Martes, 2 de septiembre de 2014

Después de que Roman Polanski huyó de Estados Unidos, Samantha Geimer siguió intentado hacer justicia. En los años ochenta logró que el director le pagara 500.000 dólares y le devolviera los negativos originales de las fotos que le tomó.

| 2013/09/14 02:00

Samantha Geimer ya no es una niña

Samantha Geimer, quien cuando era adolescente fue violada por el director Roman Polanski, publica sus memorias con detalles desconocidos del episodio que marcó su vida.

En una de las escenas más aterradoras de El bebé de Rosemary, la película que consolidó a Roman Polanski como un maestro del suspenso en Hollywood, una secta satánica lleva a la protagonista, que está bajo los efectos de una droga, a un recinto oculto para tener relaciones sexuales con el diablo. Durante el acto, ella mira alrededor y grita angustiada: “¡Esto no es un sueño, esto en verdad está pasando!”. Nueve años después, la adolecente Samantha Geimer vivió una escena similar cuando en marzo de 1977 protagonizó junto al director polaco uno de los escándalos sexuales más comentados de la historia reciente. 


El episodio, que llevó a Polanski a huir de Estados Unidos y exiliarse en Francia, tuvo consecuencias desastrosas para Geimer. En su libro The Girl: A Life in the Shadow of Roman Polanski, (La niña: Una vida a la sombra de Roman Polanski), que saldrá a la venta el 17 de septiembre, la mujer, hoy de 50 años, cuenta por primera vez que la violación la precipitó a una adolescencia llena de drogas y alcohol. 


Dice, además, que sufrió el acoso constante de los medios durante el juicio, en especial de la prensa europea, que logró identificarla a pesar de los esfuerzos del sistema judicial estadounidense por mantenerla en el anonimato. “La publicidad que rodeó el caso fue tan traumática que resultó peor que lo que él me hizo”, asegura. Pero lo más interesante es que admite que el incidente ocurrió en una época promiscua y desabrochada, en la que era fácil dejarse seducir por Hollywood. 


Geimer tenía 13 años cuando conoció a Polanski en un restaurante en Los Ángeles. El director, a quien la revista Vogue le había pedido fotografiar a varias adolescentes para una edición especial, quedó pasmado por su belleza y le propuso que hiciera parte del proyecto. Frente a la posibilidad de aparecer en una revista famosa y de ser retratada por una celebridad, la niña accedió de inmediato.


La primera sesión se llevó a cabo en una colina cerca de la casa de ella, donde posó topless, y transcurrió sin mayores problemas. Precisamente, de ese encuentro salió la foto que Geimer decidió poner en la portada de su autobiografía. 


Tres semanas después, el director de Chinatown llevó a la joven a la mansión de su amigo Jack Nicholson, quien estaba de viaje. Primero le tomó unas fotos en la cocina y luego le dio champaña y quaalude, una droga en boga en la época, que seda y relaja a quien la toma. Bajo los efectos del narcótico y del alcohol, la adolescente se quitó la ropa y se dejó fotografiar desnuda en el jacuzzi.


Cuando Polanski intentó meterse, ella se asustó y le pidió que la llevara a su casa. Pero él no le hizo caso, la recostó en una cama y la obligó a tener relaciones sexuales. 


La estadounidense, que hoy vive en Hawái con su esposo y tres hijos, insiste en que se trató de una violación: “No solo porque yo era menor, sino porque no quería acostarme con él”. Pero a su vez aclara que no le gusta usar esa palabra, pues Polanski en ningún momento la maltrató y hasta parecía preocupado por que ella disfrutara de la experiencia. Aunque hace poco el director admitió que Geimer había sido su víctima, siempre ha sostenido que no la violó y que ella simplemente le siguió el juego. 


Cuando el escándalo salió a la luz, la Policía arrestó a Polanski. Al comienzo, el acusado negó los cargos, pero tan pronto empezó a surgir la evidencia, aceptó haber tenido relaciones sexuales con la adolescente. Eso pareció bastarle al juez, quien concluyó que el director solo debía pagar 90 días en prisión. 


Luego de solo 42 días Polanski salió libre y todo indicaba que ya había pasado lo peor. Sin embargo, la opinión pública estaba tan indignada con la sentencia, que el juez se retractó a último minuto y decidió llevar a cabo el juicio. Polanski, asustado ante la posibilidad de pagar una condena de hasta 50 años, huyó a Francia en 1978 y desde entonces no ha vuelto a Estados Unidos. El caso sigue abierto. 


Europa acogió a Polanski sin cuestionar su pasado. No solo fue admitido en la Academia de las Bellas Artes de Francia en 1997, sino que seis años después obtuvo la Palma de Oro por El pianista (película por la que también ganó el Óscar a mejor director). Pero los fantasmas del pasado regresaron cuando en 2009 las autoridades suizas lo arrestaron a petición de Estados Unidos. 


El director pasó unos meses de arresto domiciliario en un chalé en los Alpes y salió libre cuando Suiza se negó a deportarlo. Geimer, al enterarse del arresto en Zúrich, solicitó que se retiraran los cargos.


En una entrevista reciente para la revista Vanity Fair, Polanski habló del infierno que ha vivido. Lo comparó con lo que sintió cuando los medios lo acusaron de estar involucrado en la muerte de su primera esposa, Sharon Tate, asesinada por Charles Manson y sus secuaces en 1969. Dijo, además, que no se considera un fugitivo y que no teme viajar a países que tienen un tratado de extradición con Estados Unidos. 


A sus 80 años, quiere cerrar este capítulo y concentrarse en sus nuevas películas. Geimer ya lo perdonó y espera que el libro que acaba de escribir le sirva para dejar el pasado atrás: “Ahora quiero que la gente me vea por quién soy y no como la niña víctima de un ataque sexual”. 

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