Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/11/18 00:00

¡Sorprendente!

Pese a la mala cara que hicieron los seguidores de las películas de James Bond a la elección de Daniel Craig como protagonista, la crítica le dio el visto bueno, y al parecer, el actor se vestirá de 007 por un buen tiempo.

Para prepararse Craig leyó las 12 novelas y los nueve cuentos de Bond escritos por Ian Fleming

Las apariencias engañan. Si los productores de la cinta de James Bond Casino Royale se hubieran dejado guiar por las primeras impresiones que produjo el nombramiento de Daniel Craig como el nuevo agente 007, los seguidores de la saga se habrían perdido de una gran película. Por lo menos ese es el consenso de la crítica, que no ha escatimado elogios para el debut del actor al calificarlo de "fenomenal" y "brillante".

La historia de Craig como Bond empezó con el pie izquierdo. Desde cuando Pierce Brosnan anunció que dejaría de interpretar al legendario espía inglés en 2003, los fanáticos empezaron a esperar con ansiedad la elección del sucesor. Se barajaron nombres como los de de Clive Owen, Collin Farrel y Jude Law, pero todos se llevaron una poco grata sorpresa cuando conocieron al elegido: era uno de esos actores secundarios a quienes la gente identifica pero no recuerda su nombre, y además de eso no muy alto, no muy agraciado a simple vista, ni glamoroso. Y lo peor de todo... rubio. Hasta ahora habían perdonado que en sus últimas personificaciones Sean Connery luciera su incipiente calvicie y que Roger Moore hiciera acrobacias para atrapar a los villanos casi hasta los 60 años. Pero un rubio, nunca. Aun así, su casting, en el que interpretó una escena de Desde Rusia con amor (1963), convenció a los dueños de la franquicia Bond, Michael G. Wilson y Bárbara Broccoli. Ellos habían seguido su carrera, que cuenta, entre otros, con títulos como Munich, Road to Perdition y Lara Croft: Tomb Raider.

Más tardaron los realizadores en escoger al actor que los fans en protestar mediante la página web www.craignotbond.com, que invitaba a boicotear el rodaje. "¿Cómo puede un actor de corta estatura, rubio, con la cara áspera de un boxeador profesional y una preferencia por interpretar matones y maniáticos, hacer el papel de un agente alto, de pelo oscuro, bien parecido y sofisticado?", reclamaba el sitio. Al parecer, no tenía la apariencia del personaje que "todo hombre quisiera ser y a quien todas las mujeres quisieran meter entre sus sábanas", como lo describió el escritor Raymond Chandler. Ni tampoco el encanto del ícono de la identidad británica. La única similitud parecía ser que el actor de 38 años tiene la edad que se presume tiene Bond cuando se convierte en el 007. Por si fuera poco, Craig tampoco se ayudó mucho. A su presentación ante la prensa, a la que llegó en una lancha rápida, se apareció con un chaleco salvavidas protestando por el exceso de velocidad. Y no tuvo un buen recibimiento en el set de grabación, pues se dice que durante una escena de pelea se le rompió un diente.

Pero la suerte empezó a sonreírle y todo indica que los resultados fueron asombrosos. Ya fue contratado para dos películas más de la saga y los críticos le dieron el beneplácito. "Craig no es un buen Bond, es un magnífico Bond. La cinta es un choque eléctrico de 1.000 vatios al corazón, que trae a Bond de regreso a la vida", aseguró la BBC. "Es fácilmente el mejor Bond desde Sean Connery", afirmó The Guardian. Las razones que dan para explicar tal emoción es que Craig habría recuperado el espíritu original del personaje creado por el comandante de los servicios de inteligencia de la marina, el escritor británico Ian Fleming, tal como lo plasmó en su primera novela, Casino Royale, de 1953: "irónico, brutal y frío". Es una máquina para matar, un cínico con buen sentido del humor que utiliza métodos cuestionables para acabar con los 'malos', un patriota y un atractivo seductor, muy masculino, apasionado por las mujeres, los lujos y el martini.

La película ha revivido la 'bondmanía' con videojuegos y con el lanzamiento de dos nuevos libros -The Man Who Saved Britain y The Art of Bond- que analizan el fenómeno que nació para darle un sentido y devolverle el estatus a un país que había sido devastado por dos guerras mundiales, y que, llevado al cine en los 60, fue el símbolo de la lucha anticomunista en plena Guerra Fría. Hasta la reina Isabel asistió al estreno de la película del agente que está de nuevo "al servicio de Su Majestad".

Esta no es la primera vez que Casino Royale es llevada a la pantalla. En 1954, Barry Nelson protagonizó una adaptación para televisión, y en 1967, Peter Sellers, Orson Welles y Woody Allen hicieron una parodia para el cine. Y después de varios años de negociaciones, en 2000, Broccoli y Wilson finalmente obtuvieron los derechos para hacer la película. En ésta se narra el inicio de Bond como agente doble cero, una distinción que le otorga su licencia para matar. Su misión es vencer en un juego de póquer, en un casino en Montenegro, a un lavador de dinero apodado 'Le Chiffre' que se ha convertido en el banquero de los más grandes terroristas del mundo.

Aun así, posiblemente muchos seguidores van a extrañar los increíbles aparatos tecnológicos que se transforman en armas letales, característicos de la serie, pues aunque habrá unos cuantos, se trata de una versión más realista y de un Bond más humano que incluso se enamora perdidamente. Quizá también echen de menos la típica frase "agitado no revuelto" ("shaken, not stirred"), pues en esta oportunidad es transformada: "¿Te parece que me importa en algo?", le responde al barman cuando le pregunta cómo desea el martini, tal vez porque en esta etapa inicial el personaje está apenas convirtiéndose en el que el mundo ya conoce. Los antagonistas tampoco son supervillanos caricaturescos, ni locos megamaníacos que quieren apoderarse del mundo, sino seres algo más discretos con sed de riqueza. Esta ha sido la estrategia para liberar al personaje de los anacronismos. "Es un Bond mucho más moderno y se ajusta más a la actualidad que sus antecesores", explicó a SEMANA Eva Cohen, de la división de promoción de filmes de Cornestone.

Lo que no podía faltar es su tradicional "Bond, James Bond", que reserva para un momento especial. Ni tampoco algunos de sus juguetes favoritos, como su Aston Martin DB5, que gana en una apuesta, además de un modelo nuevo, creado para la película. Fueron necesarios 102 millones de dólares de presupuesto, seis meses de rodaje y locaciones en la República Checa, Las Bahamas y en el Lago Como y en Venecia, Italia, para realizar la cinta número 21, en los 44 años de vida cinematográfica de James Bond. Las películas suman en total alrededor de 1.272.656.129 dólares en taquilla, cifra que convierte la saga en una de las más exitosas de la historia del cine.

Encontrar el reemplazo de un Bond anterior nunca ha sido tarea fácil. "Cuando recibí la noticia de que tenía el papel, estaba solo y entonces salí a beber para celebrar. Desde luego no podía decirle a la gente del bar '¡soy James Bond!' Lo más probable es que hubieran llamado a un hospital siquiátrico", cuenta Craig. Es cierto. Nadie le hubiera creído, y muy pocos apostaban a su éxito. Incluso se decía que seguiría los pasos de George Lazenby, quien pasó sin pena ni gloria al hacer sólo una película del agente, porque no pudo con el mito que había creado Sean Connery. Después de todo, el actor escocés fue el encargado de darle rostro al personaje y de imprimirle su elegancia y particular cinismo en la primera película, El doctor No, de 1962. En total se puso el esmoquin de espía en siete ocasiones, aunque Nunca digas nunca jamás no es considerada una película oficial de la franquicia, pues no fue realizada por Eon Productions.

Craig ha reconocido que este es su Bond favorito y que incluso se puso en contacto con él, tal vez para pedirle un par de consejos que podrían haber funcionado, como asegura Cohen: "Craig es el más cercano y parecido a Connery".

El verdadero sucesor de Connery fue Roger Moore, quien aunque no fue bien recibido por la crítica especializada, sí lo fue por el público. Por ello también encarnó a Bond en siete aventuras. Le siguió otro fugaz actor, Timothy Dalton, quien hizo dos películas. Con el final de la Guerra Fría y la aparición del sida, las historias de espías no se ajustaban al contexto y la idea de un conquistador en serie era más bien vista como un mal ejemplo, que como algo heroico. El fenómeno Bond parecía condenado al fracaso hasta cuando el director Martin Campbell le dio un nuevo aire con Goldeneye (1995), protagonizada por Pierce Brosnan. Aunque tampoco fue aclamada por los críticos, tuvo una buena taquilla, que le dio al actor el derecho de hacer tres cintas más. El buen ojo de Campbell parece haber funcionado de nuevo con Craig, y esta vez con la prensa especializada.

Entre los seguidores hay unanimidad acerca de que Sean Connery es el mejor 007 y, por lo menos hasta el momento, parece irreemplazable. En cuanto al segundo puesto, la disputa ha estado entre Moore y Brosnan. Ahora ha entrado un nuevo competidor y si la crítica no falla, uno de talla mayor que espera conquistar un primer lugar.

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