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| 7/4/1983 12:00:00 AM

"TENGO ENEMIGOS, LUEGO EXISTO..."

Al cumplirse un año de la derrota del liberalismo y de su descalabro personal Ernesto Samper se las ingenia para mantenerse políticamente vivo.

Ernesto Samper pasó de ser furibundo belisarista a ser el jefe de la campaña electoral lopista. Al respecto, se dice que el siguiente diálogo tuvo lugar después de la derrota:
E. Samper."Mire doctor López cómo es la vida, si me hubiera quedado con Belisario hoy sería ministro... " Alfonso López. "Y yo sería presidente ".
Es probable que hace un año, al terminar las elecciones presidenciales, el hombre más desprestigiado de Colombia fuera Ernesto Samper Pizano. Había sido derrotado su candidato, Alfonso López, cuya campaña electoral había corrido bajo su responsabilidad. Dos meses antes, el propio Samper había fracasado como aspirante a senador de la República, pasando a la historia como la única persona que a pesar de haber elaborado las listas, había logrado no salir elegido.
Por entonces, pocos aspirantes al servicio público habían visto su prestigio caer tan bajo. Quien antes fuera el mago de las relaciones públicas en el sector privado, durante sus años en Anif, lograba ahora granjearse la enemistad de la mayoría de la clase política de su propio partido. El niño prodigio del mundo financiero se constituyó, ante los ojos de sus múltiples malquerientes, en uno de los principales protagonistas de la caída del liberalismo.
Ante estas circunstancias, un individuo menos audaz y persistente probablemente hubiera optado por abandonar la política para volver al medio en que se desenvolvía como pez en el agua, o por lo menos--de mantener sus aspiraciones políticas--se hubiera transado por un discreto retiro transitorio, con la disculpa de escribir un libro o alguna fórmula de reencauche parecida, mientras la opinión pública lo amnistiaba. El no. Con la única herramienta que aún le quedaba en la mano, su imbatible sentido del humor, empezó de nuevo. Tras un breve período que él llama "de convalecencia", volvió a actuar como si fuera un personaje importante, haciendo abstracción de cualquier evento reciente.
Terminado el mes en que se fue a Europa "a caminar despacio y tomar caldito donde nadie me viera", logró a su regreso montar, en menos de dos meses, lo que hoy es el Instituto de Estudios Liberales. Para unos, lo que ha hecho es su propia Anif particular; para otros, ha organizado un bunker lopista y, finalmente, para otros más, ha logrado poner en pie el principal centro de inspiración ideológica para la renovación del partido. Originalmente, todas tres interpretaciones eran parcialmente ciertas, pero la tenacidad de Samper logró que gradualmente fuera imponiéndose la tercera, de tal manera que hoy el Instituto es un organismo serio que está jugando un papel importante en la reestructuración del partido liberal, y que milagrosamente, a pesar de estar encabezado por él y por el propio López, ha logrado dejar atrás la identificación grupista y funcionar como eje del engranaje de todo el sector oficialista del partido.
Al principio, relata Samper, en el Instituto "sólo nos ocupábamos en pensar en qué nos íbamos a ocupar. Yo tomé bajo mi responsabilidad directa la distribución de los escritorios y la supervisión de que todo el mundo tuviera esfero y lápiz rojo". Se mataban las interminables horas libres que siguen a las derrotas en especulaciones infinitas sobre las causas de ésta. "Llegué inclusive a pensar en publicar un folleto llamado 48 respuestas a por qué perdimos en la Costa" que contemplaba causas como la ruina en la cosecha de arroz hasta que las camisetas rojas habían quedado mal impresas". Cuenta que la primera vez que llegó un periodista a la sede, tras seis meses de fundada, "le destapamos champaña".
Todo esto ha cambiado. Según Samper, en la actualidad tres mil personas visitan semanalmente las instalaciones del partido. En el Instituto no hay tema que no haya sido objeto de un foro, ni personaje en cuyo honor no se haya ofrecido un almuerzo. Se traen expertos, frecuentemente internacionales, que disertan sobre tópicos tan disímiles como el interferón, la tecnología norteamericana para ganar elecciones y el cultivo de la coca, junto con aquellos temas que el Instituto considera que deben formar parte del futuro programa del partido liberal.
Cuando se refiere a estos últimos, Samper abandona transitoriamente su gran sentido del humor, pone cara de estadista y adopta un tono entre pomposo y trascendental, con el que cuenta que en el momento se están estudiando los problemas de viviedda popular y desarrollo urbano, la emergencia económica de 1983, el proyecto de reestructuración del partido, entre otros. Y cuando el interlocutor empieza a aburrirse de sus interpretaciones grandilocuentes de la problemática nacional, Ernesto Samper suelta un magistral apunte que devuelve la conversación a tierra.
Otro de los factores que ha pesado en su asombrosa recuperación es su capacidad de desplazarse a todas partes para improvisar con gran seriedad sobre cualquier tema. No hay auditorio que no merezca su atención. Desde los leprosos de Agua de Dios, hasta los estudiantes de tercer semestre de agronomía de un politécnico, son acreedores a arengas o conferencias suyas.
Aunque no siempre hay muchos asistentes en ellas, lo que nunca falta son periodistas. Elemento clave en su modus operandi es su dominio de los medios de comunicación. En esto se hizo ducho desde sus días de Anif, donde cualquier propuesta lanzada por él era objeto de polémica nacional.
Hoy en día, una rueda de prensa de Ernesto Samper logra más concurrencia y repercusión que la de muchos ministros. Tanto sus admiradores como sus detractores dicen observar en su personalidad rasgos tanto de López como de Turbay. Del primero parece tener la habilidad de consignar en frases publicitarias conceptos originales y lúcidos que a veces rayan en el sofisma. Se ha inventado, entre otras teorías, la de la "legalización de la marihuana", la de "la desaparición de la clase media" y la "estrategia de las 4 erres para que el partido regrese al poder (renovación, reconstrucción, etc.)".
Si de López ha adquirido el manejo de las ideas, de Turbay tiene el manejo de las personas. Al igual que el ex presidente, Samper es el mejor amigo de sus amigos y no hay esfuerzo que no haga por ellos. Sus vínculos tradicionales con el gran mundo de las finanzas y los más recientes con el mundo de la política, hacen de él una "palanca" certera para cualquier gestión. Como Turbay, irradia calor humano en el trato personal, y crea un ambiente de confianza y camaradería con cualquiera que lo escuche.
Esta combinación de metodología turbayista y retórica lopista han convertido a Ernesto Samper Pizano, al año de su derrota personal y de la de su partido, en un elemento clave dentro de éste. Esto lo ha logrado a pesar de sus escasos 32 años, de carecer de electorado propio, de las volteretas que lo han llevado a ser el protegido de Jaime Michelsen, luego de Belisario y finalmente de López, y de su status de "paracaidista" en política.
Tal curriculum no podía dejar de acarrearle la animadversión de muchos. Si la importancia en la vida pública se mide por el número de adversarios que uno genera, hay que admitir que Samper es un Grande. Interrogado sobre si su supervivencia política se ve amenazada por esto, Samper responde, como el filósofo: "Al contrario. Tengo enemigos, luego existo". -
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