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| 6/15/2003 12:00:00 AM

Tonta u oportunista

La versión que Hillary Clinton da en su libro sobre el 'affaire' de su esposo con Monica Lewinsky parece más estrategia política que realidad.

Desde que se anunció que Hillary Rodham Clinton iba a escribir sus memorias estaba claro que se trataba de una potencial mina de oro. Por ello la editorial Simon & Schuster le ofreció a la ex primera dama norteamericana un adelanto de ocho millones de dólares por los derechos de la publicación. Y todo ha salido de acuerdo con las predicciones: la cadena de librerías Barnes & Noble manifestó que esperaba que la autobiografía Living History se convirtiera en el mayor suceso de no ficción de este año, más cuando sólo el día del lanzamiento (el lunes de la semana pasada) impuso un récord con 200.000 copias vendidas. Ni siquiera una revelación anticipada publicada por la agencia Associated Press, que contaba el episodio Clinton-Lewinsky sin autorización, frenó la expectativa.

No es que el libro sea una obra maestra. Los críticos aseguran que la autora dedica más líneas a discutir en detalle sus constantes cambios de imagen y a culpar de todas las dificultades de la familia presidencial a "una vasta conspiración de derecha" que a hablar a fondo de temas controversiales de la gestión de su esposo. Narra con tono de novela rosa las limitaciones económicas de sus primeros años (cuando McDonald's "estaba reservado para ocasiones especiales") y la época en que conoció a Bill en la facultad de derecho de la Universidad de Yale. ("El era alto y guapo detrás de su barba rojiza y su rizada melena. Además tenía una vitalidad que brotaba por cada uno de sus poros"). Mientras lo muestra como una persona indecisa ella aparece como una mujer combativa y organizada.

Sin embargo el éxito del libro radica en que Hillary habla del único tema que verdaderamente interesaba: Monica Lewinsky. La senadora Clinton rompió su tan mencionada "zona de privacidad" pues no tocar el tema del 'Sexgate' era tan ridículo como pretender que no pasó. Además garantizaba las ventas. Hillary cuenta que la mañana del 21 de enero de 1998 Bill, sentado en el borde de la cama, le dijo que la historia de la becaria iba a salir a la luz pública pero que no era cierta. Afirma que ella le creyó que se trataba de una de tantas conspiraciones. Pero siete meses después, el 15 de agosto, la despertó con la siguiente frase: "Tengo algo que decirte, la situación es más seria de lo que te había dicho. La verdad es que hubo una intimidad inapropiada entre nosotros". La autora continúa: "Casi no podía respirar. Mientras tragaba aire empecé a llorar y a gritarle '¿qué me quieres decir con eso?, ¿por qué me mentiste?'. Cada segundo que pasaba me ponía más y más furiosa (?). Quise retorcerle el cuello". Según Hillary el dramático episodio ocurrió sólo dos días antes de que el entonces presidente tuviera que testificar ante el gran jurado.

Pero a pesar de la emotiva escena de la confesión de Clinton, cuando este capítulo se dio a conocer hubo mil voces que manifestaron su escepticismo. ¿Cómo una mujer a la que han engañado en repetidas ocasiones y cuyo esposo es conocido como un adúltero incorregible puede pretender sorprenderse con una noticia así y más aún cuando parece haber incongruencia en las fechas? "Para aceptar este último episodio de las fábulas de Hillary uno tendría que aceptar que ella le creía incluso después de que se encontró esperma en el vestido azul de Monica y de que el FBI tomó una muestra del ADN de Clinton dos semanas antes de su testimonio ante el jurado", escribió Dick Morris, ex asesor de Clinton, en el National Review. "Clinton había sido un adúltero en serie durante todo su matrimonio, algo que cualquiera con medio cerebro sabía".

Si no creía en estas pruebas por lo menos debería haber leído The New York Times que el 14 de agosto tituló en primera plana: "El presidente considera admitir que tuvo contacto sexual". En el remoto caso de que Hillary no supiera nada, esto hubiera bastado para arruinarle la sorpresa. Además la escena de la cama pierde credibilidad frente a afirmaciones como la que hace el periodista Peter Baker en su libro La brecha, en el que asegura que Hillary no se enteró de la infidelidad por boca de su esposo sino de David Kendall, el abogado de éste.

Mientras la versión de Hillary no parece ajustarse a la realidad la pregunta obligada es: ¿por qué mintió? Sin tener la posibilidad de evadir el tema de la infidelidad en sus memorias, algunos críticos consideran que la senadora tuvo que escoger entre dejarse ver como una esposa engañada e ingenua que se deja meter los dedos en la boca pero que decidió perdonar por amor, o aceptar tranquilamente que lo sabía todo y seguir con él, lo cual la mostraba como una mujer calculadora e interesada cuya mayor ambición era escalar en el mundo de la política gracias al apellido Clinton. Ella eligió la primera opción.

Tanto en el libro como en recientes entrevistas la ex primera dama reafirma el amor hacia su esposo: "La idea del divorcio ciertamente pasó por mi cabeza pero la terapia de pareja me llevó a creer que esto era un matrimonio y un amor que yo quería preservar", dijo en entrevista con Bárbara Walters. La razón para muchos son sus aspiraciones presidenciales que tanto se ha empeñado en negar. Al parecer para ella la dignidad de la separación no iba en la misma dirección que su carrera política. "¿Es mejor para sus propósitos (lanzarse a la presidencia en 2008) pretender ser una esposa sorprendida y engañada que al fin ha perdonado a Bill y espera 'envejecer a su lado'? ¿O deshacerse del holgazán y lanzarse como una persona independiente por derecho propio? Hillary le está apostando a la primera estrategia, pero yo me temo que está cometiendo un grave error", explica David Frum, quien escribía discursos para Bush.

La respuesta parece tenerla Sidney Blumenthal, amigo cercano del matrimonio, en su libro Las guerras de Clinton. Cuenta que incluso después de la declaración de Bill ante el jurado "ellos seguían trabajando como un equipo". Esa parece ser la única realidad de su matrimonio: una relación de conveniencia y mutuo beneficio en la que el amor no es lo primordial. "Nunca los he visto juntos", contó a The New York Times el propietario de una tienda de vinos de Chappaqua, cerca de Nueva York, donde viven los Clinton. Este testimonio y muchos similares (como que Clinton siempre sale solo con su perro) no concuerdan con la versión de Hillary de una pareja unida que ha superado los obstáculos. Pero sin duda la senadora considera que la imagen de un matrimonio independiente no corresponde a la familia convencional que los norteamericanos quieren ver en la Casa Blanca.

Si la autobiografía es una de sus estrategias preelectorales su efectividad no es muy clara: "Aunque el libro se está vendiendo muy bien no creo que mejore su futuro político. Ella aún conserva viejos enemigos políticos de su época como primera dama", dijo a SEMANA John Sampler, profesor de ciencia política de la Universidad Johns Hopkins. Pero según ella de esto aún no habría qué hablar. La senadora niega tener aspiraciones presidenciales. Aun así su intención de volver a la Casa Blanca es el secreto peor guardado de Estados Unidos.
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