Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/07/03 00:00

Todopoderoso

El controvertido Joseph Blatter, presidente de la Fifa y principal ideólogo del primer Mundial africano, se aferra a su cargo a pesar de los escándalos de corrupción que lo salpican desde hace años y de los críticos que lo tildan de dictador.

Blatter lleva 12 años al frente de la Fifa y espera ser reelegido el próximo año.

La elección del presidente de la Fifa se parece al cónclave en el que los cardenales del Vaticano escogen a un nuevo Papa. Hay pactos secretos entre los electores, reuniones que nunca salen a la luz, demostraciones de poder y una votación anónima que consagra a un nuevo hombre como amo y señor de la organización. El suizo Joseph Blatter fue elegido 'pontífice' del fútbol mundial el 8 de junio de 1998 en medio de un panorama que todavía parece oscuro. Su oponente Lennart Johansson, entonces máximo dirigente del fútbol europeo, lo acusó de ofrecer dinero a los representantes de las federaciones africanas para que votaran por él. Un hecho que el somalí Farah Adoo confirmó, pero que el presidente electo negó de manera enfática.

Desde entonces la carrera de 'Sepp' Blatter al frente de la Fifa ha estado marcada por el escándalo y la polémica. Las críticas le han llovido por cuenta de decenas de reporteros y ex compañeros de trabajo que lo han acusado de recibir comisiones ilegales por millonarios contratos de mercadeo y derechos de televisión, además de los señalamientos por compra de votos. Pero no todos están en su contra. Hay quienes lo defienden con el argumento de que gracias a él hoy el fútbol llega a los rincones más recónditos del mundo como arma contra el subdesarrollo, la desigualdad y la discriminación, y lo llenan de elogios por promover campañas como la que organizó de la mano de la Unicef contra la desnutrición o la que implantó junto a la Organización Internacional del Trabajo contra la explotación infantil. Sus protectores también lo ponderan por "democratizar" la Copa del Mundo al sacarla de Europa y América. Su último gran logro fue organizar el torneo de fútbol más importante del mundo en África, algo que para muchos resultaba impensable. Por eso Sudáfrica 2010 ha sido llamado 'el Mundial de Sepp'.

Andrew Jennings, periodista investigativo y autor del libro ¡Foul! El mundo secreto de la Fifa, ha seguido a Blatter por más de una década y no le tiembla la voz para compararlo con un capo de la Cosa Nostra. "Tras muchos años detrás de Blatter y de la Fifa, concluí que el organismo funciona como el crimen organizado: tiene un líder muy fuerte, participa en actividades ilegales y está protegido por otros poderosos que se benefician de su existencia, como políticos, grandes compañías y federaciones de fútbol regionales y nacionales -dijo el reportero a SEMANA-. El líder de la banda proviene de la clase media suiza, mejor dicho, salió de la nada, y ama la posición que tiene actualmente. Por eso está obsesionado con sobrevivir a todos los líos a los que se enfrenta. Hasta ahora las terribles acusaciones no le han hecho un daño significativo, lo que lo hace ver como un hombre intocable".

Sunder Katwala, autor de Democratizando el deporte global, escribió para el dominical británico The Observer que Blatter usa el poder político de lo que él llama "la familia global del fútbol" para "tener muchos gobiernos comiendo de las manos de la Fifa". Según Katwala, presidentes y primeros ministros le hacen venias, "siempre con un ojo puesto en la organización del próximo torneo".

En 2002, días antes del pitazo inicial del Mundial jugado en Corea y Japón, Michel Zen-Ruffinen, secretario general de la Fifa y mano derecha de Blatter en ese momento, publicó un informe de 30 páginas en el que lo acusaba de manipulación financiera y manejo inapropiado de dineros. Blatter había declarado antes que quería a Zen-Ruffinen "como a un hijo", pero dichas demostraciones públicas de afecto no frenaron al secretario, quien dijo haber preferido desenmascarar a su jefe antes de que lo relacionaran a él con sus supuestos delitos. Ni siquiera la demanda que le interpusieron 11 miembros de la federación tras conocer el documento puso a temblar a 'Sepp': los denunciantes retiraron la queja de un día para otro; el secretario dejó el puesto después del Mundial -según la Fifa por un "acuerdo común"- y el presidente aseguró que ordenaría investigar la organización para aclarar el caso, del que todavía hoy se sabe poco.

Jennings encaró a Blatter dos años después, en una rueda de prensa durante la Copa Africana de Naciones de Túnez. Le preguntó por un cheque de un millón de francos suizos (unos 950.000 dólares de hoy), transferidos a la Fifa por la desaparecida firma de mercadeo deportivo ISL, que no habrían ido a parar a las arcas de la federación sino al bolsillo de uno de sus altos ejecutivos. Blatter evadió la pregunta y dijo que solo hablaría de fútbol africano. Fue la última vez que el periodista entró a un evento de la Fifa, pero no la última que habló del caso. Luego reveló que tras la quiebra de ISL en 2001, el agente liquidador encontró pruebas de sobornos sistemáticos a miembros de la Fifa a cambio de obtener jugosos contratos. Cuando la información salió a la luz, asegura, parte del dinero recibido por los funcionarios fue devuelta, pero se rumora que la plata salió de una cuenta de la Fifa y no de su propio bolsillo.

La imagen de Blatter, de 74 años, también se vio manchada por el caso del árbitro nigerino Lucien Bouchardeau, acusado de recibir 25.000 dólares de 'Sepp'. Según el periódico británico The Guardian, el presidente admite que sí le entregó ese monto, pero no para que influyera en el resultado de un partido, como se especuló en algún momento, sino para ayudarlo pues no tenía con qué vivir después de ser expulsado del arbitraje profesional. Bouchardeau perdió su puesto por un penalti injusto que pitó a favor de Italia y en contra de Chile en Francia 98. Cuatro años más tarde, los groseros errores arbitrales que llevaron a Corea a la semifinal del Mundial que organizó hicieron que algunos medios internacionales se preguntaran: "¿Cuánto habrá pagado la Fifa por esto?". Los árbitros también han causado polémica en Sudáfrica, donde periodistas y aficionados le exigen a Blatter que acepte la tecnología para revisar ciertas jugadas polémicas. Aunque el presidente todavía se niega, esta vez pidió perdón a las selecciones de Inglaterra y México, perjudicadas por la mala actuación de los jueces (ver artículo en la sección Deportes).

Ninguna de las acusaciones contra Blatter ha sido probada y sus 12 años en la presidencia han sido calificados por muchos como exitosos por sus programas sociales y porque la organización ha multiplicado sus finanzas. La Fifa reveló que en 2009 recaudó poco menos de 200 millones de dólares, con lo que superó los 1.000 millones de capital. La mayoría de los ingresos provienen de la venta de los derechos de televisión y del mercadeo. Y se espera que esas cifras crezcan tras el Mundial de Sudáfrica. La revista Time asegura que desde los tiempos del brasileño João Havelange, predecesor de Blatter que duró 24 años en el poder, la federación sufrió una revolución que la hizo pasar de ser "una industria casera" a convertirse en "un negocio multimillonario".

'Sepp', quien es políglota y se graduó de Administración y Economía en la Universidad de Lausana, fue futbolista de la primera división aficionada suiza, secretario de la Federación de Hockey sobre Hielo de su país y relacionista público en temas de turismo. Como director de mercadeo de la firma de relojes Longines, participó en la organización de los Juegos Olímpicos de 1972 y 1976. Llegó hace 35 años a la Fifa, donde ha sido director técnico, secretario general y presidente. De su vida privada se sabe poco: que tiene una hija llamada Corinne, que se ha casado y se ha separado tres veces, y que su novia actual es 30 años menor que él.

En 2011 habrá unas nuevas votaciones para elegir al presidente de la Fifa. Y aunque hay quienes dan a Blatter por seguro ganador, ya el qatarí Mohammed bin Hammam, presidente de la Confederación Asiática de Fútbol, llamó a la unidad para tener un presidente de esa región y acabar así con la era del suizo.

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