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| 3/4/2006 12:00:00 AM

Sin pelos en la lengua

La sexóloga de cabecera de millones de latinoamericanos es Alessandra Rampolla. Habla con gracia y sin tapujos, responde toda clase de preguntas y se ha ganado la confianza de millones en un tema sensitivo.

 
Quien tarde en la noche se encuentre en su recorrido por los canales de televisión con Confidencias o Íntimamente Alessandra, no podrá evitar verlos con algo de interés y otro tanto de asombro. Porque los dos programas de la sexóloga Alessandra Rampolla transmitidos a todo el continente por el canal Cosmopolitan son un fenómeno. No sólo sobresale en la pantalla su gigantesca y amable sonrisa, en ocasiones acompañada por una vulva de peluche llamada Bambita. Ella estará hablando con la mayor naturalidad sobre masturbación, puntos G y técnicas para agrandar el órgano genital masculino, entre otros.
Es su manera fresca, pero seria y sin morbo, para hablar de sexo lo que la ha vuelto famosa por todo el continente americano. Tiene millones de fanáticos que, además de seguir sus dos programas por el canal Cosmopolitan, pueden verla en el programa de la mañana por Telemundo y en Alessandra, tú sexóloga, por el canal 13 de Argentina. Además, trabaja con Prisa, gracias a lo que la escuchan por radio en Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Ecuador y Argentina. También leen sus columnas en la revista Caras y el periódico Primera Hora de Puerto Rico. Al punto que muchos se refieren a ella como su sexóloga de cabecera sin conocerla en persona.
Las coincidencias siempre han sido un factor esencial dentro de la vida de la sexóloga más famosa de Latinoamérica. Mientras estudiaba su doctorado en sexología en San Francisco, California, su padre enfermó de cierta gravedad. Ante la angustia que le generó la noticia, decidió empacar maletas, vender todo lo que tenía en Estados Unidos y montarse en el primer avión rumbo a su natal San Juan de Puerto Rico.
Llegó a su casa paterna el 7 de febrero de 2001. Un par de días más tarde, una amiga que trabajaba en Univisión le pidió que participara como invitada en un especial para el día de los enamorados, durante el programa de la mañana. Alessandra, quien para ese entonces ya se había certificado como sexóloga clínica y terapeuta de pareja, aceptó la propuesta pensando que quizás esto la ayudaría a conseguir algunos clientes para el consultorio que estaba planeando abrir. Fue tan buena la impresión que causó con la productora, que ésta decidió darle un segmento semanal en el programa para que hablara de sexo.
Ella nunca imaginó que se convertiría en una celebridad conocida en más de 20 países de habla hispana. Mucho menos si se tiene en cuenta que ella nunca siquiera imaginó que la sexología se convertiría en su pasión y su profesión.
Alessandra creció en una familia fervientemente católica, en un país conservador, y estudió en un colegio femenino dirigido por monjas. El sexo era un tema que se hablaba a escondidas y con las amigas. Estudiar sexología era algo que nunca cruzó por su mente, razón por la cual dedicó los primeros cuatro años de universidad a estudiar literatura francesa. Pero a los 20 años, y de nuevo por casualidad, durante una conversación con su cuñado cayó en cuenta de que lo que estaba estudiando no era muy viable para conseguir trabajo y de que tampoco estaba convencida de querer hacer eso durante el resto de su vida. Así que él, en chiste, le propuso que fuera sexóloga, y a ella le gustó la idea.
Inició sus estudios como terapeuta matrimonial. “Quería hacer consultorías, estudiar relaciones de pareja. Volviendo al pensamiento que me enseñaron, dentro del matrimonio estaba permitido tener sexo”, contó Alessandra a SEMANA. Claro que con los años y la experiencia académica y profesional, todos esos conceptos moralistas han ido perdiendo fuerza.
Y es tanta la seguridad y la confianza que proyecta, que es capaz de responder las preguntas más cómicas. En una oportunidad, una mujer le preguntó que si el semen provocaba caries; en otra, que si era peligroso masturbarse con una aspiradora. Pero, a pesar de las creatividad de la preguntas, ella, como siempre suele hacerlo, las respondió después de investigar con el mayor respeto y seriedad.
Pero, más que las preguntas chistosas, las que más chocan son aquellas que le formulan desde la más profunda ignorancia y de personas de más de 30 años, que ya deberían conocer las respuestas. “Que una mujer de 35 años con tres hijos me pregunte qué es el clítoris, dónde está localizado y para qué sirve, me choca. Pero, al mismo tiempo, esos niveles de ignorancia me motivan”.
Ignorancia de la cual ella no es ajena, ya que en su juventud no recibió ningún tipo de educación sexual seria en su colegio, más allá de la información anatómica sobre el desarrollo de la mujer. Su madre nunca le habló del tema. Ella ha asistido a algunas conferencias y charlas que organiza Alessandra y también es fiel televidente de los programas. A pesar de esto, la hija nunca le ha permitido a su madre que le haga preguntas sobre sexo, aunque no duda que probablemente en algún momento haya querido hacerlo. Pero la sexóloga pone ese límite a su tranquilidad característica.
“Me canso del trabajo, pero no del tema porque me apasiona. El sexo para mí es alegría, pan, es mi bonita casa, es comunicación y es expresión”. Y aunque sus programas han sido muy bien recibidos por el público, siempre ha estado esperando que le lluevan las críticas, sobre todo porque en Latinoamérica aún se maneja con cierta reserva el tema de la sexualidad. Aun así, sólo recuerda la primera vez que se encontró con la furia de una televidente por hablar de sexo. Era una mujer mayor que le recriminó que se hablara tan tranquilamente del punto G masculino, el cual se encuentra en la próstata y necesita de una práctica peculiar para ser estimulado, diciéndole que era una barbaridad que se hablara así en televisión a las 7 de la mañana.
Lo que más la hace feliz es lograr fomentar el diálogo en la pareja y propagar sus enseñanzas para que así, poco a poco, se vaya perdiendo el pudor a preguntar y a hablar de sexo sin pelos en la lengua. Y, sobre todo, a que la personas pierdan el miedo a explorar y conocerse ellos mismos para lograr mejor comunicación y más placer con sus parejas. n
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