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| 5/27/1996 12:00:00 AM

SUBASTA O ENGAÑO?

LOS PRECIOS EXORBITANTES ALCANZADOS POR LAS PERTENENCIAS DE JACQUELINE KENNEDY ONASSIS DEMUESTRAN QUE EL MITO DE SU FAMILIA AUN EMBAUCA A MUCHOS NORTEAMERICANOS

Los precios exorbitantes alcanzados por las pertenencias de Jacqueline Kennedy Onassis demuestran que el mito de su familia aún embauca a muchos norteamericanos.La semana pasada uno de los temas que cautivó la atención mundial fue la subasta que realizó Sotheby's, de más de mil objetos personales que pertenecieron a la fallecida Jacqueline Kennedy Onassis. El principal comentario se lo llevaron los exorbitantes precios que los asistentes pagaron por objetos insignificantes, como un juego de almohadas rematado en 23.500 dólares, o por otros un poco más llamativos, como el escritorio donde el presidente John F. Kennedy firmó tratados transcendentales como el del veto a las pruebas nucleares. Una verdadera conmoción causó la cifra pagada por el anillo de diamantes que Aristóteles Onassis le regaló cuando le propuso matrimonio, una pieza que estaba estimada en apenas 500.000 dólares y terminó en manos de un comprador anónimo por la suma de 2,6 millones de dólares. Otro de los precios más altos lo recibió un humedecedor de cigarros por la suma de 574.500 dólares. La famosa mecedora de Kennedy, cuyo precio estaba entre 3.000 y 5.000 dólares, fue rematada en 453.500 dólares. Su equipo de golf fue adquirido por Arnold Schwarzenegger, esposo de su sobrina María Shriver, quien pagó por el juego 772.500 dólares.Los clientes, además del precio final, tuvieron que pagar un 15 por ciento de comisión a la casa de subastas. El viernes, al finalizar la jornada, los directivos de la casa Sotheby's registraron un ingreso de más de 30 millones de dólares, monto muy superior a los 4,5 millones presupuestados. Desde el primer día, cuando las ventas ascendieron a 4,5 millones de dólares por 71 artículos, la subasta se vislumbró como la más importante del siglo, por encima de otras célebres como las de los duques de Windsor y del artista Andy Warhol. Si bien la de Wallis Simpson y Eduardo VII _pareja que vivió uno de los romances más intensos de la historia_ se llevó el título de la subasta del amor, sin duda la de Jacqueline fue la del glamour y la distinción.El gran éxito de la subasta se debe a que la casa Sotheby's, con el pretexto de no explotar el nombre de los Kennedy, estableció los precios básicos teniendo en cuenta el valor que tendrían como artículos de segunda mano, y no por haber pertenecido a esa legendaria familia. Pero como era de esperarse, el interés de los compradores en todo el mundo por acceder a cualquiera de estos artículos hizo que el costo de muchos de ellos se desorbitara. Aunque los directivos de Sotheby's no podían contener su emoción, la subasta causó indignación dentro de un grupo de coleccionistas expertos. Ellos todavía no entienden cómo objetos sin ningún valor histórico, como un texto de gramática francesa que perteneció a Jackie, fue vendido por 42.550 dólares. Tampoco conciben que una cinta métrica de Tiffany's haya sido vendida en un precio similar.Pero estos sólo son algunos de los muchos ejemplos. La verdad es que una de las grandes sorpresas de la subasta fue constatar que en la residencia de la ex primera dama, así como había cosas de exquisito gusto, había otras que perfectamente podrían pertenecer a cualquier familia bogotana. Como es obvio, la mejor parte de sus objetos ya se la habían llevado sus hijos, Carolina y John Jr., para donarlos a la biblioteca que lleva el nombre de su padre. Por lo tanto los lotes de la subasta eran simplemente los desechos del cuarto de San Alejo. Para los expertos, el único motivo por el cual los artículos llegaron a cifras astronómicas era haber pertenecido a Jacqueline. Incluso la revista New York llegó a establecer que "lo que se puso en venta en el remate no fueron los diferentes ítems sino el prestigio y renombre de la propia Jacqueline Kennedy".Pero los precios no fueron el único blanco de crítica de la subasta: para muchos lo más absurdo es cómo una mujer que en vida luchó por mantener un bajo perfil terminó, después de su muerte, expuesta a la publicidad y con más de un centenar de sus objetos personales en manos del mejor postor. En este sentido, para muchos la subasta ha sido como profanar la tumba de un rey egipcio: sus más íntimos secretos quedaron al descubierto cuando se publicó el catálogo con fotos inéditas de su apartamento, al que ella nunca permitió que entraran cámaras. Teniendo en cuenta que los objetos de una casa hablan de su dueño, con ese material todo el mundo pudo conocer los rasgos más privados de su personalidad, que ella no hubiera estado dispuesta a revelar.Sotheby's ha justificado la venta tras argumentar que Jackie tenía demasiadas pertenencias, muchas de ellas almacenadas en bodegas, y de alguna manera era necesario deshacerse de ellas. Además, la subasta podría traer dinero extra para pagar los impuestos que sus hijos debían cancelar por las propiedades que heredaron. Sea lo que sea, con la subasta la casa Sotheby's creó un perfecto montaje donde intentaba apelar al sentimentalismo y la nostalgia de los estadounidenses. Pero finalmente los expertos pudieron confirmar que en el fondo los factores emotivos e históricos fueron los grandes ausentes, dejando al descubierto un simple propósito comercial. Para los felices compradores, quienes vieron siempre a la primera dama como una figura inalcanzable, la subasta fue la oportunidad de acercarse a ese mundo refinado y sofisticado que ella siempre simbolizó.
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