Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

Sin patria ni destino

La historia de un hombre que vive desde hace 16 años en un aeropuerto inspiró la nueva película de Steven Spielberg.

Merhan Karimi Nasseri es el único habitante permanente del aeropuerto Charles de Gaulle de París. Desde hace 16 años duerme en una banca de la Terminal 1 y subsiste gracias a la ayuda de los empleados del lugar. Todas sus pertenencias están empacadas en maletas y cajas.

De los 35 millones de pasajeros que cada año pasan por el aeropuerto Charles de Gaulle de París sólo uno camina sin afán. Aunque todas sus pertenencias están empacadas en maletas y cajas, Merhan Karimi Nasseri, o Alfred, como lo llama todo el mundo, nunca aborda ningún avión. Por caprichos del destino, y un poco también por gusto propio, este iraní de 59 años permanece desde 1988 en el terminal aéreo, donde casi se ha convertido en toda una atracción turística.

Desde hace unos días Nasseri es una auténtica celebridad mundial, pues Steven Spielberg acaba de estrenar una película basada en su vida. The terminal, protagonizada por Tom Hanks y Catherine Zetta-Jones, cuenta la historia de un hombre de Europa del este que al llegar al aeropuerto de Nueva York se da cuenta de que en su país estalló una guerra civil y que su pasaporte ya no es válido. Ante la imposibilidad de entrar a Estados Unidos y sin un país al cual volver, el personaje de Hanks se ve obligado a vivir por varios meses en el aeropuerto. Luego de algunas incomodidades y de enamorarse de una atractiva azafata, al mejor estilo de Hollywood, la historia termina con un final feliz.

Pero para Nasseri las cosas no han sido ni remotamente color de rosa. Su odisea comenzó en 1977, cuando por su abierta oposición al sha Mohammed Reza Pahlevi las autoridades iraníes lo expulsaron del país con poco más que lo que llevaba puesto. Fue entonces cuando comenzó la travesía de este hombre sin patria.

Su destino fue Europa, a donde viajó con la esperanza de establecerse y obtener el estatus de refugiado. Visitó varios países sin éxito, hasta que en 1981 la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Bélgica le concedió el asilo político. Nasseri vivió entre Bélgica y Francia hasta 1988, cuando según él, le robaron sus credenciales de refugiado en una estación de metro de París.

El 8 de agosto de ese año abordó un vuelo con destino a Londres, donde tenía la esperanza de encontrar algunos parientes, pues su madre era inglesa. Pero cuando las autoridades británicas se dieron cuenta de que Nasseri no tenía documentos lo deportaron inmediatamente a Francia. Allí pasó cuatro meses en prisión por entrar ilegalmente al país, hasta que las autoridades francesas se dieron cuenta de que no tenían a dónde deportarlo.

Desde entonces Nasseri vive en el Terminal 1 del Charles de Gaulle. Allí su cama son las sillas de plástico de la sala de espera y sus armarios, una maleta y varias cajas de cartón que le han regalado los empleados de Lufthansa. En ellas guarda libros, recortes de prensa y la abundante correspondencia que le llega de todas partes del mundo, pues un almacén del aeropuerto hace de oficina de correos para él.

La rutina del iraní es la misma desde que llegó. Se levanta a las 5:30 de la mañana para poder afeitarse en el baño de hombres antes de que lleguen los pasajeros. El resto del día lo ocupa en leer, escribir en su diario y observar a la gente. Alrededor de las 9 de la noche, cuando se cierran las tiendas del aeropuerto y ya no quedan viajeros, Nasseri se va a dormir a su banca preferida.

Aunque se niega a aceptar el dinero que muchas personas le ofrecen ("No soy un pordiosero", dice), Nasseri sí recibe los vouchers que los empleados del aeropuerto le dan para que coma en los restaurantes del lugar. Además, una librería del terminal lo mantiene surtido de revistas y libros; quienes lo conocen desde hace más tiempo lo invitan a tomar café, la dueña de un almacén le presta el teléfono y las azafatas y los pilotos le regalan kits de viaje de las aerolíneas para que se pueda bañar y afeitar.

Pero a pesar de la relativa normalidad con que pasan los días para Nasseri, su salud mental se ha visto claramente afectada. Desde hace 12 años no sale ni siquiera del edificio del terminal y muchas veces su discurso se hace incomprensible. "Cada día está más loco", reconoció hace algunos años en una entrevista el doctor Phillipe Bargain, médico del aeropuerto y quien atiende a Nasseri con regularidad. "Le da miedo abandonar la burbuja en la que ha vivido estos años".

Tal vez eso explique su actitud cuando en 1995 se negó a aceptar la oferta de refugio que le hizo Bélgica, o el permiso de residencia que en 1999 le otorgó el gobierno francés. Aunque técnicamente puede abandonar el aeropuerto cuando quiera, Nasseri se niega a firmar los documentos que le permitirían hacerlo, pues en ellos aparece con nacionalidad iraní y no inglesa, como es su deseo. Además, insiste en que su nombre figure como "sir, Alfred Merhan", incluyendo la coma, pues en una ocasión así se dirigieron a él las autoridades migratorias británicas en una carta.

Mientras tanto Nasseri se concentra en acostumbrarse a su recién adquirida fama y riqueza, pues se sabe que DreamWorks, la productora de Steven Spielberg, le pagó entre 250.000 y 300.000 dólares por los derechos de su historia. "Ahora puedo comprar lo que quiera, pero si compro algo costoso me preocupa que se pierda o que me lo roben. Como mejor y puedo comprar tiquetes de avión, pero mi estilo de vida es el mismo", le dijo Nasseri a la revista Premiere en una reciente entrevista.

En cuanto a la fama, Nasseri espera que le sirva en su propósito de viajar a Estados Unidos o Canadá. "Espero que me lo solucionen los de la compañía cinematográfica", dice. Una vez allí le gustaría hacer realidad su sueño de hacer cine, además quiere escribir un libro sobre sus experiencias.

Entre sus planes no está buscar a su familia en Irán. De hecho, se niega a hablar de su infancia, y en una ocasión simuló no entender las preguntas que unos periodistas iraníes le hacían.

Por ahora los empleados del terminal, a estas alturas la verdadera familia de Nasseri, esperan que finalmente el extraño personaje abandone el aeropuerto. Tal vez lo haga cuando recuerde las palabras que él mismo le dijo a un periodista hace siete años: "No es normal quedarse en un aeropuerto por tanto tiempo. Se vuelve aburrido".

Página web relacionada

Página oficial de la película The Terminal

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