Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/04/20 00:00

A REY MUERTO

Llegó a Colombia el reemplazo de Myles Frechette: Curtis Kamman, un estilo diferente para una agenda sin mayores cambios.

A REY MUERTO

Aterrizó en Bogotá sin musitar palabra. Llegó como un fantasma. No se dejó ver de la prensa, ni de los fotógrafos. Una ágil maniobra en el aeropuerto El Dorado fue suficiente para pasar inadvertidoy arribar a su nueva sede diplomática sin mayor protocolo. Se llama Curtis Kamman y reemplaza al controvertido Myles Frechette en la embajada más influyente de cuantas existen en el país: la de Estados Unidos.
Tiene fama de ser un hombre con un estilo diametralmente opuesto al de su antecesor. Es reservado hasta la médula, no le gusta mojar prensa y cuando lo hace es más bien lacónico, medido en cada palabra que pronuncia. Pero el cambio de tono no implica necesariamente que haya un giro radical en las relaciones con el Tío Sam. A pesar de que todos aspiran a un vuelco positivo la llegada de Kamman no significa un cambio en la agenda bilateral. Tanto el ex embajador en Bolivia como Frechette no son ruedas sueltas. Son parte de un engranaje poderoso y reciben instrucciones precisas del Departamento de Estado. Así que lo que cambia es el empaque, no el contenido. Y, en este sentido, no es de esperar que los objetivos varíen en forma sustancial.
Tal como lo corroboró en la rueda de prensa del jueves pasado, después de presentar credenciales ante el presidente Samper, el tema de la colaboración para la lucha contra las drogas figura entre sus prioridades. Esto significa que puntos tan polémicos como el de la extradición retroactiva, así como la erradicación de cultivos y la extinción de dominio de bienes de los narcotraficantes, estarán entre los primeros objetivos de su misión en Colombia.
Pero hay un problema que no es menos delicado y que empieza a perfilarse como prioritario, al lado del narcotráfico: los derechos humanos. No es que se vaya a desnarcotizar la agenda, pero lo cierto es que Estados Unidos ha revelado una mayor preocupación por la estabilidad institucional del país. Y un interés creciente porque el próximo gobierno muestre una verdadera voluntad en la defensa de los derechos humanos y en el desvertebramiento de las organizaciones paramilitares. Estos parámetros, al lado de la cooperación en la guerra contra las drogas, determinarán si el nuevo gobierno es recibido con buena tónica por Washington.
Durante su embajada en Bolivia, Kamman demostró su bien ganada fama de 'duro'. Logró que se aprobara un tratado de extradición con retroactividad. Sin embargo, también probó estar interesado en el mejoramiento de las relaciones comerciales. Los analistas ven su llegada con buenos ojos y creen que, independientemente de su estilo, buena parte de su estrategia estará marcada por la elección del próximo presidente de Colombia. Así, más que Kamman, será el sucesor de Ernesto Samper quien le dé el tono a las relaciones. Para que Estados Unidos no tenga una embajada 'garrote', como durante los últimos tres años, sino para que sea un verdadero aliado internacional.

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