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| 12/1/1986 12:00:00 AM

SE CURO EN SALUD

Cinco años antes, Lady Di había despedido a un valet que acaba de morir de SIDA.

Esta vez el escándalo en el Palacio de Buckingham no corrió por cuenta de los amores descarriados de la princesa Margarita ni por los ardores públicos del príncipe Andrés, quien desde que se casó con Sarah Ferguson entró en el mundo de los hombres que se comportan bien. En esta ocasión la corte inglesa dio de qué hablar porque un ex valet del príncipe Carlos murió atacado por el implacable SIDA.
La historia, de la que han vivido los chismes londinenses en las últimas semanas, cuenta que Stephen Barry, quien durante doce años fue el ayuda de cámara del príncipe de Gales fue retirado del servicio cuando al palacio real llegó a vivir Lady Di. La despedida se la dieron en septiembre de 1981 y la orden, según se ha sabido, provino directamente de la recién llegada quien descubrió al rompe algunas inclinaciones homosexuales del valet.
Dicen que Diana dijo: "Voy a tener hijos y me asusta la idea de que alguna vez tengan contacto con un invertido".
Sin hacer mucha bulla, Stephen Barry se fue de Buckingham y de él la familia real volvió a tener noticias dos años después: se había ido a vivir a los Estados Unidos y allí se ganó un millón de libras esterlinas (unos doscientos cuarenta millones de pesos), por entregarle a un editor dos libros (Royal Service y Royal Secrets) en los que reveló detalles de cierta importancia de la vida en el interior del palacio y en los que se advirtió que Lady Di no fue con él propiamente una patrona simpática.
Pero a la familia no le pareció prudente que el éxito literario del ex valet en los Estados Unidos se extendiera a la Gran Bretaña. Y para impedir que los libros se vendieran en el reino, se amparó en un contrato que Barry había suscrito antes de comenzar a trabajar en Buckingham, en el cual se comprometía a no contar nada de lo visto y lo oído en los corredores y las alcobas de la mansión real.

ALERTA EN PALACIO
Así habían quedado las cosas cuando hace dos semanas se supo que Barry había muerto en el Saint Stephen Hospital, afectado por el aniquilador síndrome que prácticamente lo desfiguró: el hombre, que tenía 37 años, aparentaba por lo menos setenta y su aspecto era tan deplorable que él mismo evitaba mirarse al espejo.
Una corta mención a la muerte del ex sirviente fue hecha por la secretaría de la corte, encargada de contratar el personal de servicio. La referencia indicaba que nada cambiaría en las normas de admisión, pero una cosa muy distinta fue la que se supo días después: al parecer, por intervención directa de la reina Isabel, en adelante será necesario un examen médico del personal para asegurarse que no está contagiado de SIDA. La muerte de Barry había servido, entonces, para alertar a la familia real inglesa de que no está exenta del SIDA y por esa razón, además, se insinuó que las 400 personas que componen el staff del palacio (entre las cuales hay un grupo reconocido de homosexuales hombres) serán sometidos a pruebas médicas de prevención.
Barry no ha sido el único sirviente del principe Carlos que ha hecho susurrar a Londres. Harold Brown, el actual mayordomo de la pareja del principe con Lady Di, ha sido descubierto como un rebuscador de mayores ingresos económicos, como cualquier muchacha del servicio de clase media en Colombia. Brown, en efecto, después de atender desde el desayuno hasta la comida al principe, a Diana y a los dos niños, se quita el uniforme del servicio real y sale a hacer horas extras fuera del palacio. Por atender una comida o un coctel, Brown cobra unos ocho mil pesos colombianos, con los cuales se redondea el sueldo.





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