Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1985/08/12 00:00

SACANDOSE EL CLAVO

15 años después de su escandaloso suicidio, Mishima sigue interpretándose a sí mismo

SACANDOSE EL CLAVO

Una pesadilla fue lo que se vivió en la mañana del 25 de noviembre de 1970, cuando Yukio Mishima, uniformado y acompañado por cuatro jóvenes que formaban parte de su ejército personal compuesto de 300 atletas que compartian el lema de "Morir sin matar", irrumpió en las oficinas del general Mashita, jefe de las fuerzas de autodefensa japonesas, lo amarró de pies y manos, lo amordazó y con una daga el el cuello le exigió que reuniera a la tropa en el patio del cuartel, porque quería hablarle. Durante muchos días se había preparado con calma y humor para este incidente. Escogió a los cuatro muchachos que lo acompañarían y faltando 20 días para su muerte, organizó en un gigantesco almacén, una exposición de su vida y sobra, en salas tapizadas de negro donde más de 100 mil personas diarias contemplaron la desaforada producción literaria de quien, a través de folletos, carteles, libros, manuscritos y objetos personales, había desarrollado una actividad febril. Y en medio de la exposición, gigantescas fotografías de Mishima representando su muerte en diferentes poses y circunstancias. Era una premonición que pocos tomaron en serio, acostumbrados como estaban a las extravagancias de este hombre narcisista, soberbio, convencido de su condición de genio y dispuesto a lograr que los japoneses no lo olvidaran.
Cuando la tropa estuvo reunida le habló durante varios minutos, exhortó a los soldados y a la multitud que cnseguida se formó, a que respetaran al Emperador y los valores tradicionales del Japón. Pero los soldados ya conocian a Mishima. Lo detestaba no por su extrabagante vida, por sus disfraces de mujer, por las obras de teatro provocativas que montaba en varias salas simultáneamente, por la leyenda de homosexual que lo rodeaba, por su inclinación a las situaciones morbosas, por su exhibicionismo, por su fama internacional, por sus viajes, por sus declaraciones nacionalistas que algunos equivocadamente tildaban de fascistas. Lo rechiflaron y el escritor se impacientó y arrojó centenares de hojas con su frustrado discurso.
Entonces, ante la mirada asustada del militar amarrado y mientras muchos ya anticipaban lo que vendría, Mishima se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, se abrió la chaqueta del uniforme y con una espada muy antigua, cometió "seppuku", lo que los occidentales llaman "hara-kiri". Se abrió el vientre con calma, sintiendo cómo el acero iba cortando la carne y los intestinos y tuvo la oportunidad, la única, de morir lentamente, tal como lo había descrito en algunos de sus libros. Sólo que esa mañana no era ficción, sino la vida misma que Mishima cortaba, como lección para muchos. Su mejor discípulo completó el "seppuku ", decapitándolo, con dos golpes, porque estaba muy nervioso. El muchacho repitió en su cuerpo la ceremonia del maestro y fue decapitado después por uno de los tres jóvenes sobrevivientes que habían jurado a Mishima que renunciaban al placer de morir, para poder ser detenidos, llevados a juicio y escuchados públicamente sobre las razones de ese acto sangriento.
El impacto en el Japón fue impresionante porque, desde la guerra, cuando el país se rindió ante Estados Unidos y numerosos militares cometieron "seppuku" esta práctica que mezcla el honor, el valor, el nacionalismo y una profunda convicción en conceptos y valores incomprensibles para los occidentales, no se había repetido y Mishima, con este golpe teatral, publicitario, les echaba en cara algunos episodios históricos que estaban ya un poco relegados en medio del fragor moderno del país.
Durante 15 años los japoneses intentaron echarle tierra a este episodio, uno de los mas extraños y también más escandalosos de su vida política y literaria: el suicidio público de quien es considerado uno de los escritores más populares y también más enigmáticos de este siglo.
En Occidente y más concretamente en castellano, a Mishima se le conoce por libros como "Confesiones de una máscara", "Caballos desbocados", "El pabellón de oro" "Nieve de primavera" y "Seis piezas No" en los que el lector se enfrenta a un universo construido sobre personajes solitarios, confundidos y llenos de conflictos, que se sienten rodeados por la violencia, la religión y el sexo.
Se le conoce poco si se tiene en cuenta que a los 45 años de edad y al momento de morir, su obra abarcaba 244 volúmenes (traducida en 15 idiomas) y que en cuatro ocasiones, hasta cuando fue otorgado a su compatriota Kawabata, fue el más opcionado candidato al Nobel.
Durante 15 años los japoneses intentaron olvidar o al menos disimular su intranquilidad por la muerte violenta del que sigue siendo el escritor más popular entre los jóvenes de su país, pero una película financiada por los magos de Hollywood, George Lucas y Francis Coppola, y dirigida por Paul Schrader en colaboración con su hermano Leonard (quien vive desde hace muchos años con una japonesa en Tokio), ha colocado de nuevo el nombre de Mishima sobre el tapete. "no de cualquier manera, sino escandalosamente. "Mishima" o "Cuatro episodios de una vida", escrita con la colaboración inicial de la viuda y los familiares del escritor, fue prácticamente prohibida en el Japón. Principió con el nuevo Festival Internacional de Tokio cuyo director, previendo el escándalo, prefirió rechazarla por considerarla "inconveniente". Cuando le solicitaron que ampliara su posición, se encogió de hombros. El escándalo estaba dado.
Es que la viuda, sin ver la película, dijo que esa no era la historia que ella había aprobado previamente. Que la habían engañado. Llovieron las protestas, y hasta Woody Allen, que nunca se mete con nadie, firmó un comunicado acusando al festival de torcer la libertad de expresión. Por supuesto, ningún exhibidor se atreve ahora a proyectarla.
SEMANA la pudo ver recientemente. La historia está dividida en cuatro grandes capítulos (dura casi dos horas), y construida sobre tres planos narrativos: la actualidad, o sea, la mañana del suicidio de Mishima, en un color seco, duro; los recuerdos de la infancia y la juventud del escritor, en blanco y negro, como si fuera un noticiero, y la reconstrucción de algunos fragmentos de tres novelas suyas, en colores brillantes y con decorados alucinantes, desbocados, que sirvieron para que la película fuera premiada recientemente en Cannes.
Pocas películas demandan tanta atención, tanta complicidad, tanta concentración del espectador como ésta.
Si alguien quiere una definición de "Mishima" quizás la palabra mas apropiada sea "pesadilla". La película de Schrader ha abierto las heridas. Removido las cenizas.
Mishima sigue siendo un enigma, aún para los mismos japoneses.
Hizo de todo: paracaidista, director de orquesta, piloto de aviones de combate, escritor y protagonista de un ballet, desaforado cultivador de los ejercicios físicos que le proporcionaron una musculatura que se complacía en enseñar impúdicamente, autor de un libreto para ópera, realizador de debates públicos en los que desafiaba a los estudiantes, escritor de cuentos y novelas y poesías y discursos y obras de teatro (era capaz de vender más de 50 mil ejemplares durante las primeras horas de la aparición de cada libro), obsesionado con la destrucción del cuerpo y la búsqueda del más allá ("La condición de la muerte es una condición previa de loda auténtica cultura"), decia, muy joven se ganó los dos principales premios literarios del Japón y fue candidatizado varias veces al premio Nobel. Hizo de todo, hasta morir, como los personajes de sus libros.
Su verdadero nombre era Kimitake Hiraoka y en sus historias se refleja toda la frustración y el desengaño de su infancia cuando, por ser delgado y tímido y afeminado tenía que soportar las bromas crueies de los compañeros de colegio. Para los psicólogos es uno de los personajes más interesantes, porque siempre mantuvo una especie de desdoblamiento: se convertía en dos escritores, separados física y animicamente. Un escritor tenía un vocabulario rico, precioso, armónico, y el otro, se dedicaba a escribir obras más populares, eróticas, románticas, obras que él olvidaba como si nunca las hubiera escrito. Separaba asi sus libros entre "obras mayores": "El rumor de las olas", "El pabellón de oro", "Nieve de primavera", y "obras menores", curiosamente las más populares entre los lectores occidentales: "Sed de amor" y "El marino que cayó de la gracia del mar" (llevada al cine por Lewis John Carlino, con escenas eróticas de Sarah Miles que Playboy gozó reproduciendo).
Los japoneses deben sentirse incómodos con "Mishima",-la película.
Pero en muchos países comienzan a aparecer ediciones de libros inétidos y reediciones de obras ya conocidas.
Quizás la mejor imagen que el lector occidental pueda tener de Yukio Mishima sea la sensación que deja con algunas de sus piezas de teatro: en unas, el protagonista no aparece en escena jamás y cuando quiere hacerlo, se lo impiden. En otras, el héroe está en escena, pero no dice una sola palabra.
Narcisista, provocador, escandaloso, genio, conocedor de todas sus facultades, amante de las tradiciones, así es Yukio Mishima. Es, porque sigue interpretándose a sí mismo. -

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.