Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/07/04 00:00

TESTIGO OCULAR

Cumple 90 años el magnate Armand Hammer, amigo de Lenin y testigo excepcional del siglo XX.

TESTIGO OCULAR

Si fuera colombiano, hace rato que habría entrado en la categoría de los patricios inmemoriales. El doctor Armand Hammer cumplió 90 años de edad la semana pasada. Pero no es solamente su longevidad ni los muchos millones que ha acumulado lo que le dan la talla histórica de que disfruta en vida, sino su larga permanencia en la cima del mundo capitalista, sin que hoy haya perdido un ápice del control férreo que siempre ha ejercido sobre su múltiples empresas.
Resulta paradójico que el zar de la Occidental Petroleum, matriz de la Oxy de Colombia, tan atacada por la guerrilla del ELN, haya sido en su juventud un comunista convencido y el primer hombre de negocios occidental en abrir el camino del intercambio comercial con la recién creada Unión Soviética.
El joven Hammer desde 1919 se había hecho millonario aprovechando que una bebida alcohólica, la "tintura de jengibre" había escapado momentáneamente a la prohibición que rigió en Estados Unidos durante esos años. Para cuando las autoridades corrigieron su error, ya Hammer, que tenía 21 años y era estudiante de medicina, había inundado el mercado y sentado las bases para el imperio que acabaría por construír.
Un par de años más tarde, Hammer viajó a la Unión Soviética, donde se hizo cercano amigo de Lenin, quien le otorgó concesiones para intercambiar minerales rusos por granos norteamericanos. En ese trajín permaneció 9 años, residiendo en un elegante apartamento moscovita que aún hoy usa en sus frecuentes visitas al Kremlin. Al regresar, el médico se trajo consigo, además, una fortuna en obras de arte medievales y la seguridad de que no habría fronteras ideológicas, ni de ninguna otra especie que pudieran impedir su acceso a la cumbre.
Superada la era de la prohibición del alcohol en Estados Unidos, el doctor Hammer se dedicó a producir whisky para una sociedad que se encontraba sedienta tras años de abstinencia forzada. A pesar de esa circunstancia, esta es la época más dura en la vida del magnate: su segunda esposa resultó alcohólica y su único hijo fue acusado de asesinato. La noche oscura finalmente terminó en la década de los cincuenta, cuando se casó con su actual consorte y conoció al otro gran amor de su vida: la entonces insignificante Occidental Petroleum. En 1956, la empresa estaba al borde de la quiebra y Hammer le prestó US$100 mil, una suma astronómica en esa época. Al año siguiente, asumió el control de la compañía, con el mismo puño de hierro con que la maneja hoy en día.
Al llegar a los 90, una edad en la que la gran mayoría de los hombres ha entrado hace tiempo en el limbo del retiro y los recuerdos, Hammer es aún un polo de atracción irresistible en el mundo de los negocios. Su más reciente jugada fue la fusión de Oxy con Cain Chemical Co., en una transacción que costó US$1.250 millones, pero que colocó a la empresa en el rango más alto de la industria en los Estados Unidos. En adelante, Oxy no solamente estará en el juego del petróleo, sino que entrará en la producción de etileno y otros químicos claves en el desarrollo industrial del fin de siglo. Como dice el magnate, "ahora tenemos dos caballos en la carrera".
A pesar de su aura, Hammer es blanco de frecuentes críticas que se enfocan, por un lado contra su tendencia a la figuración personal, que lo lleva a viajar constantemente por el mundo en su fastuoso Boeing 727 -el único avión privado que puede entrar a la Unión Soviética- y por el otro contra su predilección por proyectos internacionales de dimensiones gigantes, que casi nunca dan las utilidades esperadas. Un contrato con Rusia firmado en 1974, para producir fertilizantes, escasamente ha pagado sus costos, y un proyecto de minería de carbón en la China por US$750 millones, ha estado plagado de líos de financiación y mercadeo. Actualmente, bajo la era Gorbachov -de quien se dice es cercano amigo de Hammer y quien lo invitó como único observador occidental a la cumbre de Moscú- su plan estrella es la construcción de un complejo petroquímico en la Unión Soviética, con participación italiana y japonesa y cuyo costo no sería inferior a los US$6 mil millones.
Esas aventuras extranjeras lo hacen el terror de Wall Street. Como dijo un analista financiero de la Bolsa de Nueva York, "Oxy trabaja bastante bien a pesar del doctor Hammer". Y es que lo novelesco de su vida diaria comienza con la manera como se mantiene firmemente al timón, a pesar de que no es propietario de más del 1% de las acciones. Su permanencia ha sido en buena parte el resultado de su ascendiente sobre los accionistas individuales, pero ese perfil está cambiando rápidamente, al punto que casi el 50% del capital está hoy en manos de inversionistas institucionales, que no "comen cuento" con la megalomanía del nonagenario.
Pero lo cierto es que Hammer no parece dispuesto a dejar la presidencia de Occidental sino para bajar al sepulcro. Esa posibilidad se antoja lejana aun a despecho de su avanzada edad. Su protagonismo no ha descendido un ápice, y su cumpleaños, al que asistieron sólo los más íntimos -300 invitados-, estuvo tachonado de estrellas del alto mundo de las finanzas, la política y hasta la farándula. Su último gran proyecto es la paz mundial, en esa dirección se ha entrevistado con gran número de líderes de las más variadas tendencias, y se ha llegado a afirmar que jugó papel clave en la retirada de los rusos de Afganistán. Nada parece detener a este hombre que, como muy pocos en el mundo, puede jactarse de la coincidencia entre su vida y la historia del siglo XX.

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