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| 5/12/2007 12:00:00 AM

Sexo, mentiras y petróleo

El ejecutivo más admirado de la industria petrolera perdió su trabajo, su prestigio y millones de dólares por mentirle a una corte en un intento por esconder su homosexualismo.

La city londi-nense es probablemente uno de los peores ambientes laborales para declararse abiertamente homosexual. Y John Browne, barón de Madingley, presidente de la British Petroleum (BP) y tres veces aclamado como el hombre de negocios más admirado de Gran Bretaña, sabía que para él sería aun más difícil. Por eso durante sus 41 años de carrera en la petrolera se había esforzado por mantener sus preferencias sexuales lejos de su imagen pública y de las garras de los tabloides británicos, famosos por su tendencia a despedazar personajes a la menor oportunidad. Pero finalmente un momento de debilidad lo dejó fuera del clóset, sin trabajo y ante la posibilidad de ser acusado de cometer perjurio.

El calvario de lord Browne, conocido en el mundo de los negocios como el ‘Rey Sol’, comenzó en enero, cuando un antiguo novio suyo decidió vender la historia de su relación al Mail on Sunday. Jeff Chevalier, un canadiense de 27 años, contó al tabloide que durante cuatro años había sostenido un romance con el poderoso empresario, quien lo había contactado a través de la página de Internet SuitedandBooted.com, que se especializa en proveer acompañantes masculinos. El testimonio de Chevalier echaría por tierra el enorme esfuerzo que lord Browne había hecho por mantener su homosexualidad en secreto ante la opinión pública, pues en su círculo social y laboral era ya un secreto a voces. Pero ese era sólo el comienzo de la historia.

Según Chevalier, durante su relación con lord Browne llegó a codearse con el primer ministro, Tony Blair, amigo cercano del empresario, en varias cenas privadas y de negocios; a viajar en aviones privados y vestirse sólo con ropa de diseñadores, y a conocer secretos de la BP gracias a las infidencias del ejecutivo. Aseguró que fue precisamente el contraste entre la lujosa vida que conoció al lado de Browne y la modesta existencia que lleva desde la ruptura en 2004 lo que lo llevó a traicionar a su ex amor vendiendo su historia.

Pero lo que realmente preocupó al empresario de 59 años fue la acusación de Chevalier de que Browne había hecho uso de las instalaciones y los recursos de la BP para crear una empresa que se dedicaría a vender contenidos para celulares y que sería manejada por el joven canadiense. Por eso cuando el Mail on Sunday lo confrontó con las acusaciones del ex amante, lord Browne decidió tomar cartas en el asunto y consiguió que un juez le prohibiera al Sunday publicar el testimonio de Chevalier por considerar que estaba lleno de mentiras e inexactitudes.

Fue entonces cuando Browne, luego de reconocer su relación con Chevalier, cometió el error que acabó con su carrera. Consciente del daño que le haría a su imagen el hecho de haber pagado por tener relaciones con un hombre, el empresario atestiguó bajo juramento ante el tribunal que había conocido al joven por casualidad mientras trotaba en un parque londinense. Esa mentira enfureció al juez que hasta entonces había prohibido la publicación de la historia y le dio al Sunday el ángulo que necesitaba para legitimar su afán de sacar a Browne del clóset. El tabloide aseguró que los millones de británicos cuyas pensiones están invertidas en la compañía más grande del Reino Unido tienen derecho a saberlo todo sobre sus directivas.

El pasado primero de mayo, horas antes de que el Sunday imprimiera finalmente la historia de Chevalier, lord Browne presentó su renuncia al cargo que había ocupado brillantemente durante los últimos 11 años. No importaron ya sus impresionantes logros al frente de la BP, cuyas reservas de petróleo se doblaron bajo su mando, ni que él hubiera sido el primer ejecutivo petrolero en preocuparse por el tema del calentamiento global. Su deshonrosa salida también le costó más de 30 millones de dólares en bonos y acciones que ya no podrá recibir.

Los conocedores del feroz negocio del petróleo aseguran que Browne ya no tiene ningún futuro en éste. Incluso se especula que podría dedicarse a trabajar en obras de caridad, siguiendo el ejemplo del ministro británico John Profumo. En 1963 Profumo renunció a su cargo luego de que se comprobara que le había mentido al Parlamento sobre su relación con una prostituta que resultó ser amante de un espía soviético. El político se dedicó entonces a lavar platos en un albergue londinense, que eventualmente llegaría a dirigir. Su brillante gestión le valió el título de Caballero del Imperio Británico en 1975, lo que llevaba implícito el perdón de la Reina. Pero nadie sabe si lord Browne, al igual que Profumo, conseguirá salir fortalecido del escándalo.



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