Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2013/09/21 03:00

Fórmula 1: cine a toda máquina

Llega a Colombia la película inspirada en la rivalidad de los pilotos de Fórmula 1 Niki Lauda y James Hunt. Su lucha en la pista quedó marcada por el terrible accidente que sufrió el austriaco y por su milagrosa recuperación.

Aunque en la pista fueron arduos rivales, Niki Lauda (Daniel Brühl) y James Hunt (Chris Hemsworth) eran buenos amigos cuando no estaban detrás del volante. Niki estuvo muy involucrado en el rodaje de ‘Rush’, película que se estrenará en Colombia el 4 de octubre.

A menudo el deseo de vencer y la seguridad de ser el mejor lleva a extremos. Este es el caso de los pilotos Niki Lauda y James Hunt, quienes en 1976 protagonizaron una de las temporadas más impresionantes en la historia de la Fórmula 1. El primero era el campeón vigente y personificaba la técnica y el cálculo frío. Su precisión, casi matemática, hizo que se ganara el apodo de Computador.

Hunt, en cambio, encarnaba el glamour de la época. Su forma intuitiva y romántica de manejar y su desaforada vida nocturna lo convirtieron en el favorito de los medios. Era el enfant terrible del automovilismo.

Casi 40 años después, su historia por fin llega al cine de la mano del director Ron Howard (Una mente brillante). Rush, que se estrenará en Colombia a comienzos de octubre, debutó hace pocos días en el Festival Internacional de Cine de Toronto y desde entonces ha sido aclamada por la crítica. Incluso ya hay quienes dicen que es una fuerte candidata a los premios Oscar del próximo año, pues retrata vívidamente la rivalidad entre los dos pilotos y el accidente que marcó sus vidas para siempre. 

Cuando empezó la temporada de 1976, todos los pronósticos apuntaban a que Lauda, que manejaba para Ferrari, saldría campeón. Nadie, ni siquiera el austriaco, conocía a Hunt, quien hasta entonces solo había ganado una carrera en tres años en la Fórmula 1. El británico había firmado ese año con McLaren y, pese a que tenía todo a su favor, al principio una serie de fallas mecánicas lo alejaron de la cima. 

Lauda arrancó la temporada de forma casi perfecta. De los seis primeros grand prix, ganó cuatro y quedó segundo en los demás. A mitad de la temporada lideraba la tabla cómodamente y doblaba en puntos a Hunt. Quedaban ocho competencias y la coronación de Lauda parecía una formalidad. Pero todo cambió en la décima carrera, celebrada en el mítico circuito de Nürburgring en Alemania. 

Lauda, quien siempre abogaba por la seguridad de los pilotos, intentó boicotear la carrera porque consideraba la pista demasiado peligrosa por su longitud: con más de 22 kilómetros y alrededor de 100 curvas, era muy difícil que los equipos de rescate llegaran a tiempo en caso de que sucediera un accidente. Casi todos los años algún corredor perdía la vida ahí, pero nadie le hizo caso.

Ese día el austriaco perdió el control en la segunda vuelta y se estrelló contra un muro. Su vehículo explotó en llamas y, en medio de los esfuerzos frenéticos de sus compañeros por rescatarlo, Lauda permaneció casi un minuto envuelto en la llamarada de 400 grados centígrados. 

Con quemaduras de segundo y tercer grado en la cabeza, y los efectos de los gases tóxicos que había inhalado, los médicos pensaban que no sobreviviría. “Cuando llegué al hospital me sentía muy cansado y solo quería dormir, pero sabía que eso significaba algo más en ese momento. Y entonces luché. Escuchaba voces e intentaba comprenderlas para que el cerebro siguiera despierto. Si no lo hubiera hecho, hoy estaría muerto”, contó Lauda, entonces de 27 años, en una entrevista poco después del choque.

Mientras se recuperaba, el austriaco seguía las carreras por televisión. De ese modo se enteró de que Hunt, de 29, había empezado a triunfar en su ausencia. Luego de dos carreras, el británico se encontraba a solo dos puntos de arrebatarle el liderato. Entonces Lauda hizo lo impensable: volvió al circuito dos meses después, cuando sus quemaduras ni habían siquiera cicatrizado por completo. Por nada del mundo iba a permitir que alguien le arrebatara una corona que tenía prácticamente ganada. 

Lo que siguió fue histórico. Lauda y Hunt compitieron sin dar respiro durante el resto de la temporada y las tensiones subieron al punto que se empezaron a insultar públicamente. Cuando llegó el día de la última carrera, los separaban solo tres puntos. Pero Lauda, que todavía cargaba con los fantasmas del accidente, solo alcanzó a dar dos vueltas, pues decidió retirarse por culpa de la fuerte lluvia. Hunt siguió y quedó tercero, lo que le bastó para convertirse en el nuevo campeón mundial de la Fórmula 1.  

Al final esa rivalidad y la sobrehumana voluntad de Lauda convirtieron la temporada de 1976 en una de las más memorables del máximo circuito mundial. Simon Taylor, quien presenció el enfrentamiento desde la sala de prensa, dice en un documental que “la emoción que generó casi obligó a todos los países a seguirlo ese año. De la nada, gracias a Lauda y a Hunt, la Fórmula 1 le dio la vuelta al mundo”. 

Hunt compitió en el circuito durante dos años más. Después de retirarse, se convirtió en uno de los comentaristas estrella de la BBC y murió a los 45 años en 1993, de un infarto. Niki recuperó su título en 1977 y lo volvió a ganar en 1984. Un año más tarde, dejó las pistas. Desde entonces incursionó en el mundo de la aviación y fundó dos aerolíneas, Lauda Air, que hace parte de Austrian Airlines, y Niki, una compañía de vuelo de bajo costo. 

A pesar de que siempre será recordado por su rivalidad con Hunt, hace poco Lauda confesó que le hubiera encantado poder ver la película con su eterno rival. Al fin y al cabo, a él le debe buena parte de su gloria. 

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