el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

RETRATO A VLADDO

Vladimir Flórez le llegó su año de gracia a los 33 años; 20 después de llegar de Armenia a Bogotá. En su escaso equipaje lo más valioso que traía eran sus cuadernos de dibujo con las caricaturas de sus compañeros de clase y la firme intención de ver algún día publicados sus trazos en las páginas editoriales de un periódico. Hace unos días, Vladdo obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, en la modalidad de caricatura por su sección Vladdomanía. Lógicamente está que no le cabe un tinto. Pero eso no es todo. El pasado mes de mayo editorial Planeta publicó su libro Vladdografías, que reúne sus mejores o peores irreverencias gráficas publicadas durante estos 10 años de peregrinaje por los más importantes medios impresos del país. El itinerario se inició en 1986 en el diario La República y continuó por El Tiempo, El Siglo, El Espectador, El Diario del Otún, El País y las revistas Diners, Credencial y SEMANA. En este lapso, Vladdo también ha sido acreedor a otros reconocimientos. En 1988 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo otorgado por el Círculo de Periodistas de Bogotá y en 1994 ganó un Premio de Excelencia de la Society of Newspaper Design, de Estados Unidos. A pesar de los premios, Vladdo se sigue sintiendo un incomprendido. "Casi nadie llama a las caricaturas por su nombre dice. En vez de eso les dicen matachos, monos, mamarrachos, garabatos, etc... Y para completar, son escasos los que la consideran una profesión". Y se queja: "No son pocas las veces que después de decir que soy caricaturista, la gente me pregunta '¿Y en qué trabaja?". Pero Vladimir Flórez supo que esa sería su profesión, desde sus épocas del colegio, cuando llegaba con el cuaderno lleno de dibujos y sus tías le preguntaban: "¿Y es que usted cree que se va a ganar la vida haciendo mamarrachos?". Entonces ya sabía que tendría que llegar muy lejos para justificar el hecho de tener un nombre impronunciable, por cuenta de las veleidades izquierdistas de su mamá, quien bautizó así al cuarto de sus hijos, sin percatarse de que siempre se sentiría un damnificado del comunismo internacional. Sin embargo, haciendo honor a su nombre, Vladimir empezó a dar manifestaciones de inconformismo tirando piedra en el Inem de Kennedy antes de ir a prestar servicio militar al batallón Guardia Presidencial y terminar como uno de los más entusiastas seguidores de Alvaro Gómez. De esa rebeldía le queda una melena enmarañada y una permanente actitud crítica, manifiesta no sólo en sus dibujos sino en su constante afición a armar polémica. Sin embargo, mortificar no es la única de sus pasiones. Si no está dibujando, lo más probable es que esté sembrado al frente de su Macintosh, navegando por Internet, donde desde hace unos meses tiene una página con sus caricaturas, que diariamente es visitada por numerosos aficionados del ciberespacio. Algunos de estos lectores anónimos le hacen llegar mensajes alentando su irreverencia electrónica. Porque algo que caracteriza a este 'cuyabro' es la falta de solemnidad y su manía de ir siempre en contravía. Si, como dice Héctor Osuna, "la caricatura es la desobediencia hecha dibujo", no hay duda de que Vladdo es caricaturista.

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