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| 4/10/1995 12:00:00 AM

SEGUNDO BANQUETE

En su presentación del 30 de marzo, en El Campín, Plácido Domingo tiene un reto realmente difícil: superar lo hecho por Pavarotti.

EN LA ACTUALIDAD EL LIDERAZGO DEL canto se lo pelean dos supertenores. Uno es Luciano Pavarotti, el otro es Plácido Domingo. Que alguno de los dos cantara en Colombia se consideraba una utopía, hasta que Fanny Mikey desmontó el mito y logró poner a cantar a Pavarotti en el estadio El Campín ante una multitud que sobrepasó los 70.000 espectadores. Lo que nadie imaginaba era que el otro monstruo de la ópera viniera tan pronto. Después de que Plácido Domingo se presente en El Campín el próximo 30 de marzo, la capital de la República se habrá dado el lujo de haber recibido en el mismo escenario a las dos mejores voces masculinas del planeta con un intervalo de escasos 60 días.
Aunque el acuerdo se dio prácticamente por casualidad -la cancelación del concierto que Domingo iba a ofrecer ese mismo día en República Dominicana- en el fondo la venida prematura del tenor español tiene el sabor de la sana competencia que desde hace algún tiempo se viene presentando entre los empresarios del espectáculo para traer a las grandes figuras que nunca antes habían pisado territorio colombiano. Si Fanny Mikey había podido traer a Pavarotti, era probable que Felipe Santos no se quedara atrás y ofreciera la presencia del más encarnizado rival del tenor italiano.
La misma competencia la han tenido Domingo y Pavarotti desde hace cerca de tres décadas, cuando los dos, en sus respectivas especialidades líricas, irrumpieron con increíble fuerza en los escenarios del mundo operático. Curiosamente los dos compiten entre sí más por oposición que por semejanza. Y las diferencias se notan en tres campos complementarios: la voz, la figura y la capacidad de despertar sensación en el público. Según muchos críticos, si la voz de Luciano Pavarotti es la reina de los agudos, la de Plácido Domingo posee más cuerpo; si Domingo es viril, Pavarotti es sexy; si el español inspira respeto, el italiano inspira adoración.
Algo similar ocurre con sus carreras. Mientras Luciano Pavarotti se da el lujo de cantar cuando quiere, cuidando su repertorio para no sufrir tropiezos en arias que no domina, Domingo ha cantado prácticamente todo, desde la ópera verdiana -su especialidad- hasta el popular repertorio latinoamericano. Al carisma innato del tenor italiano, Domingo le ha interpuesto la dedicación y el deseo de protagonismo. Estas divergencias han hecho que el público y la crítica se hayan dividido históricamente en dos bandos contrarios, imposibles de dirimir sin apasionamientos: los adoradores de uno odian al otro y viceversa.
Por eso, Plácido Domingo tendrá que enfrentar en Bogotá un mínimo pero durísimo reto: el de igualar la presentación de Pavarotti. Similar desafío tienen Felipe Santos y Ricardo Leyva, los promotores del evento, de despertar en escasos 15 días el mismo fervor que causó Pavarotti entre los habitantes capitalinos para llenar El Campín.
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