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| 4/22/2006 12:00:00 AM

Simplemente Angie

Angie Cepeda triunfa en el exterior y vino a Colombia a presentar su más reciente película, la producción española 'Oculto'.

Desde muy niña, Angie Cepeda soñaba con convertirse en actriz cuando grande. Cada vez que regresaba a su casa después de una tarde de cine con su mamá y sus hermanas, se encerraba en su cuarto, se ponía una falda larga en la cabeza, que se suponía debía cumplir la función de una peluca de pelo largo, y recreaba las escenas que había visto. Un póster con el galán de moda era el protagonista de sus actuaciones, y el espejo, su cámara. De cierta manera, aunque no estaba segura en un principio de cómo lograrlo, presentía que los sets, las luces y los libretos eran parte de su destino. Hasta hace poco, algunas de sus aspiraciones parecían distantes y hasta imposibles. "Yo no quería confesar que sueño con ganarme el Oscar. Pero cuando se lo comenté a una amiga actriz, me dijo que ese era el sueño de todos. Hollywood es una fantasía, pero con esfuerzo cada vez lo sientes más cerca", dijo a SEMANA algunos días antes del estreno en Colombia de su más reciente película, la producción española Oculto, coprotagonizada por ella y que recibió muy buenos comentarios de la crítica europea.

Hollywood y la actuación estuvieron durante años muy lejanos de la vida de esta cartagenera criada en Barranquilla. Después de terminar el colegio, ella quiso mudarse a Bogotá a probar suerte como actriz. Pero su madre, quien falleció hace tres años, no quería que Angie se mudara a la capital, a menos que fuera para estudiar en la universidad.

Esta condición no detuvo a la aspirante a actriz. Ella vino a Bogotá y comenzó a estudiar mercadeo y publicidad. Algunos creen que el destino de cada persona está definido con antelación y si esto es cierto, el de Angie ya estaba trazado. Por eso, un día, en la universidad donde estudiaba, coincidencialmente estaban grabando la novela Sangre de lobos y Víctor Mallarino la vio entre la multitud de estudiantes y le preguntó si quería hacer un casting. Luego, al poco tiempo, llegarían los papeles que la harían famosa en el país como en las novelas Candela y Las Juanas. Tuvo la oportunidad de hacer cine por primera vez con Ilona llega con la lluvia y se enamoró de la gran pantalla.

Pero aunque la fama ya le sonreía, ella quería seguir preparándose y estudiar con excelentes profesores de actuación en Estados Unidos. Primero hizo una parada por algún tiempo en Perú donde protagonizó dos novelas e hizo la película Pantaleón y las visitadoras. Después participó en la producción argentina Samy y yo. Luego desapareció de las pantallas de televisión y durante cuatro años vivió en Los Ángeles, donde se dedicó a prepararse. "Aunque no me agobió nunca tanto ser reconocida en la calle, sí es una delicia que la gente no lo mire a uno en todas partes", dice Angie, a la pregunta de cómo se siente llegar a un lugar donde tuvo que comenzar de cero después de ser una persona tan famosa en Colombia.

Desde su incursión en el cine, Angie no ha temido a hacer escenas íntimas y desnudos, pero esto no significa que las disfrute. Aclara que sólo admite las escenas de sexo si la historia lo amerita. Dice que también depende de la seguridad que le dé su director y de la confianza que tenga en el proyecto. Tampoco le gusta que en Los Ángeles la gente que trabaja en el medio no valore tanto la preparación actoral. Asegura que es asombroso cómo todo el mundo quiere pertenecer al star system y estar involucrado con la industria hollywoodense de alguna manera. La competencia es dura y, sobre todo, parece como si las personas siempre estuvieran esperando a que algo ocurra, que llegue su gran oportunidad. "Allá no eres lo que eres sino lo que haces. La distancia de su familia y de sus seres queridos también ha sido un reto y en momentos ha sentido mucha soledad. Es terrible cuando uno se enferma y no tiene nadie que le pase siquiera una aspirina".

De 2001 a la fecha ha rodado en Italia, España y Estados Unidos. Pero es Oculto, su película de 2005, la que le ha dado una gran notoriedad en el exterior. Lo que más admira de trabajar en el país ibérico, a donde se mudó en enero, es la preparación y la seriedad con la que trabajan los actores.

Hoy, a sus 31 años, Angie valora la quietud, el silencio y el estar consigo misma. Su mirada aún mantiene la misma fuerza y seguridad de hace años, cuando interpretó a Juana Valentina, "una ráfaga de mujer", pero con un toque de experiencia y sabiduría. Aprecia las cosas simples como cocinar, ir a cine o simplemente sentarse en su cama con algo de comida 'chatarra' y ver películas o leer un libro. Asegura que es feliz porque ha aprendido que la felicidad es un ejercicio de vida, que no se debe esperar estar bien por cosas que llegan de afuera sino encontrar la tranquilidad desde adentro. Pero la pasión que la hizo famosa y que le dio la oportunidad de interpretar personajes fuertes es la que sigue imprimiendo a sus actuaciones hoy. Y aunque no quiso adelantar mucho acerca de sus futuros proyectos, es muy posible que el éxito y el reconocimiento de Hollywood y el cine europeo lleguen muy pronto a tocar su puerta. Su destino siempre ha estado trazado.
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