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| 5/28/2011 12:00:00 AM

'The good wife'

Como en la popular serie de televisión estadounidense, la multimillonaria esposa de Dominique Strauss-Kahn lo perdonó en el pasado y ahora va a pagar su defensa. Sin embargo, no es seguro que siga con él después de lo que oirá durante el juicio.

Cuando Anne Sinclair descubrió en 2008 que su esposo, el hoy exdirector del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn (DSK), la había engañado con una economista húngara, no tuvo reparos en perdonarlo públicamente. "Todo el mundo sabe que ese tipo de cosas pasan -dijo en esa ocasión-. Fue una aventura de una noche que ya quedó en el pasado". Desde entonces le llegaron muchos más rumores que confirmaban su fama de mujeriego, pero nunca les dio crédito. En una entrevista con el semanario L'Express le preguntaron si le molestaba que su marido tuviera esa reputación, y ella sencillamente dijo que no: "Al contrario, ¡me enorgullece! Es importante que un político sepa seducir".

Hace pocos días volvió a dar muestras de esa actitud condescendiente cuando se enteró de que las autoridades estadounidenses habían arrestado a Strauss-Kahn porque supuestamente abusó de una camarera en el hotel donde se estaba hospedando en Nueva York. "No creo ni por un segundo en las acusaciones contra mi esposo. Estoy segura de que se probará su inocencia", publicó en un comunicado. Una vez llegó a la Gran Manzana proveniente de París, Anne pagó la fianza de un millón de dólares que exigía la Corte de Manhattan para sacarlo de la cárcel y dio otros cinco millones más como garantía. Fuera de eso, alquiló una casa por 50.000 dólares mensuales en el exclusivo barrio TriBeCa, donde DSK deberá permanecer detenido mientras espera ser juzgado, y se comprometió a pagar los cerca de 200.000 dólares que cuesta su seguridad privada.

La entereza con la que esta mujer de 62 años ha asumido el escándalo ha dejado perplejos a los medios del mundo entero, pero quienes la conocen aseguran que su paciencia tiene límites y que es poco probable que vuelva a perdonar a su esposo en el futuro. Por cuenta de este episodio, DSK no podrá aspirar a la Presidencia francesa en 2012, y ella, por lo tanto, perdió todo chance de ser primera dama, a pesar de que varios sondeos la mostraban como favorita, incluso por encima de la esposa actual de Nicolas Sarcozy, la popular exmodelo y cantante italiana Carla Bruni.

Sinclair es conocida en Francia por haber sido la presentadora estrella de
7 sur 7, un programa de entrevistas que transmitía la cadena de televisión TF1 en los años ochenta. Por su set pasaron más de quinientos personajes, incluidos los políticos François Mitterrand, Mijail Gorbachev y Bill Clinton, y celebridades como Madonna, Woody Allen y Paul McCartney. El show tenía cerca de doce millones de televidentes todos los domingos y en poco tiempo la convirtió en una de las caras más famosas del país. No en vano el escritor húngaro Elie Wiesel, uno de sus amigos más cercanos, alguna vez la describió como "una mezcla entre Charlie Rose y Barbara Walters".

La fortuna de Anne viene de su abuelo materno, Paul Rosenberg, uno de los coleccionistas de arte más prestigiosos del mundo, quien además fue amigo personal de pintores como Pablo Picasso, Henri Matisse y Braque. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Rosenberg escondió sus obras en tres lugares diferentes de París para que los nazis no se las llevaran. Tras la victoria de las fuerzas aliadas, logró recuperar la mayoría de cuadros, algo inusual entre los judíos que sobrevivieron al Holocausto.

Su padre, miembro de la resistencia francesa durante la guerra, cambió su apellido original, Schwartz, por uno menos judío, Sinclair, para evitar ser perseguido. La periodista francesa es entonces heredera del tesoro de su abuelo, por lo que algunos estiman que su capital es de cientos de millones de dólares. Nada más en 2007, la casa de subastas Christie's vendió una pintura de Matisse perteneciente a la familia en 34 millones de dólares. Anne y Strauss-Kahn se conocieron en 1989, cuando él empezaba a consolidar su carrera política. Según dijo a The New York Times el biógrafo Michel Taubmann, Sinclair quedó "subyugada" de inmediato por la inteligencia y el carisma de DSK. Aunque ambos mantuvieron su relación oculta durante un tiempo, en los círculos sociales de Francia todo el mundo sabía que eran amantes. Después de divorciarse de sus respectivos esposos, se casaron en 1991. Ella tenía dos hijos de su anterior matrimonio, mientras que él ya había estado en el altar dos veces y tenía cuatro hijos.

Seis años más tarde, Anne renunció a su programa cuando su esposo fue nombrado ministro de Finanzas, para evitar un conflicto de intereses. Aceptó seguir trabajando en TF1 en un cargo de menor influencia y, según declaró a la prensa en ese momento, no le importó dejar de lado su carrera: "Después de pasar 13 años entrevistando políticos, deja de fascinarte el poder". Sin embargo, es un secreto a voces que ella es la mujer detrás de las aspiraciones presidenciales de su marido. Hace unos días, un amigo cercano a la pareja le dijo al diario Le Monde que Anne quería vengarse de la historia y "probar que 75 años después de Leon Blum, los franceses eran capaces de elegir a otro judío como mandatario". Otra versión que suena en los medios, incluso desde antes de la polémica, es que su verdadero motivo para impulsar la candidatura de Strauss-Kahn es que esa es la única manera como podría controlarlo: "Si DKS llega a ganar, tendría que sentar cabeza y resignarse a las paredes sagradas del Elíseo", publicó Paris Match en febrero.

Hoy el gran interrogante es si a pesar de toda esa devoción, el matrimonio podrá sobrevivir. Porque una cosa es tener un marido coqueto y otra cosa es descubrir que el cónyuge es un enfermo sexual. Como sucede con frecuencia en escándalos de esta naturaleza, han aparecido muchas otras mujeres con versiones de ataques por parte de Strauss-Kahn. Solamente en las 24 horas anteriores al incidente de la camarera, dos funcionarias del hotel le manifestaron a la Policía que este se les había insinuado. Tanto la recepcionista que le recibió la tarjeta de crédito como la asistente que lo llevó a la suite fueron objeto de invitaciones a tomar champaña. Las dos declinaron y, aunque describieron las propuestas como "inapropiadas", reconocieron que no hubo violencia de ninguna clase.

No es ese el mismo caso de la periodista francesa Tristane Banon, quien manifestó que cuando fue a entrevistarlo hace nueve años fue objeto de un asalto en el cual él le rompió el brasier y trató de meterle la mano entre los calzones. Anne tendrá que oír esos testimonios y otros parecidos, ya que todas esas personas van a ser llamadas como testigos.

Pero aún más difícil va a ser para ella soportar las versiones de todos los empleados del hotel de cómo encontraron a la camarera, en estado de shock y llorando desconsolada, inmediatamente después del supuesto intento de violación. Seguramente Strauss-Kahn le habrá dicho a su señora que él simplemente fue objeto de una provocación sexual, pero la verdad es que la hoja de vida de la empleada y el hecho de que ya encontraron muestras de semen en su vestido van a contradecir ese alegato. La muy probable condena a prisión sumada a la vergüenza pública hacen difícil que su relación persista, a pesar de los esfuerzos de Sinclair por salvar su matrimonio y ser una esposa ejemplar.
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