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| 5/15/1989 12:00:00 AM

¿ TAMBIEN TU, ANA ?

Cuatro cartas de amor robadas, ponen seriamente en peligro el matrimonio de la princesa Ana de Inglaterra.

Tengo cuatro cartas que les van a parecer muy interesantes", dijo una voz anónima telefónicamente al conmutador del periódico The Sun de Inglaterra. Inmediatamente, el personal del tabloide, el de mayor circulación en todo el Reino Unido (5 millones de ejemplares), se puso en alerta en espera de la chiva. Pocos minutos después caía en el buzón el anunciado paquete. El contenido resultó más explosivo de lo que hubieran podido imaginar: cuatro cartas de amor de un joven y apuesto comandante de la Marina Británica y edecán de la reina Isabel de Inglaterra, dirigidas, nada menos, que a la princesa Ana.
El periódico, en un acto de discreción poco común en su trayectoria sensacionalista, decidió no publicarlas y se las entregó a Scotland Yard. Rápidamente se descubrió que habían sido robadas del secreter privado de la princesa en sus oficinas del Palacio de Buckingham. Inmediatamente se desplegó un operativo para localizar al ladrón.
Aunque las cartas no fueron publicadas, 48 horas después de su entrega no quedaba un solo ciudadano inglés que no estuviera al tanto de su existencia. El chisme era demasiado bueno para poder mantenerse en reserva y todos los periódicos lo cogieron al vuelo, con titulares cada vez más grandes para no quedarse atrás. "Se divorciarán", tituló The Daily Mail. "Estoy enamorado de Anne, confiesa el edecán a sus amigos", encabezó la primera página The Sun, y así sucesivamente.
Los rumores de que el matrimonio, de quince años, de la princesa Ana y su marido el capitán Mark Phillips iba mal, circulaban desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, como sucede con frecuencia en las parejas de la realeza, que cada uno ande por su lado es cosa que no extraña a nadie. Es el caso del príncipe Carlos y Diana Spencer, e incluso el de la propia reina Isabel y el principe Felipe, quienes no sólo no comparten lecho sino que cada uno tiene un apartamento independiente en Buckingham Palace. Pero una cosa es la independencia y otra el escándalo. Y cuatro cartas de amor en boca de todos los súbditos de su majestad, parecen estar rebosando la copa. Seriamente se está especulando que el matrimonio no sobrevivirá al escándalo y que el divorcio es inminente. Tan pronto se supo el asunto, el capitán Mark Phillips tomó un avión a España, alegando un viaje de negocios. Antes de partir, los periodistas alcanzaron a interrogarlo y se limitó a contestar: "Hace dos días no veo a mi esposa ni a nadie del Palacio, pero espero hacerlo cuando regrese de este viaje". La princesa Ana, con sorprendente naturalidad, prosiguió su vida oficial cortando cintas en toda clase de inauguraciones, sin registrar mayor angustia. El "novio", el comandante Timothy Laurence, fue objeto de una licencia en su cargo como edecán de la reina y hasta ahora, nadie ha sabido de su paradero.
De lo que sí se ha sabido algo, es de la relación del edecán y la princesa. Como también sucede con frecuencia en la realeza, los une la afición a montar a caballo. Y la amistad que nació en concursos de salto y jornadas de caza se tornó cada vez más afectuosa. La pareja no tenía problema para verse ya que ella, como hija de la reina, y él, como su edecán, trabajan en el Palacio de Buckingham. Según amigos de Laurence, Tim se había enamorado locamente de Ana y la princesa no era indiferente a sus atenciones. Tan es así, que lo convirtió en uno de los tres miembros de la junta directiva que la asesora en todas sus obras de caridad. Recientemente, cuando Timothy enfermó, la princesa se tomó la molestia de conducir diariamente durante una hora hasta su residencia en Hampshire para visitarlo. El comentario entre los que conocen la relación es que la devoción de la princesa durante la enfermedad los unió más que cualquier otra cosa.
A diferencia de lo sucedido hace dos años, cuando se rumoró que el príncipe Carlos y Diana podían llegar a separarse, en esta ocasión el Palacio de Buckingham se abstuvo de negar las informaciones publicadas. En un escueto comunicado, se limitó a aceptar que cuatro cartas privadas de la hija de la reina habían sido robadas de su oficina, y que el autor de éstas era el edecán de la reina. Además de esta aceptación tácita de la situación, se supo que, por primera vez, la reina Isabel había decidido no convocar a la reunión familiar que invariablemente cita cada vez que se presenta una crisis conyugal de esta naturaleza. En el caso de Carlos y Diana, hace dos años los llamó al orden y prácticamente les ordenó que tenían que arreglar la situación para acallar los rumores. Nada de eso sucedió esta vez, lo cual ha sido considerado como un indicio de que la reina ya está resignada. El único antecedente de divorcios reales en la Corte de Inglaterra es el de su hermana, la princesa Margarita y Antony Amstrong Jones, hace unos diez años. Esto significa que, con la excepción del heredero de la corona, los otros miembros de la familia real pueden hacer de sus vidas "borrón y cuenta nueva". Por el momento, toda Inglaterra está pendiente de cuál será la posición de Mark Phillips cuando regrese esta semana de su apresurado viaje a España.
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