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| 2/7/2015 10:00:00 PM

Strauss-Kahn vuelve a responder ante la justicia francesa

El exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn comparece de nuevo ante la justicia por un escándalo sexual. Esta vez deberá probar que ignoraba que su participación en varias orgías alimentaba una compleja red de proxenetismo.

"El tribunal no es el guardián del orden moral, sino del Derecho”. Con esa frase solemne el presidente de la corte que juzga a Dominique Strauss-Kahn por proxenetismo quiso darle un marco de dignidad a un affaire mediático durante el cual las prácticas sexuales del exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) han sido descritas crudamente. Llamadas a veces por las prostitutas involucradas ‘carnicerías’ o ‘masacres’, las fiestas en las que participaba Strauss-Kahn serían el producto de una compleja red ilegal que implicaba a varias personalidades europeas.

En esta primera semana del denominado ‘proceso del Carlton’, el tribunal comenzó a interrogar a varios de los inculpados, entre ellos Strauss-Kahn, quien ganó notoriedad mundial más por haber sido acusado de violación en 2011, que por su trabajo a la cabeza del FMI o por su posible candidatura a las presidenciales francesas de 2012 en representación del Partido Socialista.

DSK, como se le llama en Francia, es acusado de proxenetismo agravado en reunión, lo que en el derecho galo consiste a “ayudar, asistir o proteger la prostitución ajena”. Podría pagar hasta diez años de prisión y un millón y medio de euros de multa. El director, el propietario y el encargado de las relaciones públicas del hotel Carlton de la ciudad de Lille estarían implicados pues en ese establecimiento habrían tenido lugar varias de esas ‘carnicerías’. En total, 14 personas serán interrogadas por el tribunal durante tres semanas del proceso.

El escándalo estalló en 2011 cuando la Policía comenzó a investigar la existencia de una red de prostitución en el norte de Francia. En medio de las pesquisas, se conocieron varios mensajes que Strauss-Kahn habría enviado al empresario Fabrice Paszkowski, acusado también de organizar orgías con mujeres pagas. “¿A quién llevas en el equipaje?”, “¿Te gustaría descubrir conmigo una discoteca pícara en Madrid?”, “¿Vienes acompañado a Washington?” son algunos de los mensajes de DSK a su amigo.

Las fiestas habrían tenido lugar sobre todo en Lille, París y Washington. El principal ‘proveedor’ sería Dominique Alderweireld, apodado en el bajo mundo Dodo la Saumure (Dodo la Salmuera), dueño de varios prostíbulos en la frontera franco-belga. En 2014 bautizó uno de sus negocios DSK (Dodo Sex Klub) y anunció querer abrir otros dos, el FMI (Famous Massage International) y el Carlton Club.

Para aclarar los detalles logísticos y de financiamiento de esta red, los investigadores se han basado en los relatos de las prostitutas involucradas. “Abrí la nevera. Estaba vacía, o casi. Entonces supe que no tenía otra opción”, contó entre lágrimas la mujer conocida como Jade para explicar al tribunal cómo cayó en medio de la red de Dodo. Divorciada y con dos hijos, respondió a un ‘primer anuncio’ en el periódico y empezó a trabajar en uno de los antros de la Salmuera. Allí encontró a René Kojfer, director de Relaciones Públicas del hotel Carlton de Lille, quien le propuso clientes. A 200 euros por orgía, Jade satisfacía a varias personalidades en un apartamento cercano al hotel. Esos encuentros eran, según ella, “con clase” a diferencia de las ‘masacres’ en las que participaba DSK.

A lo largo de la investigación, Jade ya había dado detalles a la justicia sobre las noches con el político socialista: “Había un montón de cuerpos sobre colchones, brazos, piernas por todas partes”. En una de esas “verdaderas carnicerías”, los amigos de fiesta de DSK le ofrecieron 500 euros por un trío con el patrón del FMI, quien le impuso, según ella, relaciones anales sin preservativo, lo que ella normalmente rechazaba.

A causa de este crudo proceso, Strauss-Kahn no podrá reintegrase a la vida pública tan pronto como él lo hubiera deseado. Sabe que le es imposible volver a sus años de esplendor, cuando era un elogiado ministro de Industria bajo la Presidencia de François Mitterrand o de Economía con Lionel Jospin. Sin embargo, esperaba al menos recuperar un poco el honor perdido el 14 de mayo de 2011, cuando fue detenido en Nueva York acusado de haber violado a la mucama Nafissatou Diallo en el hotel Sofitel. En ese caso Strauss-Kahn no fue condenado, pero su nombre no quedó limpio. La única forma de obtener la paz fue una negociación económica. Según el periódico Le Monde, Strauss-Kahn habría pagado 6 millones de dólares de indemnización.

Desde que recuperó una tranquilidad relativa luego del affaire Sofitel, Strauss-Kahn empezó a reconstruir su vida. En 2013 apareció en varios eventos públicos acompañado de Myriam L’Aouffir, una esbelta rubia, fundadora de una agencia de comunicación. En septiembre de ese mismo año fue nombrado consejero del gobierno serbio y en mayo de 2014 creó el fondo de inversión DSK. Además, hace unos meses se le vio en una fiesta a la que asistió el primer ministro francés, Manuel Valls, y la cabeza del Partido Socialista, Jean-Christophe Cambadélis. Ya no parecía ser un paria para los miembros de su antiguo movimiento político.

Por eso, DSK se juega su nueva vida en este proceso. Su estrategia será la misma que ha llevado desde el comienzo: aceptar que tuvo relaciones sexuales con varias de esas mujeres, pero afirmar que no sabía que eran prostitutas. El político está relativamente tranquilo porque existen grandes posibilidades que no sea declarado culpable. “El procurador no va a pedir su condena, lo que permite predecir que no va ser condenado. Se le acusa de proxenetismo porque las fiestas habrían sido organizadas según su agenda y sus deseos, lo que es un poco tirado de las cabellos y difícil de demostrar”, explicó a SEMANA el periodista Didier Specq, especialista de líos judiciales y autor de DSK chez les Ch’tis, un libro sobre el proceso.

Pero antes de conocer el veredicto, DSK tendrá que soportar la mediatización de sus prácticas sexuales. Afortunadamente para él, en Francia nunca ha habido un discurso moralista sobre sus gustos. A diferencia de Estados Unidos, donde las figuras públicas deben ser ejemplares y tener familias modelo, en el país galo la vida privada no es juzgada con la misma severidad. Durante el caso del Sofitel de Nueva York, los franceses le recriminaban la violación, no que le hubiera sido infiel a su mujer.

Al menos durante tres semanas, Dominique Strauss-Kahn deberá interrumpir su reintegración y concentrarse en su defensa. Eso sí, durante lo que queda de proceso, la dignidad que el presidente del tribunal quiere darle al juicio quedará sepultada ante la descripción de las actividades sexuales del que fue uno de los hombres más poderosos del mundo.
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