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| 12/1/2007 12:00:00 AM

Sin palabras

La huelga de guionistas tiene en jaque a Hollywood. Aunque las conversaciones parecen ir por buen camino, las pérdidas podrían llegar a 1.000 millones de dólares.

E n una escena, dos actrices aparecen en una apasionada conversación, pero el diálogo es sacado de la guía telefónica. En otra, dos personas se saludan efusivamente, pero sólo dicen bla, bla, bla. En una tercera, una persona habla a la cámara, pero sólo se oye el canto de unos pajaritos. Se trata de tres de los 16 cortos que invaden Internet, protagonizados por actores tan reconocidos como Sean Penn, Susan Sarandon, Tim Robbins, Laura Linney, David Schwimmer y Holly Hunter, entre muchos más.

Ellos participan en la campaña Speechless (sin habla), que hace parte del piquete virtual de la huelga organizada por el Gremio de escritores de Estados Unidos Writers Guild of America (WGA), que con la participación de sus 12.000 miembros ha logrado prácticamente parar durante 25 días la industria del entretenimiento de Hollywood. El movimiento no sólo se tomó las entradas de los grandes estudios, sino que se ganó el favor del público a su causa. A pesar de que este parezca condenado, si la huelga se prolonga, a ver repeticiones de sus programas favoritos.

Lo más curioso es que Internet es también la razón detrás de su lucha. Cada tres años el sindicato firma un contrato con la Alianza de productores de cine y televisión en donde se establecen las reglas de juego en cuanto a los porcentajes de las regalías que reciben sus miembros sobre las reproducciones de las películas y los programas de televisión, lo que en el mundo del entretenimiento se llama 'residual'. Esa es una industria cambiante a causa del crecimiento de Internet, que se ha convertido en un importante medio de distribución para las productoras y los estudios, y los guionistas piden se les pague también a ellos por las descargas en la red. La razón es que estas hoy en día se han vuelto más populares que los ya clásicos DVD para ver series y películas.

Los estudios están sacando gran provecho al crecimiento del ciberespacio, ya sea por pago directo de los productos o por publicidad en sus páginas web, pero no han querido ceder en este tema. Consideran que la oferta de los productos en la red es sólo para promover series y películas en los medios tradicionales, por lo tanto no desean distribuir esas ganancias. "Hay largos intervalos entre trabajos... Eso es parte del juego y nadie espera que eso cambie. Lo que te saca adelante durante ese lapso es el residual", escribió el guionista y director Douglas McGrath en un artículo para la revista Newsweek, en el que explicaba las razones de la huelga.

El 5 de noviembre se decretó el paro, y sólo el 26 de noviembre ambas partes decidieron volver a sentarse a dialogar, aunque para el cierre de esta edición aún no llegaban a ningún acuerdo. Los guionistas, apoyados por los sindicatos de actores y directores, mostraron que sin ellos la industria puede colapsar. Los primeros en salir del aire fueron los talk-shows nocturnos como Jay Leno y David Letterman. Luego siguieron las sitcoms, en donde los escritores van afinando los diálogos hasta el último momento, por lo cual necesitan estar presentes durante las grabaciones, como Two and a half men y The new adventures of old Christine. Series como 24, ER, Grey's Anatomy y CSI también terminaron de grabar los capítulos que ya estaban escritos, pero no tienen más para concluir la temporada. Además, se han frenado las producciones de grandes películas, como por ejemplo Ángeles y demonios, la adaptación del best seller de Dan Brown.

"Es probable que las conversaciones lleguen a buen fin. Pero aun así, el paro tendrá consecuencias que se sentirán hasta el próximo año, pues ahora vienen las vacaciones de Navidad y todo para. Por si fuera poco, muchos han tenido que recurrir a otros empleos para sostener a sus familias, lo cual complica un poco más su regreso a los estudios", dijo a SEMANA Larry Stein, abogado especializado en la industria del entretenimiento que representa a varios de los huelguistas. Aun así, las pérdidas son millonarias: los más optimistas las calculan alrededor de 380 millones de dólares, otros creen que llegarían a 1.000 millones. n
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