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| 3/8/1993 12:00:00 AM

Sangre y fortuna

El matrimonio de Francesca Thyssen-Bornemisza y Carlos de Habsburgo confirma que la plata y la realeza siempre terminan uniéndose.

LA FRIALDAD DE la ceremonia no fue sólo por cuenta del clima. Además de estar a varios grados bajo cero, por lo menos la mitad de los 1.500 invitados al matrimonio de Francesca Thyssen Bornemisza con el nieto del último emperador austriaco, Carlos de Habsburgo-Lorena, no compartían la elección del heredero. La mayoría de los miembros de la casa de Habsburgo considera que el rango de la familia de Francesca no está a la altura imperial de la de Carlos.
La novia, de 34 años y fotógrafa profesional, es la única hija mujer de uno de los hombres más ricos del mundo, el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, un mecenas del arte, dueno de un imperio que incluye desde tecnología informática hasta explotación de petróleo (hoy casado con Carmen Cervera, una ex reina de belleza española) y de su tercera esposa, la ex modelo Fiona Campbell-Walters.
Pero a pesar de ser la heredera de una inmensa fortuna y de llevar en sus venas algunos rastros de sangre azul (su madre, Fiona Campbell es descendiente del legendario rey escocés Roberto I, cuyo trono pasó a los Estuardo al morir su hijo David sin descendencia masculina), Francesca Thyssen es, para los monárquicos y miembros del clan Habsburgo, simplemente una plebeya.
El novio, de 32 años, pertenece a una familia que reinó durante 700 anos hasta 1918- en el centro de Europa: el imperio Austro-húngaro.
Su padre, el archiduque Otto de Habsburgo, descendiente de Carlos V, sobrino nieto de la emperatriz Sisi, hijo del último emperador de Austria y rey de Hungria, a los seis años tomó con su familia el camino del exilio.
Aunque jamás reinó y al parecer no reinará, es el monarca europeo sin trono mas involucrado en la política: es diputado por Alemania en el Parlamento Europeo. Su madre es la archiduquesa Regine, princesa de Meiningen.
En 1951, cuando contrajeron matrimonio, se dijo que desde la boda de Isabel de Inglaterra no se había visto tanto esplendor.
Heredero de un trono extinto y paupérrimo, pero trono al fin y al cabo, Carlos estudia Derecho y trabaja como animador en un programa de la televisión austriaca, en el que recibe dos mil dólares por cada presentación.
Pero a los Habsburgo poco parece importarles la fortuna de Francesca Thyssen. El rechazo no sólo se manifestó en las heladas miradas a los novios a su salida de la Catedral de Mariazell, en Austria, donde ondeaba la bandera con la efigie del águila bicéfala imperial, sino en el hecho de que más de 40 miembros de la familia, los cuatro hermanos de Otto de Habsburgo y sus familias, no asistieron a la ceremonia religiosa.
Tratándose de cuestiones imperiales, las viejas generaciones parecer ser todavía muy exigentes. De nada le valió a Francesca vestirse al estilo de la emperatriz "Sisi" (traje diseñado por el modista milanés Gianni Versace), los Habsburgo ven en ella simplemente a una heredera de lo que en los circulos monárquicos se conoce como "la aristocracia del dinero".
De otra parte, tampoco ven con muy buenos ojos los lazos de la familia Thyssen con el nacional-socialismo. Su abuelo, Augusto Fritz Thyssen, fue colaborador cercano de Adolfo Hitler y gran amigo de su ministro de propaganda Joseph Goebbels.
Pero quizás lo que más le reprochan los Habsburgo a Francesca es el no haber seguido al pie de la letra durante su vida de soltera la maxima que reza en el escudo de los Thyssen: "La virtud sobrepasa a la riqueza". No sólo trabajó como modelo de ropa íntima y fue protagonista de algunos chismes faranduleros por su amistad con los actores Michael Douglas y Richard Gere, sino que hace dos años su trasero apareció publicado en las páginas de las revistas europeas.
La escena ocurrió a la entrada de una fiesta en el Palazzo veneciano de Volpi, cuando un pajecito levantó por descuido el elegante traje de Francesca -diseñado por Versace- dejando en evidencia que no llevaba pantys.
Aunque ella ha aclarado recientemente que llevaba una "tanga~, esta no apareció en las fotografías.
"Si esta señora se casa de blanco, abandonaremos la religión católica", señaló a los sacerdotes uno de los curiosos a "la boda del año" europea, celebrada el 31 de enero, que estuvo rodeada de estrictas medidas de seguridad a causa de las amenazas de bomba como forma de protesta.
Al parecer, Carlos es el único Habsburgo que ha contado la preocupación de Francesca por salvar el patrimonio artístico de Hungría, Polonia, Rusia y Croacia, tarea en la que se empeñó hace dos años. Fue precisamente en junio de 1991, cuando creó la Fundación para la Restauración del Arte para la Herencia Cultural, que ella conoció a Carlos, con quien comparte además de la aficion por los maestros de la pintura el gusto por la música rock. Lo cierto es que, a pesar de la oposición de la familia imperial, Carlos y Francesca han confirmado una vez más que la sangre azul y las fortunas siempre terminan uniéndose.
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