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| 6/5/1995 12:00:00 AM

SALDO A FAVOR

Con la muerte de Jorge Mejía Salazar, Colombia pierde al más respetado banquero en la historia reciente del país.

SI LA BANCA COLOMBIANA DE LA ULTIMA mitad del siglo tuviera que identificarse con nombre propio, ese nombre sería sin duda el de Jorge Mejía Salazar. Hijo de Manuel Mejía Jaramillo, el famoso Mr. Coffee que ocupó durante 21 años la gerencia de la Federación de Cafeteros de Colombia, Mejía Salazar se caracterizó por desempeñarse igual de bien en todas las actividades de la vida nacional en las que participó. Y no fueron pocas.
Graduado de ingeniero de petróleos de la Universidad de Berkeley, California, realizó una excelente carrera en la Mobil, tanto en la subgerencia de la oficina principal de la compañía en Colombia, como en la vicepresidencia para América Latina de la misma corporación en Estados Unidos. Experto en todo lo que tuviera que ver con el agro, llegó a ser ministro del ramo durante el mandato de la Junta Militar que sucedió al gobierno de Rojas Pinilla. De igual forma fue fundador de la compañía Mineros de Antioquia, de la cual hacía parte de la junta directiva cuando lo sorprendió la muerte la semana pasada, a los 83 años.
Pero aparte de todas estas ocupaciones, la actividad que más honores le reportó fue la bancaria. Elegido presidente del Banco de Bogotá en 1963, Mejía Salazar trazó un plan de reestructuración de la entidad que no sólo ubicó al banco más antiguo del país en los primeros lugares, sino que prácticamente introdujo a la banca nacional en la modernidad. En esa época, y al igual que las demás entidades de su mismo género, el Banco de Bogotá no había dejado de ser un pequeño banco provincial. Durante los 23 años de su presidencia, Mejía Salazar transformó la entidad de tal manera que se convirtió en una de las empresas más modernas del país y en la primera entidad bancaria con proyección internacional, al punto de fundar sedes en ciudades como Miami, Nueva York, Panamá y Quito.
Más que un banquero audaz y arriesgado, los que lo conocieron afirman que Jorge Mejía Salazar fue un visionario que armonizó esta virtud con la cautela y la austeridad en su forma de laborar, característica que reflejó en su vida social. Hombre de pocas palabras, medido a la ahora de entablar relaciones, se le conoció más por su impresionante disciplina de trabajo que por un interés particular en sobresalir.
El éxito al frente del Banco de Bogotá y el vuelco hacia la modernización de la banca colombiana, lo erigieron en el banquero más respetado de los tiempos recientes. Bajo su tutela se formó una nueva generación de banqueros -incluido el actual presidente de la entidad, Alejandro Figueroa-, profesionales más especializados que los de épocas pasadas, quienes hoy participan de la consolidación de la banca nacional. Y esto, en buena medida, se le debe a este manizaleño que le abrió a la banca colombiana las puertas al futuro.-
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