Viernes, 20 de enero de 2017

| 1999/04/12 00:00

SEXO Y ROCK Y ROLL

El grupo inglés Rockbitch escandaliza a Europa por su estilo pornográfico de hacer música.

SEXO Y ROCK Y ROLL

Bajo el calor de las luces y el estridente sonido de las guitarras la irreverente Babe sale al
escenario. Enfundada en un atrevido atuendo de cuero, que deja al descubierto sus senos, la cantante de
Rockbitch da inicio a su ritual artístico.Al compás de la música y ante la mirada lujuriosa de un público que le
grita todo tipo de obscenidades, la atractiva mujer comienza a bailar provocativamente.La temperatura del
concierto sube cuando aparecen Amanda, Luci, Julie, Nikki, Jo y The Beast quienes combinan la
interpretación de las canciones con la representación en vivo de diferentes prácticas sexuales. Durante las
presentaciones las seis mujeres, cinco lesbianas y una bisexual, tienen la misión de excitar a los
espectadores, y para lograrlo no tienen ningún reparo en desnudarse, masturbarse y realizar sexo oral entre
ellas. The Beast, el único hombre, es el encargado de seducir a las jóvenes y participa activamente en los
agresivos juegos eróticos. El show es tan fuerte que ni siquiera los asistentes se libran de participar en él.
Prueba de ello es el concurso del condón dorado. La original prueba consiste en arrojar un preservativo al
auditorio y la persona que logre atraparlo, sea hombre o mujer, tiene derecho a subir al escenario y tener
relaciones sexuales con Luci. El acto tiene lugar detrás de bastidores mientras el grupo ejecuta una canción
para animar a los amantes.Como el tiempo para este encuentro íntimo es tan corto Rockbitch ha lanzado una
nueva versión denominada el condón de platino, en la que el ganador, escogido al azar entre una lista de
asistentes a los conciertos, recibe como premio una noche de pasión desenfrenada con tres de las
integrantes del grupo. Pero si su puesta en escena es escandalosa sus canciones lo son aun más. Títulos
como Whore of Satan (Prostituta de Satán), Child porn (Niño porno) y Piss drip (Orinada) les han costado el
rechazo de varios grupos religiosos que acusan a Rockbitch de promover la relajación de la moral. Las
autoridades no se han quedado atrás y en numerosas oportunidades han utilizado la policía antimotines para
prohibir las presentaciones. El caso más extremo ocurrió hace unos meses, durante un concierto en Gales,
cuando varios sacerdotes se acercaron al recinto donde se realizaba el evento para exorcizar a los
'pecaminosos' artistas. El rechazo que generan es tal que ni siquiera los países más liberados en materia
sexual los aceptan de buena gana. Así quedó demostrado en Noruega, en donde fue cancelado un show luego
de que Babe recreara sugestivamente una micción.Sin embargo las críticas y amenazas no han logrado
hacerles mella. "Nuestros pronunciamientos son muchas veces censurados por la prensa. Es una lástima. No
usamos drogas, bebemos poco y solo una de nosotras fuma. Para nosotros sólo se trata de sexo y rock &
roll", declaró Babe durante una rueda de prensa en Holanda. Convencidos de que el sexo es el motor
del universo los integrantes de Rockbitch han creado en la localidad francesa de Metz una comunidad en la
cual viven plenamente su sexualidad. Habitada en su mayoría por mujeres, la comunidad se rige
estrictamente bajo el régimen matriarcal y cada uno de sus miembros debe cumplir al pie de la letra los
preceptos que allí se indican. El primer mandamiento es encontrarse a sí mismo mediante el placer, y para
ello es necesario acumular el mayor número de relaciones sexuales con parejas diferentes. La
monogamia está prohibida y cualquier tipo de represión de la libido es pecado.La comunidad funciona en
un antiguo monasterio católico y para pertenecer a ella los interesados deben pasar por un período de
prueba en el que, además de realizar los oficios de la casa, se les obliga a satisfacer los caprichos
sexuales de los maestros. Tanto es así que cuando una de las mujeres no se quiere acostar con alguien el
novato está en la obligación de hacerlo.A Rockbitch le importan poco las críticas sobre su comportamiento y
menos las reacciones contra sus creaciones musicales. Lo que más les interesa es divulgar su mensaje
sexual, una locura que hace ver el escandaloso Woodstock de los años 60 como un juego de niños.

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