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| 10/11/2014 10:00:00 PM

Talento importado

Cada vez más presentadores y periodistas extranjeros ocupan espacios informativos en la televisión nacional. , 405710

“¿Por qué contratan a una periodista española si hay tantos profesionales colombianos buscando trabajo?”, es un comentario frecuente en la página de Facebook del programa Los Informantes del Canal Caracol. La aparición hace seis meses de una catalana de 30 años llamada Elisabet Cortiles como integrante de un equipo de seis periodistas en este espacio indignó a varios televidentes que le dieron más importancia a su acento que a su capacidad de narrar historias. Ella misma reconoce que ese comentario no ha dejado de sonar desde que se radicó en Colombia, pero los cumplidos por su labor son cada vez más numerosos.

No es un fenómeno nuevo que periodistas extranjeros ocupen posiciones en medios nacionales. El de la columnista Salud Hernández Mora es un ejemplo de periodistas de otras latitudes que se la juegan por contarle a Colombia sobre Colombia. Hoy la presencia de extranjeros en televisión es mucho mayor, y sus experiencias revelan lo que han hecho por trabajar en un lugar lleno de historias a la vez trágicas y únicas, o para seguir un amor y una carrera.

Adaptarse a un nuevo país nunca es fácil. Cortiles tiene una larga trayectoria en televisión, y como ‘mochilera’ se ha expuesto a muchas culturas en sus viajes por América Latina y Asia. Pero Bogotá la impactó. Sus reportajes le han permitido vivir el conflicto en Colombia de cerca y contar historias como la de un joven que se reunió con su familia después de ser reclutado forzosamente por las Farc cuando niño y someterse a un proceso de reinserción. A la reportera le sorprende la inquietud política de los colombianos, “que un taxista te hable de ese tema no pasa en España”, si bien anota que casi no miran qué está pasando fuera de las fronteras.

A Andreína Solórzano, la venezolana que presenta los temas de cultura en el noticiero CM&, le atrajeron las historias, pero también el amor. En 2009, cuando trabajaba en una emisora de radio en Caracas, el gobierno expropió una estación vecina, y ella sintió que lo mismo le podría pasar. Al comienzo tardó en adaptarse a Bogotá, pues su corazón era más afín al Caribe. “Me costó leer a los bogotanos. Esa diplomacia, seriedad y gentileza un poco fría y distante, sobre todo de las mujeres, me impresionó. Pero creo que me adapté, y hoy puedo decir que soy un poquito rola”, asegura con una sonrisa. Según Solórzano no hay lugar en el que un venezolano se sienta más en casa que en Colombia, y que si no fuera porque su familia vive aún en el país hermano, este sería su hogar. Profesionalmente vive una etapa emocionante: “Llegué en el momento preciso por todo lo que se está moviendo en Bogotá, una ciudad con una riqueza cultural interesante. En este campo, y en el de la moda, el ejercicio periodístico es muy enriquecedor”.

Marina Granziera llegó a Blu Radio y luego al Canal Caracol hace poco más de dos años. La coyuntura previa al Mundial de Brasil ayudó a su llegada, pero su historia tiene tatuada un amor colombiano. Nacida en Sao Paulo, Granziera vino a Bogotá junto a quien es hoy su marido luego de trabajar en la cadena Telemundo en Miami. La incertidumbre de qué pasaría con su carrera, que no planeaba descuidar, encontró solución en Javier Hernández Bonnet, a quien conoció en esa ciudad y la animó a radicarse en Colombia. Los choques culturales no la golpearon pues ya había vivido aquí por motivos del trabajo de su papá. Marina terminó su bachillerato en Bogotá y no es extraño escucharla decir cosas como “ni pu’el chiras”.

Los colombianos suelen deslumbrarse con los extranjeros, pero también son muy duros al criticarlos. Granziera afirma: “Tuve la gran fortuna de que el Mundial fuera en Brasil. En ese sentido me abrió puertas para poder hacer cosas como el noticiero de la noche en Caracol, que empecé por el evento y siguió. Ser extranjero abre puertas, pero estas no se quedan abiertas porque uno venga de otro lado”. Andreína afirma que en su caso eso no ha influido, mientras Elisabet reconoce que ambas cosas, talento y acento, siempre llaman la atención.

Adrián Magnoli, argentino de 55 años, presenta la sección de deportes en la emisión nocturna de CM& que ocupaba César Augusto Londoño. Llegó hace 12 años a Colombia con un sueño distinto: dirigir el Deportivo Pereira. Estudió para director técnico en Argentina junto al exjugador y entrenador José Fernando Santa, y de su mano llegó a la capital de Risaralda. Magnoli trabajaba en una empresa de control de calidad de pollos en Buenos Aires, pero impulsado por Santa dio el salto a este país que describe como el de “la mamadera de gallo”. Sin embargo, nada de lo que le habían prometido se hizo realidad y sin un proyecto fijo le tocó remar contra la corriente.

Una llamada de La Mega lo trajo a Bogotá el año pasado. Saltó a la televisión en Loca Pasión, y poco después presentó un casting y entró a CM&, donde noche tras noche Yamid Amat le pide que “siga milongueando”. El argentino asegura que ser extranjero lo pone en un limbo: “Por hablar distinto es más fácil moverse en el medio. Hay muchas personas más preparadas que yo. Ser argentino, haber jugado fútbol, ser simpático me ha abierto puertas”, asegura, pero también valora su recorrido antes de llegar al periodismo. “Estuve en el teatro de los hechos, o sea que toqué piano y puedo enseñar y hablar de música”, agrega.

La analista Laura Gil, uruguaya de nacimiento y colombiana por adopción, conduce el programa ‘hashtag’ de Canal Capital hace más de dos años. Gil, más que extranjera, se considera una colombiana que nació en otro país, y aún conserva su acento del sur a pesar de llevar 35 años fuera de Uruguay. La internacionalista defiende sus posiciones con base en el análisis, pero eso no la ha blindado de ataques feroces: “La pelea que aguanté por mi posición en el tema de Colombia y Nicaragua fue muy pesada, y me limitó en muchas cosas. Por más colombiana que yo me sienta, la gente no me ve así”, confiesa. Adaptarse al país le tomó un año sufrido, luego del cual supo que así tuviera que divorciarse de su marido, se quedaría aquí. No es una cara nueva, pero su llegada a la televisión valida una credibilidad que se ha ganado a pulso. Para ella, Colombia es muy parroquial en el tema de juzgar a quienes opinan distinto, en especial si nacieron en otro lugar.

Laura pide que la reciban de sus viajes con ajiaco. Andreína Solórzano se enloquece por los sancochos con leche de coco y pescado. Elisabet quedó enamorada del Valle del Cocora y se debate entre el vallenato y la salsa como su música favorita. Magnoli cuenta que Totó la Momposina le genera la misma veneración que Mercedes Sosa, que quisiera ser viejito en Risaralda y que su papá, que vive en Buenos Aires, enloqueció con el sabor de las arepas. Todos coinciden en que por ahora se encuentran en el lugar indicado.

El columnista Omar Rincón, observador agudo de la pantalla chica nacional, no cree que haya una tendencia creciente de extranjeros en la pantalla, “simplemente pasa”. Pero concluye que su llegada a los noticieros y programas de opinión mejora la calidad de la televisión colombiana pues “al presentar otro modo de hacer lo mismo, por lo menos hay otros referentes”.
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