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| 10/17/2009 12:00:00 AM

Rico y ladrón

Anthony Marshall, hijo de la fallecida multimillonaria Brooke Astor, podría enfrentar hasta 25 años de cárcel por haberse aprovechado de la débil condición de salud de su madre para estafarla por 200 millones de dólares.<br><br>

El juicio más sonado de la alta sociedad de Nueva York, que involucra a los descendientes del fundador del legendario hotel Waldorf Astoria, terminó con un estruendo mediático y la respectiva dosis de drama después de cinco meses de testimonios. No era para menos, ya que este caso involucra a la filántropa multimillonaria Brooke Astor, fallecida en 2007 a los 105 años, y a su herencia. Y, como si fuera una novela de misterio, hubo intriga, codicia, dinero, celebridades y traición familiar.

El sonoro y polémico juicio recibió más de 18.000 horas de testimonios, entre los que se cuentan las declaraciones de personalidades como David Rockefeller, Barbara Walters, Henry Kissinger, ex secretario de Estado, y Graydon Carter, editor de la revista Vanity Fair, amigos de la difunta. Tras 12 días de deliberación, los miembros del jurado dictaron su veredicto: Anthony Marshall, galardonado productor de Broadway de 85 años e hijo de Brooke Astor, era culpable de maltratar a su anciana madre y aprovecharse de su delicado estado de salud para robarle nada menos que 200 millones de dólares. Marshall, quien podría enfrentarse a una pena de entre uno y 25 años de cárcel, rompió en llanto mientras su esposa Charlene lo tomó de la mano y gritó indignada a los reporteros que ella amaba a su esposo.

Y es que para muchos, la tercera esposa de Marshall es la verdadera villana. Así lo afirma Philip Marshall, hijo de Anthony, quien en 2006 encendió el escándalo cuando lo acusó de estafar a su abuela. Él testificó sin titubear en contra de su padre en el juicio y, aun a sabiendas de que éste podría pasar el resto de sus días preso, no se arrepiente. "Fue muy triste ver a mi padre así, pero ahora él sabe que hizo algo mal. Me gustaría que esa píldora de veneno cubierta de azúcar que es Charlene fuera la condenada", dijo. Según él, su madrastra era el cerebro de la operación y quien convenció a Anthony de que la anciana nunca le había dado lo que él merecía, mientras le regalaba millones a la beneficencia.

Aunque la evidencia no fue suficiente en 2006, el juicio comenzó en marzo cuando la oficina del fiscal de Manhattan presentó cargos contra Marshall y su abogado, Francis Morrissey, por alterar el testamento de la centenaria mujer, mientras ella se hundía en el mal de Alzheimer. La fortuna que el heredero se echó al bolsillo en realidad estaba destinada a causas benéficas, como era propio de la anciana. Ella decía que "el dinero es como el fertilizante, no vale nada a menos de que lo riegues por todas partes". Por eso era conocida por sus donaciones de cientos de millones de dólares a causas tan variadas como el Museo Metropolitano y la Biblioteca Pública, así como asilos de ancianos e indigentes en los barrios más pobres de la Gran Manzana. Ella, dueña de una de las fortunas más antiguas de Estados Unidos, había heredado el dinero de su tercer esposo, Vincent Astor, quien a la vez heredó en 1912 más de 200 millones de dólares de su padre, muerto en el naufragio del Titanic.

Por el momento no se ha dictado sentencia definitiva y por la edad del acusado es incierto que vaya a la cárcel. De todas formas, a la alta sociedad de Nueva York le queda mucho drama por presenciar, ya que los abogados de Marshall quieren apelar la decisión y eso podría tomar al menos un año más. Parece que aún no se escribe el último capítulo de esta novela de ricos y ladrones. n?
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