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| 2/22/2014 5:00:00 AM

La revolución egipcia en primer plano

El aclamado documental ‘The Square’ retrata la revolución egipcia desde el corazón de las protestas. Para lograrlo, su directora Jehane Noujaim soportó los abusos de la Policía e incluso estuvo detenida en dos ocasiones. SEMANA habló con ella.

Cuando la directora Jehane Noujaim y su equipo presentaron el documental The Square en el Festival de Cine de Sundance del año pasado, creyeron que habían cumplido su propósito de narrar la revolución egipcia desde el punto de vista de los manifestantes. Pero aunque recibieron el aplauso de la crítica y se llevaron el premio del público, tan pronto las protestas en El Cairo empezaron de nuevo, Noujaim y sus compañeros decidieron que su trabajo aún no estaba terminado. “Todo el mundo pensó que estábamos locos –explicó la directora a SEMANA–. Luego de ganar semejante reconocimiento, ¿quién hace eso? Pero el destino de nuestro país estaba en juego y por eso era tan importante hacerlo bien. Además, no era la simple historia de un dictador derrocado y un presidente electo, sino sobre cómo suceden los movimientos de cambio”.

La primera versión concluía con la elección presidencial del islamista Mohamed Morsi en junio de 2012, después de 30 años bajo el yugo del dictador Hosni Mubarak. Esa era la gran consecuencia de la revolución originada en la famosa plaza Tahrir, donde más de 50.000 egipcios se unieron a principios de 2011 para oponerse a las torturas y la corrupción del régimen. El final feliz, sin embargo, no ocurrió. Con la caída de Mubarak siguieron los abusos del Ejército y con la llegada de Morsi volvió la inestabilidad, pues no pasó mucho tiempo para que el nuevo mandatario se autoproclamara “faraón de Egipto” y dejara en evidencia que quería instaurar un régimen musulmán extremista. A mediados del año pasado, la plaza se llenó de manifestantes que luchaban contra lo que percibían como una nueva opresión y Morsi fue finalmente derrocado por los militares.

Noujaim sabía que el documental no estaba completo sin lo último. Viajó entonces a capturar esas escenas y con la ayuda de plataformas de crowdfunding como Kickstarter, que financia proyectos independientes, reunió el dinero que hacía falta para editar la versión final. El esfuerzo, después de todo, valió la pena: The Square está nominado al Oscar a mejor documental, la primera vez que una película egipcia compite en los premios de la Academia. Lo paradójico es que los creadores no han podido presentar la cinta oficialmente en su país porque todavía no han recibido el visto bueno del gobierno. En Colombia y en muchos otros lugares se puede ver por Netflix, el socio con el que los creadores se aliaron para difundirla. Ese servicio no está disponible en Medio Oriente.

La respuesta del público y la crítica ha sido impresionante a pesar de que el tema, la revolución egipcia, parece agotado: no solo es muy reciente, sino que ha salido en la prensa hasta el cansancio. La ventaja del documental, explican sus realizadores, es que narra precisamente “la historia detrás de los titulares”. Y, además, lo hace con absoluto realismo: hay videos aterradores del caos y de los excesos de la fuerza pública hechos por los mismos manifestantes, quienes terminaron en el hospital o en la cárcel la mayoría de veces. De hecho fue en las calles donde el proyecto tomó forma, pues cuando Noujaim –nacida en Washington, de padre egipcio y madre estadounidense– llegó a las concentraciones con cámara en mano en 2011, no tenía ni idea de si iba a encontrar material para una historia.

A medida que más gente se sumaba y los reclamos crecían, de la masa de inconformes la directora conoció a los protagonistas del documental: Ahmed Assam, un joven activista nacido en uno de los barrios más pobres de El Cairo; Khalid Abdalla, un actor egipcio criado en Escocia que se convirtió en el vocero de las protestas; y Magdy Ashour, un seguidor de los Hermanos Musulmanes torturado bajo el régimen de Mubarak. Todos ellos, de orígenes tan distintos, se hicieron amigos en la plaza. Los camarógrafos también aparecieron de manera espontánea e incluso muchos recibieron un curso rápido para aprender a manejar los equipos.

Claro que hablar de estos es una exageración: las autoridades solían confiscar las cámaras de video, así que los celulares y las cámaras fotográficas –que los policías no decomisaban al principio porque pensaban que no servían para hacer videos– eran sus únicas herramientas para registrar lo que estaba ocurriendo. “En total perdimos cinco cámaras, incluida la mía”, cuenta Noujaim, quien estuvo detenida en dos ocasiones. La primera sucedió tan pronto llegó al país y un retén militar encontró en su equipaje Egypt, We’re Watching You, un documental crítico del régimen, que ella había codirigido en 2007. Cuatro horas después quedó libre. La segunda vez fue mucho peor. En medio de una revuelta un policía la obligó a que le entregara la cámara y luego la subió a un camión. La dejaron en libertad 36 horas más tarde, acusada de lanzar bombas molotov a los camiones antimotines.

El material de ese día se perdió para siempre. “Todos sufrimos heridas, nos asfixiamos con gas lacrimógeno y estuvimos detenidos”. Aunque no era oficial, ella y sus compañeros crearon una especie de protocolo cuando las cosas se ponían feas. “Después de grabar corríamos de inmediato al apartamento de un amigo o a una pequeña oficina que alquilamos a pocos minutos de la plaza para descargar lo que habíamos filmado. Nos cuidábamos de tener varias copias en diferentes discos duros por si acaso nos decomisaban los equipos”, recuerda Noujaim. Como Ahmed bien lo dice en el documental: “Nos queríamos los unos a los otros sin siquiera conocernos bien”. Al final reunieron 1.600 horas de video.

Después de vivir tres años con los protagonistas, Noujaim está convencida de que valió la pena arriesgar tanto, pues según dice, “es raro ver los dramas personales de aquellos que empiezan una lucha a la que luego se unen millones”. Descubrió desde muy joven ese interés por las historias marginadas. Aunque entró a estudiar Medicina en Harvard, pronto se dio cuenta que lo suyo era la fotografía y se cambió a Artes Visuales. Uno de sus primeros proyectos consistía en una serie de imágenes de los habitantes de una zona humilde de El Cairo, donde ella trabajó cuando tenía 15 años. Las fotos resultaron escogidas para hacer parte de una exposición en la capital egipcia, a la que asistirían varias figuras internacionales. Pero la muestra solo duró tres días, pues a los organizadores del evento les pareció que sus retratos eran demasiado crudos y dejaban por el piso “el nombre del país”.

Desde entonces Noujaim se ha destacado por cuestionar el statu quo en su trabajo. En 2004 realizó su aclamada Control Room, en la que reflexiona sobre el cubrimiento mediático de Occidente y el mundo árabe durante la invasión de Estados Unidos a Irak. Esa cinta le valió el famoso premio TED en 2006, que además de dinero, le permitía formular un deseo para cambiar el mundo. Convencida del poder transformador de las cámaras, pidió crear un día, el Pangea Day, para que varios países se conectaran por primera vez en una mega videoconferencia.

En septiembre pasado Noujaim finalmente presentó la segunda versión de The Square en el Festival de Cine de Toronto. Al igual que en Sundance, volvió a ganar el premio del público. Hoy es una de las candidatas más fuertes al Oscar junto a The Act of Killing, un documental dirigido por Joshua Oppenheimer sobre los escuadrones de la muerte en Indonesia. Aunque la competencia es dura, para la directora lo mejor de ganar sería que el reconocimiento mundial permita, de una vez por todas, que la película llegue a las salas de cine de Egipto. “La idea también es trasmitirla en televisión. Lo bueno es que mientras tanto muchos egipcios se las han arreglado para verla por otros canales. Nunca pensé que diría esto, pero por primera vez me alegra que hayan sacado la versión pirata”. (Ver entrevista)
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