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| 8/20/2001 12:00:00 AM

Todo el ‘rock’

El 11 de agosto Bogotá vibrará con el Concierto de Conciertos 1.000 semanas de éxitos.

Hace casi 13 años el Concierto de Conciertos que se celebró en el estadio El Campín de Bogotá marcó un antes y un después en la historia del rock nacional. El próximo 11 de agosto la capital podrá revivir aquella maravillosa noche de 1988, pero esta vez el programa no se limitará al rock de América Latina porque estarán presentes varios cantantes de legendarias bandas de Gran Bretaña y Estados Unidos, quienes interpretarán éxitos de las dos décadas pasadas. Este elenco lo componen Alex Ligertwood, cantante de la agrupación de Carlos Santana durante casi 20 años; Jimi Jameson, ex vocalista de la banda norteamericana Survivor; Bobby Kimball, cuya voz le dio la vuelta al mundo con Africa y Rosana, dos de los temas más famosos de Toto; Glenn Hughes y Joe Lynn Turner, quienes fueron vocalistas líder en diferentes etapas de Deep Purple; Pat Traver, líder de la banda que llevaba su nombre, y Larry Hoppen, ex vocalista de Orleans. El elenco anglosajón lo completa la agrupación pop No Mercy.

Los nostálgicos del Concierto de Conciertos de 1988 volverán a verles las caras a cuatro protagonistas de aquel evento. Se trata de Elsa, la cantante de Pasaporte; Pyyo y Juancho, las dos cabezas visibles de Compañía Ilimitada; Pablo Carbonell, el cantante de los Toreros Muertos, y Miguel Mateos, el encargado de cerrar hace 13 años el concierto, cuando se hizo de día en el amanecer de aquel domingo de 1988 y en el estadio aún resistían unos 10.000 espectadores.

También estarán varios viejos conocidos del rock y el pop de aquel boom de 1988 y 1989. Son ellos David Summers, cantante de Hombres G, y el donostiarra Mikel Erentxun, vocalista de la banda Duncan Dhu. En representación de los tiempos más recientes estará Mario Duarte, cantante de la banda La Derecha, que a mediados de los 90 dio bastante de qué hablar con canciones como Ay qué dolor y Laguna azul y que ahora reparte su tiempo entre la actuación y su nueva etapa como cantante solista, reflejada en su reciente álbum Golpe de ala.

Unas pantallas gigantes de video permitirán, además, que el público recuerde canciones y conozca los testimonios de protagonistas de grandes conciertos en Colombia, como Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Caifanes y Maná, entre otros.

Mas que un concierto

En septiembre de 1988 el Concierto de Conciertos cambió la historia del rock en Colombia. Era una época en la que la ciudad a duras penas recordaba la presentación en el Coliseo El Campín de Carlos Santana en 1973, cuando inauguraba su etapa esotérica y dejaba con los crespos hechos a quienes habían pagado su boleta para rumbiarse Oye como va, Guajira, Black magic woman y No one to depend on.

En los siguientes 15 años los roqueros de la ciudad tuvieron que conformarse con conciertos aislados en pequeños teatros y tratar de apaciguar la sed de rock en las salas de cine que proyectaban películas como Woodstock, Gimme shelter, Perros rabiosos e ingleses y El concierto para Bangladesh en funciones de medianoche o matinales los fines de semana.

Sólo a mediados de los 80 hubo un tímido renacer con la presentación de Soda Stereo, primero en Corferias, en 1986, y un año después en un gran concierto en la Plaza de Toros de Santamaría. Con el Concierto de Conciertos el vuelco fue total. El evento congregó a algunos de los artistas que comenzaban a sonar con insistencia en las emisoras de radio (en especial los Prisioneros, de Chile; los Toreros Muertos, de España; Pasaporte y Compañía Ilimitada, de Colombia), junto con las agrupaciones Timbiriche, de México; Océano, de Panamá; el legendario cantante portorriqueño José Feliciano, los venezolanos Franco de Vita y Yordano y Miguel Mateos, un roquero argentino que grababa sus discos en Los Angeles y que estaba a punto de convertirse en una gran estrella en América Latina.

Fue una tarde-noche inolvidable que comenzó el sábado en la tarde y terminó en el amanecer del domingo, mucho después de lo previsto. Sesenta mil personas llenaron las tribunas y la gramilla del estadio El Campín y durante 14 horas siguieron paso a paso el desarrollo de un evento que, además de darles mucha música, les exigió armarse de paciencia mientras los técnicos cuadraban el sonido de cada banda.

A partir de ese momento el llamado movimiento del rock en español se transformó en una fiebre nacional hasta tal punto que varios de estos artistas se apoderaron de los listados de éxitos de las emisoras de baladas y música tropical, algo nunca antes visto en el país. En 1988 los éxitos bailables del año no corrieron por cuenta de orquestas de chucu chucu, salsa o vallenato sino de los Toreros Muertos y los Prisioneros. Y aunque el movimiento se frenó abruptamente a mediados de 1989 —en parte por el narcoterrorismo, en parte porque las emisoras de música tropical y balada dejaron de pasar rock en español— en los más jóvenes quedó latente el recuerdo de aquellos meses que, directa o indirectamente, se refleja no sólo en grupos reconocidos, como los Aterciopelados, sino también en la gran cantidad de bandas colombianas no tan famosas pero que, a pesar de las dificultades, cada año hacen posible eventos de la magnitud de Rock al Parque.
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