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| 10/28/1996 12:00:00 AM

SEÑOR PRESIDENTE

Luis Fernando Santos Calderón toma las riendas de la Casa Editorial El Tiempo en una época crucial de reestructuración de la empresa.

Quizás el mayor éxito periodístico de Luis Fernando Santos Calderón se cumplió durante las Olimpíadas de 1972. Como enviado especial al evento mandó desde Munich la primera telefoto a color en la historia de El Tiempo, un primer plano de Helmut Bellingrodt luciendo la medalla de plata obtenida minutos antes en la disciplina de tiro al jabalí. Sin duda era una gran chiva pero, por encima de la noticia, la telefoto fue para Luis Fernando un triunfo tecnológico que de alguna manera habría de marcar su derrotero profesional.
En una época en la que todavía mandaba en Colombia el periodismo empírico, Luis Fernando estudió el oficio en la Universidad de Kansas y llegó al país convencido de que la gran revolución no estaba tanto en la palabra como en la tecnología. Ingresó al periódico en 1970 y luego de dos años de cubrir vueltas a Colombia como redactor deportivo decidió entrar de lleno a ejercer sus dotes de visionario empresarial. Fue el primer jefe de producción que tuvo el periódico, y desde su cargo no sólo fue cabeza de la construcción de la nueva sede sino que puso a El Tiempo a andar por los caminos de la impresión offset, la composición electrónica y la transmisión satelital. Era el inicio de una transformación tecnológica que ubicaría al diario de los Santos entre los más modernos de Latinoamérica. Pero también era el comienzo de una expansión, liderada por el propio Luis Fernando, que ha hecho de El Tiempo uno de los conglomerados de comunicación más importantes del país, propietario de cerca de una decena de empresas dedicadas a la información, la educación y el entretenimiento.
Detrás de estos logros ha estado la mente de un hombre tímido, de pocas palabras y desprendido de cualquier figuración, cuya obsesión ha sido siempre la de adelantarse al futuro. Y así lo ha venido cumpliendo. Como subgerente y gerente general del diario convirtió la empresa familiar en una industria. Ahora, a los 48 años y recién nombrado presidente del grupo, se ha lanzado en el proyecto 2005, con el cual pretende reestructurar la empresa en los próximos 10 años de tal forma que en la era de la multimedia El Tiempo no se detenga. Sin duda será el paso definitivo hacia su mayor ambición: convertir a la Casa Editorial El Tiempo en la empresa líder de Latinoamérica en comunicaciones.
Y aunque muchos opinen que la ambición rompe el saco, a juzgar por los resultados de sus anteriores proyecciones no es raro pensar que algún día su sueño se le cumpla.
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